La Guardia Civil avisa de los problemas de la baliza V16 y te indica los pasos que debes dar y cómo reconocer a una grúa pirata para no caer en la estafa

La baliza V16, otra vez en el punto de mira por la geolocalización
La baliza V16, otra vez en el punto de mira por la geolocalización

Los agentes de tráfico alertan sobre una nueva estafa que aprovecha la geolocalización de la baliza V16.

Ante las debilidades de la baliza V-16, no han tardado en aparecer los primeros grupos organizados que se aprovechan de una situación de peligro para sacar beneficios desorbitados. Así lo ha confirmado la Guardia Civil tras alertar de la existencia de grúas ilegales de emergencia que no colaboran con las aseguradoras y reclaman enormes cantidades de dinero en efectivo para llevar el coche a un taller cercano.

Es más, hace unos días, comenzaron a surgir los primeros conductores que habían sido atracados en mitad de las carreteras españolas como consecuencia de la filtración de la plataforma de geolocalización de la Dirección General de Tráfico. No obstante, este no es el único peligro al que se enfrentan los conductores averiados que pongan en uso su dispositivo luminoso.

En las últimas horas, diversos agentes de tráfico han puesto el foco en la aparición de grúas ilegales que aprovechan la situación de socorro para estafar a los conductores que esperan nerviosos a la asistencia en carretera de su seguro.

Conocer el ‘modus operandi’ para evitar caer en la estafa

Para evitar caer en este tipo de fraudes, es importante detectar las señales que nos indican el peligro. La primera de ellas, según explica la Guardia Civil, es el tiempo de llegada. Tras activar la baliza V16 y contactar con nuestra aseguradora, es importante recordar el tiempo que tardará la grúa enviada por el seguro a nuestra ubicación.

Esto se debe a que, cuando la banda organizada detecta el lugar en el que hay un coche averiado, llegan con extrema rapidez para remolcar el coche lo antes posible. El conductor, sumido en una situación de estrés por lo ocurrido, no es consciente del tiempo transcurrido, y acepta las exigencias del conductor de la grúa que, en un abrir y cerrar de ojos, ya tiene el coche anclado en su remolque y solicitando pagos en efectivo desorbitados para liberar el vehículo.

Por ello, cuando nuestra aseguradora nos indique el tiempo de espera hasta la llegada de los servicios de asistencia, es esencial mantener la calma y contabilizar el tiempo. De este modo, cualquier llegada inesperada y con prisas por retirar cuanto antes el vehículo, debe hacernos sospechar.

No obstante, si hay un consejo clave que debemos cumplir a rajatabla es preguntar por un documento de identificación. Cuando la aseguradora nos comunique la empresa de asistencia en carretera que nos va a asistir debemos apuntar el nombre y los datos del vehículo para posteriormente corroborarlo. Es más, si un conductor solicita algún tipo de identificación, el operario no puede rechazar presentarlo.

Por último, una de las mayores señales para saber si están intentando incautar nuestro vehículo de manera ilegal es el método de pago exigido. Esto se debe a que las compañías aseguradoras convencionales suelen gestionar los costes a través de vías internas dependiendo de las coberturas de la póliza, es extremadamente sospechoso que el conductor de la grúa solicite cualquier tipo de pago en efectivo.

Junto a ello, también es importante mencionar que, cuando el conductor de una grúa presiona para trasladar el vehículo a un taller en específico, sin el consentimiento previo del propietario, existen indicios de fraude.

La geolocalización, en el punto de mira

La herramienta de geolocalización del nuevo dispositivo de seguridad de la Dirección General de Tráfico ha sido cuanto menos polémico desde la entrada en vigor de la obligatoriedad de la baliza V16. Pocos días después del 1 de enero, ya era pública la plataforma de localización de balizas activadas, generando disconformidad y desconfianza entre los conductores españoles al sentirse vulnerables ante una situación de peligro.

Recordemos que, según respaldaba la DGT, ningún tipo de información respecto al tipo de vehículo o la identificación de su conductor iban a estar al alcance de la ciudadanía. No obstante, sí que ha sido pública su ubicación, dando lugar a los primeros robos y estafas en las carreteras españolas.

Por el momento, la transición hacia la digitalización total de las carreteras mediante la plataforma 3.0 está suponiendo un auténtico desafío en los despachos de Tráfico. A pesar de que su función de localización tiene sus ventajas, como la difusión de la ubicación del vehículo averiado al resto de conductores de la vía, las desventajas y amenazas que supone el nuevo dispositivo de la Dirección General de Tráfico están ganando la batalla de la seguridad vial en nuestro país.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España