Hasta tal punto estuvo obsesionado Hiroshi Tamura con el Nissan GT-R que llevó muestras de pintura a Nürburgring "para observarlas contra el telón de fondo de las colinas, los árboles y la pista"

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El ingeniero de Nissan y creador del R35 considera que el Nissan GT-R es el proyecto de su vida y la atención al detalle que puso en el coche fue total.
Pocos coches tienen una legión de seguidores tan grande como el Nissan GT-R, pero una de las claves para que haya sido el coche que es, es que los propios responsables de su desarrollo eran unos auténticos “quemados” (también ocurre que lo sea el mismísimo CEO, como ocurre en Toyota con Akio Toyoda). Hiroshi Tamura, uno de ellos, ha declarado que el cuidado por los detalles alcanzó un nivel difícil de imaginar, especialmente con los colores: “Mis dos colores favoritos para el R35 siempre han sido el Wangan Blue (Bayside Blue) y el Millennium Jade”.
La relación de Tamura con el azul comenzó mucho antes de que participara en el desarrollo del GT-R. Uno de sus primeros coches fue un Skyline Kenmeri azul, reconocible por sus icónicos pilotos traseros redondos. Aquella experiencia personal se sumó a las imágenes que había ido acumulando de algunos de los modelos más representativos de la historia del deportivo.
“Cuando vi a Kunimitsu Takahashi conduciendo un Hakosuka con las cubiertas de los faros azules, y después el R32 Calsonic GT-R azul e incluso el R33 GT-R LM Limited, supe que teníamos que añadir el azul a la gama del R34 GT-R”, recuerda.
El Bayside Blue, también conocido como Wangan Blue, se convirtió en uno de los colores más emblemáticos del R34. Por eso, Tamura defendió su regreso para conmemorar el 50 aniversario del GT-R. Su propuesta acabó materializándose en ediciones especiales del R35 a partir de 2019, recuperando una tonalidad que conectaba directamente la generación moderna con sus antecesoras.
Los colores del Nissan GT-R no podían ser cualquiera
Algo similar ocurrió con el verde, que siguió un camino parecido, ya que después de impulsar la incorporación del Millennium Jade al catálogo del R34, Tamura defendió personalmente que también estuviera disponible en el Nissan GT-R T-Spec, cuando el R35 se encontraba ya en la última etapa de su ciclo comercial. Esta versión incorporó, además, un guiño discreto a los antiguos R34 Nur: la cubierta del motor presentaba un acabado dorado en lugar del rojo habitual.
El ingeniero no oculta su obsesión con los colores, que considera importantes para que el GT-R represente lo que tiene que representar. De hecho, admite haber llevado esa meticulosidad hasta el extremo: “Cuando desarrollamos por primera vez el color Millennium Jade para el R34, llevé muestras de pintura al ‘Infierno Verde’ para observarlas con el telón de fondo de las colinas, los árboles y el circuito durante el proceso de desarrollo del color”.

Pero no solo para evaluar pinturas ha acudido al trazado alemán, el circuito fue uno de los escenarios de desarrollo principal del deportivo, así que Tamura ha pasado allí mucho tiempo: “He visitado Nürburgring más de cien veces y, en total, he pasado allí probablemente quinientos días. El "Ring" ocupa un lugar especial en el desarrollo del GT-R moderno”.
Un ingeniero que también defendió los dos pedales
Teniendo este perfil, está claro que la atención al detalle de Tamura no se iba a limitar a la pintura. Su influencia también resultó importante en algunas de las decisiones técnicas que definieron el R35.
Cuando comenzó a perfilarse el concepto del nuevo GT-R, alrededor de 2001, defendió el uso de un motor V6 más corto que el tradicional seis cilindros en línea de las generaciones anteriores y apostó por prescindir del cambio manual en favor de una transmisión automática muy avanzada.
“Sabía que contar con solo dos pedales era la clave; de hecho, a principios de la década de 2000, había visto un documento técnico que proponía una nueva transmisión de doble embrague. Algunos pensaban que estaba loco por insistir en el uso de solo dos pedales. Pero yo estaba convencido; hacia 2003, a medida que los superdeportivos italianos con transmisión automática ganaban popularidad y sus propietarios expresaban su satisfacción, más personas empezaron a compartir mi convicción”, expone.
Es algo que no compartirán los puristas, pero el tiempo terminó dándole la razón, porque el R35 se convirtió en un modelo capaz de combinar un elevad dinamismo con una utilización relativamente sencilla, haciendo que fuera más amigable con los conductores algo menos experimentados.
Con todo esto, queda claro que la relación de Tamura y el GT-R va más allá de lo normal: “Lo he dicho en el pasado y sigo creyendo que el GT-R es un automóvil que representa la esencia del ADN de Nissan. Nuestra pasión por crear productos emocionantes y nuestra disposición para asumir desafíos extremos se ven reflejadas en este vehículo”.
Él mismo lo admite: “Para mí, es el proyecto de toda mi vida. Creo firmemente que los coches deportivos, como el GT-R R35, unen a las personas; sin importar el país o las diferencias culturales, quienes aman los automóviles suelen reunirse y conectar a través de su aprecio compartido por vehículos como este. Para mí, ser testigo de ello es algo realmente especial y gratificante”.


