Giro de 180 grados en la guerra del coche eléctrico contra los de combustión: un informe que se ocultó habla claro de la contaminación de unos y otros

Sale a la luz un informe que se ocultó sobre si vale la pena cambiar un coche de combustión por uno eléctrico para proteger el medioambiente.

Desde la irrupción del coche eléctrico, hay un debate sobre si son realmente tan respetuosos con el medioambiente como se dice y hay todo tipo de afirmaciones al respecto. El año pasado, un estudio de la Universidad de Turku en Finlandia demostró que los eléctricos no son tan ecológicos, pero otro informe desvelado ahora apunta en otra dirección.

En 2022, la Oficina Federal de Energía de Suiza (SFOE) solicitó a la consultora Infras un estudio sobre si vale la pena cambiar un coche de gasolina por otro eléctrico, atendiendo a criterios exclusivamente de protección del clima. 

La SFOE quería aclarar esta situación, ya que muchas personas creen que es más sensato conservar el vehículo de combustión durante el mayor tiempo posible, hasta que deje de prestar servicio, antes de comprar uno eléctrico, debido a la energía que se consume en la producción y el desguace.

El estudio, de 34 páginas, costó más de 100.000 francos suizos, cerca de 110.000 euros al cambio, aproximadamente. Sin embargo, una vez obtuvo el resultado del trabajo en 2024, la oficina decidió ocultarlo por temor a las críticas que podría recibir.

Vale la pena cambiar el coche de combustión por otro eléctrico, según un informe

La respuesta del informe llegó en otoño de 2024 y fue clara: comprar un coche eléctrico prácticamente siempre merece la pena desde una perspectiva de protección del clima

En concreto, para más del 90% de los coches de gasolina o diésel que circulan actualmente, la sustitución inmediata por uno eléctrico nuevo de igual tamaño reduciría las emisiones de CO2, salvo en casos en los que apenas se use el coche.

El dato se ha conocido ahora, gracias al medio especializado Republik, que consiguió una copia del informe. Sobre la ocultación, algunos funcionarios de la oficina dijeron que tenían dudas sobre los resultados.

“Las cuestiones en torno a la compra de vehículos eléctricos han cambiado desde que se desarrolló el concepto en 2022 y el informe no ofrece una respuesta clara a la pregunta de si la compra de un vehículo eléctrico nuevo y la venta simultánea de un vehículo de combustible fósil usado tienen un impacto positivo o negativo en el clima”, concluyen.

El proceso de fabricación de un coche eléctrico.
El proceso de fabricación de un coche eléctrico.

Sin embargo, el medio suizo obtuvo correos internos mediante nuevas solicitudes oficiales que desvelan otra cosa. Según pudo saber, algunos de esos funcionarios expresaron su preocupación por la “sensibilidad política” que podía suscitar

El pasado mes de diciembre, la jefa de proyecto escribió que las recomendaciones del estudio “podrían malinterpretarse”. Por su parte, el jefe de comunicaciones de la oficina incluso calificó el estudio de “meramente académico” y subrayó que nadie iba a cambiar de coche con pocos años de vida, pensando en el medioambiente

Asimismo, advirtió que debían tener cuidado de no parecer que hacían recomendaciones “elitistas”, ya que los coches eléctricos son muchos más caros, aunque el propósito final del estudio era informar sobre el impacto ambiental de cambiar de una tecnología de propulsión a otra.

La paradoja del coche eléctrico

Independientemente del objetivo que se perseguía con ese estudio, hay que tener claro que los coches eléctricos también tienen un impacto ambiental derivado, en su mayor parte, de los procesos de producción y recarga. Pero, sobre todo, de algo que se habla menos, como el reciclaje de las baterías una vez finalizada su vida útil.

Esta es la paradoja del coche eléctrico. Es más o menos sabido que los automóviles eléctricos contaminan más durante el proceso de producción que sus equivalentes de gasolina y diésel, debido a la producción de las baterías, un proceso altamente contaminante, debido a los materiales que requiere.

No sólo eso, sino también la propia extracción de las materias primas, como el litio, el coltán y otras de las llamadas tierras raras. Además de su extracción, hay otra parte fundamental que es el procesamiento de esa materia prima.

Una vez que el coche sale del concesionario y empieza a funcionar, no expulsa emisiones, pero sí las genera, por ejemplo, en los procesos de recarga, ya que una parte de la energía procede de fuentes fósiles.

Sin embargo, el verdadero problema del coche eléctrica, desde el punto de vista ecológico, es qué se hace con las baterías una vez que terminan su vida útil

En este sentido, se trabaja en dos direcciones: por un lado, dar una segunda vida a las baterías para otras aplicaciones, antes de que desecharlas; avanzar en el empleo de materiales y técnicas que mejoren los procedimientos y niveles de reciclaje de las baterías de los coches eléctricos. 

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Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España