Pintura de carreteras que brilla en la oscuridad: sobre el papel funciona, pero Malasia ha demostrado que la realidad a veces es dura

Malasia puso en marcha un programa piloto para pintar las líneas de la carretera con pintura fluorescente. Fue un gran proyecto, pero el problema fue el precio.  

No todos los avances y tecnologías son buenas para la industria automotriz. Hoy te traemos un ejemplo de ello. Es el caso de Malasia, y su uso de una pintura que brilla en la oscuridad, la cual se utiliza para pintar carreteras. Se trata de un proyecto piloto que se utilizó para marcar las líneas de separación de un tramo de 245 metros en Hulu Langat (Malasia). 

Según The Straits Time, este proyecto pretendía que no se necesitase del alumbrado público para poder visualizar las líneas de la carretera, sino que con ayuda de la pintura fotoluminiscente, se pudiese ver la calzada, bien fuese de día como de noche. Así como también ante condiciones meteorológicas adversas. 

Lo cierto es que este sistema resultó ser un éxito, sobre todo en aquellas zonas donde no hay un acceso a iluminación pública, debido a tratarse de zonas rurales o remotas. Así, esta pintura ofrecía un brillo constante durante la noche, lo cual solventó un gran obstáculo (la escasez de luz), al mismo tiempo que garantizaba seguridad entre los usuarios de las vías. 

La pintura fotoluminiscente es 20 veces más cara

Sin embargo, según el Ministerio de Obras Públicas de Malasia, pese a que este proyecto fuese exitoso en la carretera mencionada, la pintura que brilla en la oscuridad no se sumará a ningún otro proyecto. ¿Por qué? Porque, pese a que se trate de un invento avanzado, dicha tecnología es 20 veces más cara que la pintura blanca convencional que vemos cada día. 

Según los cálculos, el coste por metro cuadrado de la pintura fotoluminiscente se sitúa en 749 ringgits malayos, lo que equivale a aproximadamente 161,56 euros. Aplicarla a toda la carretera habría supuesto un desembolso total de 1.310.750 ringgits malayos, es decir, cerca de 283.000 euros. 

Fuente: Alexander Nanta Linggi, Ministro de Obras de Malasia
Fuente: Alexander Nanta Linggi, Ministro de Obras de Malasia

En contraste, el uso de pintura convencional habría reducido significativamente la inversión, con un coste de 70.000 ringgits malayos, algo más de 15.000 euros al cambio, según las cifras facilitadas por el gobierno de Malasia. Este caso es un claro ejemplo de cómo la tecnología a menudo se enfrenta a un círculo vicioso

Si se apostara más por estas innovaciones, su desarrollo abarataría los costes y facilitaría su implementación. Sin embargo, la falta de inversión provoca que estas soluciones no evolucionen lo suficiente, lo que las mantiene en un limbo en el que resultan poco rentables y, por tanto, no generan el interés necesario para su adopción.

Toda la población estuvo entusiasmada con este nuevo proyecto, y muchos fueron los que dejaron ver sus opinión en redes sociales, como es el caso de Jimmy Chang, quien se pronunció a través de Instagram: “Deberíamos tenerlos (los carriles iluminados) en todas las carreteras y caminos de los kampongs también”. 

Otros usuarios hablan sobre la seguridad y sobre cómo esta pintura podría salvar vidas, y es por eso mismo por lo que han aclamado a las autoridades: “Pídale a sus oficiales que conduzcan durante la lluvia o de noche; se dará cuenta de que la poca visibilidad y las líneas de la carretera, la mala señalización, los caminos irregulares y los baches son causas obvias de accidentes”, dijo Ravi Apparaw en Facebook. 

Sin embargo, Ahmad Maslan, viceministro de trabajo de Malasia, comentó que este proyecto no era viable: “El coste es demasiado alto así que, probablemente, no continuaremos con los carriles que brillan en la oscuridad”, afirmó. 

Fuente: Alexander Nanta Linggi, Ministro de Obras de Malasia
Fuente: Alexander Nanta Linggi, Ministro de Obras de Malasia

¿Se podría implantar en España? 

En España, aunque el precio de la pintura para carreteras es notablemente inferior, con un coste estimado de 0,34 euros por metro lineal de pintura convencional, la evolución del alumbrado público, la competencia en el sector y las diversas opciones disponibles hacen que la necesidad de recurrir a soluciones como la pintura fotoluminiscente sea aún menos viable desde el punto de vista económico.

Por ejemplo, iluminar un tramo de 250 metros con unas siete farolas costaría alrededor de 3.700 euros, incluyendo la instalación, y su consumo eléctrico anual rondaría los 53 euros. Esto refuerza la preferencia por soluciones tradicionales en lugar de tecnologías que, aunque innovadoras, no resultan económicamente sostenibles en la actualidad.

Un estudio de Kaspersky reveló que el 98% de las innovaciones tecnológicas fracasan por falta de respaldo para su desarrollo y perfeccionamiento. Además, cerca del 48% de estos proyectos no logran superar la fase de prototipo. Este fenómeno no se limita a la infraestructura vial, sino que también se refleja en otras áreas como la inteligencia artificial. 

De hecho, en el sector tecnológico se estima que casi el 30% de los avances y proyectos actuales serán abandonados antes de llegar a ser comercialmente viables. Aunque solemos pensar que la innovación es el motor del mercado, la realidad es que muy pocas ideas logran materializarse y consolidarse en la industria.

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