Roberto Casas, mecánico: "Es importantísimo no abrir jamás el tapón del agua porque está en ebullición y nos puede provocar quemaduras"

Roberto Casas, mecánico y Youtuber
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El experto en automoción comparte en su canal de Youtube algunas de las razones por las que sale humo de nuestro capó.

La aparición repentina de una densa humareda procedente del capó es una de las situaciones más alarmantes que puede experimentar un conductor en plena marcha. Ante un escenario que suele generar nerviosismo y confusión, el mecánico profesional Roberto Casas ha ofrecido una serie de pautas y consejos fundamentales para actuar con cautela y evitar daños personales o averías graves en el vehículo. Entre sus advertencias más contundentes destaca el peligro real que supone intentar manipular los componentes del sistema de refrigeración de manera precipitada mientras el motor aún conserva una elevada temperatura.

El especialista señala que la causa más habitual por la que presenciamos esa estampa tan dramática de vapor saliendo del compartimento del motor es la fuga del líquido refrigerante hacia el exterior. Cuando este fluido entra en contacto con las superficies incandescentes o se escapa a través de una grieta en un manguito o en un tubo, se evapora de forma instantánea creando una gran nube blanca que rodea el frontal del coche. Aunque el impacto visual pueda parecer aparatoso y sugerir un fallo irreparable, el mecánico aclara que en muchas ocasiones se trata simplemente de un pequeño poro o un desperfecto puntual en la conducción del agua.

Sin embargo, el verdadero riesgo al que se enfrentan los conductores no siempre proviene de la avería técnica en sí, sino de la imprudencia cometida al intentar inspeccionar el problema inmediatamente después de detener la marcha. El experto hace especial hincapié en la necesidad de mantener la calma y no intervenir sobre el depósito de expansión del circuito. En sus propias palabras, Roberto Casas subraya que es importantísimo no abrir jamás el tapón del agua porque está en ebullición y nos puede provocar quemaduras. Al abrir el recipiente con el motor caliente, la presión acumulada dentro del sistema se libera de golpe, expulsando líquido a temperaturas extremas y vapor de agua directamente hacia el rostro o las manos de la persona, causando lesiones de extrema gravedad.

La conducta idónea ante la presencia de vapor o humo requiere detener el vehículo en un lugar seguro, apagar el propulsor y dejar transcurrir el tiempo necesario para que el conjunto se enfríe de manera natural. Una vez que la temperatura haya descendido a niveles seguros, será el momento adecuado para verificar el nivel del depósito o tratar de localizar el origen del escape de líquido. En el caso de constatar que la fuga es severa o que el nivel ha caído drásticamente, el mecánico insiste en que no se debe reanudar la marcha bajo ningún concepto. 

La recomendación en esta circunstancia pasa por solicitar el servicio de asistencia en carretera para que un camión grúa retire el automóvil. Si se decide continuar circulando sin el caudal de refrigerante adecuado, el calor desmedido acabará provocando daños de enorme cuantía económica en las piezas internas del motor, como la deformación de la culata o el gripado completo del bloque. Más allá de los problemas relacionados con la refrigeración y el circuito de agua, existen otras fuentes potenciales que pueden provocar la emisión de vapores o humo desde el habitáculo mecánico.

Otra de las causas recurrentes descritas por Roberto Casas es la existencia de pequeñas o grandes fugas de aceite. Cuando el lubricante se filtra a través de las juntas del motor, suele caer sobre elementos expuestos a altísimas temperaturas, como los colectores o los silenciadores del sistema de escape. Al quemarse sobre estas partes calientes, el aceite genera una humareda densa de tono más oscuro que se hace visible tras un tiempo de funcionamiento prolongado o al exigirse mayor esfuerzo al vehículo.

De igual manera, en las mecánicas diésel es posible que se produzcan pérdidas en el circuito de combustible, ya sea en el tramo de baja o de alta presión. Al goteare sobre zonas de gran calor, el carburante se transforma rápidamente en estado gaseoso, dando lugar a columnas de humo que oscilan entre tonalidades blancas, grisáceas y oscuras. Dada la diversidad de orígenes y el riesgo potencial que entraña cada uno de ellos, el especialista aconseja que ante cualquier anomalía de esta índole se acuda de inmediato a un taller de confianza para realizar una diagnosis minuciosa, garantizando así la seguridad del conductor y la longevidad del automóvil.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España