Hemos probado el Range Rover Electric: el lujoso Range Rover se convierte en un sigiloso SUV eléctrico.

SUV eléctricos hay muchos, pero auténticos todoterrenos con batería en lugar de depósito de gasolina siguen siendo una rareza. Por eso Land Rover ha decidido electrificar su buque insignia. Probamos el primer prototipo.
Mientras la mayoría ya se prepara para recibir la primavera, Thomas Müller y Matt Becker desempolvan abrigos gruesos y botas de invierno para caminar sobre los lagos helados del Círculo Polar Ártico, en Arjeplog, Suecia.
Müller es jefe de desarrollo de Jaguar Land Rover, y Becker es el responsable de la dinámica de conducción de toda la gama. Ambos se han desplazado hasta aquí para poner a prueba, al final del invierno, el que quizás sea el prototipo más importante de la marca: el Range Rover eléctrico.
¿Y qué pasa con el V8?
En un escenario normalmente dominado por el rugido de los motores V8, esta vez reina el silencio. Ni un solo ruido rompe la calma mientras la nieve cae suavemente entre los árboles. Y es que este nuevo Range Rover rueda completamente en silencio. Cuatro años después del último cambio generacional, el icónico SUV británico da por fin el salto a la electrificación.
Han tardado, sí. Pero aunque hay decenas de SUV eléctricos en el mercado y la llegada de este modelo no está prevista hasta finales de 2025, Land Rover se adelanta —junto al Mercedes Clase G eléctrico— en un nicho donde apenas hay competencia: el de los SUV de lujo eléctricos verdaderamente aptos para el todoterreno. "Primero es un Range Rover, y luego un eléctrico", afirma tajante Müller. Y eso lo resume todo.
Comportamiento
En carretera, el comportamiento es sobresaliente. La entrega de potencia casi instantánea, el empuje constante y, sobre todo, el silencio total, encajan como un guante en el segmento de lujo.
La batería, alojada en el suelo del vehículo, no solo rebaja el centro de gravedad, sino que también mejora la rigidez estructural, lo que aporta aún más aplomo y confort a bordo. Como si de un Rolls-Royce Spectre se tratara, este Range Rover flota sobre el asfalto, con una suavidad y silencio que rozan lo etéreo.
¿Y fuera del asfalto?
Pero el terreno offroad plantea otros retos. Por un lado, el sistema eléctrico ofrece ventajas claras: una entrega de potencia precisa, control total y una capacidad de respuesta que ningún motor de combustión puede igualar. Por otro, esa potencia inmediata puede resultar demasiado brusca para el tipo de conducción pausado y elegante que caracteriza a un Range Rover en barro o nieve.
Aquí es donde entran en juego los sistemas electrónicos. Los ingenieros han afinado los algoritmos de tracción para que anticipen y reaccionen antes incluso de que el conductor note algo. ¿El resultado? Tracción impecable sobre hielo pulido, maniobras con un solo pedal en pendientes resbaladizas, y una compostura total incluso en rampas donde una rueda está sobre asfalto y la otra sobre hielo.
Preparado para el desierto y la montaña
La batería, sin embargo, no lo pone fácil. A diferencia de los motores térmicos, los sistemas eléctricos no se llevan tan bien con los extremos climáticos. Y un Range Rover, a menudo, se enfrenta tanto a desiertos abrasadores como a estaciones invernales en las Montañas Rocosas, los Alpes o el norte de Suecia.
Para ello, los británicos han desarrollado una gestión térmica con más de 700 configuraciones que optimiza automáticamente confort, carga y autonomía. Su bomba de calor, por ejemplo, puede funcionar incluso a -10 grados.

Un motor de alto voltaje
Donde Land Rover no ha escatimado es en la mecánica. Aunque el Range Rover no utiliza una plataforma eléctrica dedicada (se basa en una arquitectura mixta), su sistema de propulsión está al nivel de los mejores del mercado. Con dos motores eléctricos que entregan 550 CV y 850 Nm de par, el nuevo eléctrico se sitúa justo por debajo del SV como el más potente de la gama.
Cuenta con una batería de 117 kWh y tecnología de 800 voltios, lo que debería traducirse en más de 500 km de autonomía. En cuanto a la carga, admite hasta 22 kW en corriente alterna y hasta 350 kW en carga rápida de corriente continua. Al igual que Porsche, implementa un sistema de carga dividido, lo que promete velocidades de recarga superiores a la competencia.

La única pega visible hasta ahora es la ausencia de un frunk (maletero delantero), ya que la parte delantera está repleta de componentes tecnológicos. Aun así, todavía queda margen hasta el lanzamiento, y no se descarta que integren algún pequeño espacio de almacenamiento adicional bajo el capó.
Conclusión: pruebas extremas, aún por venir
El trabajo no termina aquí. Aunque la fase de pruebas invernales ha concluido, el equipo de desarrollo se prepara ahora para enfrentar al Range Rover eléctrico a temperaturas extremas en sentido opuesto: el calor sofocante del desierto. En los atascos de Dubái y sobre las dunas también deberá demostrar que está a la altura del legado del modelo.