Loris Bicocchi, uno de los primeros pilotos de pruebas del Bugatti Veyron, habla sobre su experiencia con este superdeportivo de 1.001 CV: "No me atreví a acelerar a fondo. Fue impresionante, una locura, casi inexplicable"

Loris Bicocchi, piloto de pruebas de Bugatti
Loris Bicocchi, piloto de pruebas de Bugatti

Loris Bicocchi fue uno de los primeros pilotos de pruebas del Bugatti Veyron y, en una entrevista, narra cómo fue conducir los prototipos de este superdeportivo.

El Bugatti Veyron fue el primer hiperdeportivo del siglo XXI. Aterrizó en 2005 tras cuatro años de desarrollo, un desarrollo en el que participaron numerosos ingenieros y pilotos que darían forma a un vehículo que superaba los 1.000 CV de potencia y que, más pronto que tarde, acabaría siendo el coche de producción más rápido del mundo. Loris Bicocchi, uno de los primeros pilotos de prueba del Veyron, cuenta cómo fue su experiencia conduciéndolo.

Bugatti atravesó momentos difíciles en los años ’90, hasta que en 1998 fue integrada dentro del paraguas de marcas del Grupo Volkswagen. Los alemanes le dieron una segunda oportunidad a la histórica compañía de coches de lujo, convirtiéndola en fabricante de superdeportivos. El primero en llegar fue el Veyron, un vehículo cuyo desarrollo costó una fortuna y supuso casi un lustro de trabajo.

El coche más rápido del mundo en 2005

Prototipo del Bugatti Veyron
Prototipo del Bugatti Veyron

Sin embargo, detrás de todo este esfuerzo y sacrificio estaba el deseo de Volkswagen de mostrar al mundo cuál era su verdadero potencial como compañía automotriz global. El objetivo era construir un coche con más de 1.000 CV de potencia que, además, fuera el primero en superar la barrera de los 400 km/h de velocidad máxima.

Ambos hitos tuvieron lugar en 2005. Ese año, Bugatti presenta el Veyron y, poco después, establece un nuevo récord de velocidad para coches de producción. La marca fue la primera en superar los 400 km/h, alcanzando los 407 km/h en una prueba de conducción certificada. Cinco años más tarde, el Bugatti Veyron Super Sport de 1.200 CV batió ese récord y estableció un récord de 431 km/h.

Pero, para llegar a este punto en el que el proyecto se había materializado en un coche real y Bugatti superó los 400 km/h de velocidad máxima, fue necesario un largo proceso de desarrollo que diera forma a toda la ingeniería que la marca había ideado para su hiperdeportivo. Este desarrollo comenzó en 2001 e involucró a diferentes pilotos de pruebas, entre ellos a Loris Bicocchi.

En una entrevista, Bicocchi habló de cuán complicado había sido conducir el Veyron y de los desafíos a los que se enfrentó mientras se ponía al volante de un coche con semejante potencia y capacidad de aceleración.

La experiencia de conducir un prototipo del Bugatti Veyron

Loris Bicocchi, piloto de pruebas de Bugatti
Loris Bicocchi, piloto de pruebas de Bugatti

“No sabía qué esperar”, dijo el piloto cuando se le preguntó acerca de aquella primera prueba que realizó con un prototipo del Veyron en un circuito Michelin ubicado en Francia. “No me atreví a acelerar a fondo. Fue impresionante, una locura, casi inexplicable. Entendías al instante lo que representaba este coche”.

Y es que Bicocchi se había sentado en uno de los primeros prototipos de pruebas del Bugatti Veyron, un coche que en 2005 se convirtió en el modelo de producción más rápido de la Tierra al alcanzar los 407 km/h, cifras que hoy parecen al alcance de varios superdeportivos, pero que hace dos décadas parecían inalcanzables.

A partir de 300 km/h o 320 km/h, todo cambia”, dijo Bicocchi. “Sobre todo la aerodinámica. Cada detalle cuenta. Tuve que replantearme todas las referencias que había construido a lo largo de mi carrera, porque el Veyron era simplemente incomparable a todo lo que había conducido antes”.

Tras familiarizarse con un coche “incomparable”, Bicocchi tuvo que dirigir el desarrollo para que el producto final pudiera ser conducido por simples mortales, no solo por pilotos de la talla de este experimentado conductor de desarrollo.

Fue una gran responsabilidad, tanto para mí como para la marca”, dijo Loris Bicocchi. “Tuvimos que crear un coche increíble, sí, pero uno que pudiera ser conducido por cualquiera, no solo por pilotos profesionales. Fue un verdadero trabajo en equipo y todos aprendimos juntos mientras nos disponíamos a hacer historia”.

Con una producción limitada a tan solo 450 unidades, el Bugatti Veyron fue el primero de una larga estirpe de hiperdeportivos que han llegado al mercado en las últimas dos décadas. La marca eligió un motor W16 de 8.0 litros con cuatro turbocompresores, cambio automático y tracción a las cuatro ruedas que, en sus primeras versiones, generaba 1.001 CV de potencia y 1.250 Nm de par.

Años más tarde, y con la evolución propia de la industria automotriz, ese mismo motor de 16 cilindros en W llegó a alcanzar los 1.850 CV de potencia cuando fue instalado en el radical y exclusivo Bugatti Bolide, una variante orientada a los circuitos de carreras del Bugatti Chiron. Hoy, la marca cuenta en su catálogo con el Bugatti Tourbillon, el primero en renunciar al motor W16 para entrar de lleno en la era de la tecnología híbrida.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España