Motor de hidrógeno frente a motor gasolina: estas son las tres grandes diferencias

¿Es el futuro de la combustión?
Cuando se habla del hidrógeno como alternativa a los coches eléctricos lo habitual es que se haga referencia a los coches de pila de hidrógeno. Sin embargo, no es la única opción que hay para este combustible y es que la otra, que será mucho mejor recibida por los más puristas, es utilizarlo en motores de hidrógeno que lo “queman”, como si fuera gasolina.
Se trata, pues, de un formato bastante similar al de los coches de combustión tradicionales, pero que a efectos prácticos es mucho más limpio que utilizar gasolina o diésel como combustible.
Sin embargo, a pesar de sus semejanzas, no son iguales del todo: estas son las tres grandes diferencias entre un motor de hidrógeno y un motor de gasolina.
Las conocemos, principalmente, por el trabajo que está realizando Toyota, que desde hace unos años ya está corriendo con un Toyota GR Corolla movido por esta mecánica, aunque también hay otras marcas que han trabajado en esta dirección.
Emisiones
Un motor de combustión de hidrógeno no es la manera más limpia de utilizar esta materia prima. Para conseguir cero emisiones, el proceso que tiene que seguir es el de la electrolisis, que convierte el agua en hidrógeno y oxígeno, por lo que es un proceso neutro en carbono y da lugar al llamado hidrógeno verde.
Quemarlo en un motor no es que produzca emisiones por culpa del hidrógeno en sí, pero dado que hacen falta aceites y lubricantes para que el propulsor funcione como debe, se producen emisiones residuales derivadas de ellos, tanto de CO2 como de NOX.
Sin embargo, pese a ellas, son mucho menores que las que se producen en un motor de gasolina, por muy eficiente que sea éste e incluso aunque cuente con el apoyo eléctrico propio de los sistemas microhíbridos o híbridos convencionales.
A grandes rasgos, un motor de hidrógeno es más limpio que uno de gasolina tradicional, por lo que es una alternativa para intentar que los coches de combustión sobrevivan en el futuro (en 2035 estarán vetados en Europa).
Eficiencia
No todos los combustibles tienen la misma eficiencia térmica y, de hecho, en este aspecto es mucho mejor la eficiencia energética que presenta, por ejemplo, una batería de un coche eléctrico o la pila de un coche de hidrógeno.
Si hablamos de motores de combustión, se trata del porcentaje de energía útil que se puede extraer de cada unidad de combustible. A grandes rasgos, todos los tipos de motores de combustión presentan unos datos muy bajos en este aspecto, desperdiciándose la gran mayoría de la energía que de produje en el proceso.

Aunque hay casos aislados en los que se ha superado el 50% de eficiencia (es decir, que “solo” se desperdicia la mitad de la energía), el estándar está en que un motor diésel está entre un 30 y un 40%, mientras que un bloque de gasolina se mueve entre el 20 y el 30%.
Aunque parecen cifras bajas, un motor de combustión de hidrógeno se encuentra incluso por debajo de la gasolina. Hay habido algún investigador que ha conseguido alcanzar el 40%, pero en términos generales su eficiencia térmica es un debe todavía.
Almacenaje
La eficiencia energética del hidrógeno ya es un problema en sí misma, pero es que además deriva en otro: dado que es necesario mucho volumen del combustible para alimentar el motor, es necesario contar con depósitos grandes, pero es que, además, esto son bastante más especiales que los de un coche de gasolina o diésel.
Mientras que podemos considerar estos como estándar, con unas medidas de seguridad convencionales, el hidrógeno en su estado natural es gaseoso, por lo que para tenerlo en estado líquido y que pueda cumplir con su función, es necesario que esté en unas condiciones muy concretas.
La primera es la temperatura: tiene que estar a 253 grados centígrados para mantenerse en ese estado, por lo que hay que incluir sistemas que permitan reducir esta temperatura. La solución más extendida para conseguirlo es almacenarlo a alta presión. Sin embargo, esto hace que también sea menos seguro de almacenar que las gasolina.
Por último, hacen falta depósitos más grandes de hidrógeno para conseguir autonomías similares a las de los combustibles fósiles, por lo que ocupan mucho espacio en el vehículo y se perjudican áreas como el maletero.
