Ya he probado el Maserati MCPura: 630 CV y un sonido V6 tan bello como su figura

Mientras poco a poco nos dejamos arrastrar hacia el frío malhumorado del invierno, Maserati nos calienta ahora el ánimo con su última creación.
La mítica firma italiana demuestra tener corazón para los europeos frioleros y apoya a los 'petrolheads' en la lucha contra las inminentes depresiones invernales con el nuevo MCPura: con un diseño apasionado y, si se desea, también con una ventana al cielo, ilumina incluso el estado de ánimo más sombrío.
Y con una orquesta V6 totalmente mecánica, sin ningún tipo de apoyo eléctrico, este Maserati ahuyenta el blues invernal a golpe de un contundente sonido de Módena y se escapa del invierno a más de 320 km/h.
Diseño
Aunque incluso el término “facelift” resulta aquí una exageración cortés, y de un coche nuevo no se puede hablar ni mucho menos. Porque en el paso del MC20 al MCPura no cambia mucho más que el nombre.
Pero incluso un poco de maquillaje fresco en el frontal, el cambio de cuero liso a Alcántara en el habitáculo y un nuevo volante al estilo del GT2 Stradale bastan para una bella figura en el carril rápido de la vida. Porque las proporciones clásicas del biplaza son atemporales, y aunque en el Cielo, con el hardtop retraído, se interrumpa la línea del perfil, sigue siendo un imán de miradas ante el que todos se giran.
Y cuando se trata de conducir, difícilmente se puede hacer mucho mejor que este superdeportivo, que compite en la misma liga que el Lamborghini Temerario, el Ferrari 296 o el Aston Martin Vantage. Sobre todo en tiempos en los que, cuando los ingenieros meten mano a un sistema de propulsión, casi siempre acaba siendo eléctrico.
Motor
En el MCPura, en cambio, sigue latiendo un corazón ardiente que no necesita marcapasos eléctrico: “Nettuno” se llama el seis cilindros de tres litros de cilindrada que entusiasma con un biturbo y el llamado principio de precámara de la Fórmula 1, con doble inyección y doble encendido, y mima a los 'petrolheads' con un sonido tan sucio y gamberro como el de los Rolling Stones en sus mejores tiempos.

Pero, sobre todo, el motor desarrolla un par extremadamente contundente a una velocidad increíblemente temprana. Incluso antes de que el conductor llegue a pensar la palabra 'lag' del turbo, el Nettuno ya le clava el tridente en el estómago y catapulta al MCPura hacia el horizonte.
Comportamiento: de máquina de circuito a elegante viajero
Cuando 630 CV y 730 Nm se encuentran con menos de 1.500 kilos, la inercia de la masa se convierte en una nimiedad y el tiempo se vuelve de repente muy relativo.
Mientras la caja de doble embrague de ocho marchas golpea las relaciones en la transmisión a una velocidad vertiginosa pero casi imperceptible y los neumáticos traseros se engranan con el asfalto, no pasan ni tres segundos hasta que el primer dígito de tres cifras parpadea en el velocímetro digital, y quien después se mantenga valiente sobre el acelerador puede ver cómo la indicación asciende hasta casi 330 km/h.
En el amplio pecho del bólido laten dos corazones: el de un corredor de circuito sin concesiones y el de un confortable gran turismo; y según cuál de los cinco perfiles de conducción se active con el mando giratorio en el túnel central, uno u otro marca el compás: quien elige “Sport” o “Corsa”, o incluso se atreve con la posición “ESC Off”, experimenta el MCPura como una herramienta de circuito afilada como un cuchillo, que completa sus vueltas con mordiente.

Con la suspensión adaptativa durísima, la dirección sensible y directa y la electrónica relegada a un lejano guardián en segundo plano, se convierte en una máquina de conducción intuitiva que toma las curvas con solo pensar en girar el volante y ya vuelve a salir disparada antes siquiera de que el pie haya descendido.
Pero basta con girar de nuevo el selector, por ejemplo a GT, para que el Maserati retraiga sus garras y se transforme en un deportivo para disfrutar: el volante sujetado ya solo con dos dedos, el respaldo de los sorprendentemente cómodos asientos tipo baquet algo más reclinado hacia atrás y, acompañado por una melodía de motor sonora pero en absoluto ostentosa y mucho menos embarazosa, vuela con desenfado por las carreteras secundarias, alisa incluso las grietas por heladas en las pistas onduladas de la cordillera costera de los Apeninos y eleva con cada curva un poco más las comisuras de la boca.

A más tardar entonces uno se toma de buen grado también los pocos segundos que se necesitan para plegar por completo el techo de cristal hacia la zaga y disfrutar del día a cielo abierto. Al fin y al cabo, el invierno llega rápido y lo suficientemente frío. Y si en las solitarias carreteras del interior aparece de repente un tractor, basta un decidido golpe de gas y el tridente ataca sin piedad: en un abrir y cerrar de ojos el obstáculo queda atrás y la carretera vuelve a estar libre.
Conclusión
Por supuesto, en este facelift no han cambiado mucho más que el nombre. Pero, en primer lugar, eso no es ningún daño en tiempos como estos. Porque de lo contrario siempre acecha el peligro de la electrificación y la digitalización. Y, en segundo lugar, en un deportivo V6 tampoco hay mucho que se pueda mejorar: al fin y al cabo, la aspirina sigue teniendo la misma receta básica. Y del mismo modo que la madre de todas las pastillas contra el dolor ayuda siempre y en todas partes, el MCPura cura cualquier mal humor y levanta el ánimo desde el primer golpe de gas.
