Un enorme socavón en una carretera del centro de la cuidad surge por un error de cálculo en la construcción de una estación de metro

Las obras subterráneas, si no se calculan bien, pueden tener consecuencias tan escalofriantes como la ocurrida en China.
En España estamos que clamamos con la enrome cantidad de desconchones, agujeros y baches que se han formado en toda la red de carreteras como consecuencias de las lluvias masivas que han azotado el país en las últimas semanas. El único consuelo que nos queda es que siempre nos podría ir peor, como demuestra el enorme socavón que se ha abierto en una calle en Shanghái.
Un tramo del pavimento colapsó repentinamente, abriendo un agujero de grandes dimensiones en pleno centro urbano, como consecuencia de los trabajos de construcción subterránea para una nueva línea de metro. El incidente ocurrió por la mañana en la intersección de Qixin Road y Li’an Road, en el distrito de Minhang.
Las imágenes y grabaciones de cámaras de seguridad que se han hecho virales muestran como primero aparecieron grietas en el pavimento antes de que el asfalto se partiera y se hundiera de manera abrupta, devorando secciones completas de la calzada, equipo de construcción y estructuras temporales, y dejando un enorme boquete donde hasta segundos antes había una intersección.
Según informes oficiales y declaraciones de las autoridades municipales, el origen del fenómeno tuvo que ver con una filtración o fuga de agua detectada el día anterior en el lugar en el que se estaban llevando a cabo las obras del metro.
Ese agua subterránea, al escapar y acumularse bajo la superficie, se habría filtrado en el terreno de soporte y debilitado la estructura del suelo, generando un vacío que el peso del asfalto, los materiales y la maquinaria presentes en la zona terminaron de colapsar, desencadenando el gigantesco socavón que se formó en cuestión de segundos.
No es algo que coja desprevenidos a quienes se dedican a hacer obras en la zona ya que, según parece, la presencia de terrenos blandos y saturados de agua es un factor conocido en la región del delta del río Yangtsé, donde se asienta Shanghái. Esto hace que el suelo sea especialmente susceptible a situaciones de esta índole cuando se realizan excavaciones profundas.
De hecho, a tenor de lo que se ve en los vídeos, queda claro que muchos de los allí presentes están más que acostumbrados a lo que pueda pasar, porque se toman toda la situación con una parsimonia que es bastante llamativa.
Y es que mientras desde algunos ángulos se puede ver a varios obreros retirarse apresuradamente cuando el suelo empieza a hundirse, apenas segundos antes de que grandes secciones de la carretera colapsen por completo, también se puede ver como otros tantos, la mayoría de hecho, durante la primera fase del hundimiento se quedan parados mirando lo que ocurre a una distancia que es difícil considerar como suficientemente prudencial.
Es solo cuando el socavón vuelve a agrandarse por la parte izquierda de la imagen y engulle un segundo tramo de asfalto, cuando la mayoría reaccionan y echan a correr, parece que ya conscientes de que se pueda hundir el resto de la zona circundante… aunque tampoco se van muy lejos.
Resulta curioso como casi todos se colocan en el mismo sitio: a la altura de las vallas que delimitan la zona de la obra, como si de alguna manera el terreno colapsando fuera a respetar una señalización arbitraria colocada por los seres humanos.
Según informes antiguos, en 2023 el 87% de los agujeros que se tragó la tierra en Shanghái tuvieron lugar en zonas urbanas, por lo que es una realidad bastante más habitual de lo que sucedería si, por ejemplo, pasase en Madrid u otra ciudad española.
El fenómeno de los socavones o hundimientos súbitos del terreno no es totalmente extraño en lugares en los que hay actividades de construcción subterránea intensas y/o en las que haya condiciones geológicas particulares.
Shanghái combina ambas, por lo que pueden darse uno o varios de los factores que suelen provocar este tipo de situaciones: filtraciones o fugas de agua subterránea que erosionan el suelo de soporte, excavaciones profundas cerca de mantos acuíferos sin sistemas de contención adecuados, drenajes o tuberías rotas durante obras, presiones del suelo no previstas en el diseño de las estructuras subterráneas, etc.

