A este pequeño y humilde Toyota le han metido un motor V8 de la Suzuki Hayabusa que sube a 10.000 rpm

Toyota Starlet motor Suzuki Hayabusa

Un Toyota Starlet de finales de los años 70 no parece la mejor base para crear un coche de competición, pero esta bestia demuestra que sí.

Cuando alguien piensa en crear un coche de competición, hay diversas maneras de afrontar la tarea. La “sencilla”, pero cara, es la de coger un deportivo que ya sea de alto rendimiento y adaptarlo haciendo el mínimo de modificaciones necesarias. La compleja, pero teóricamente más barata (y también más espectacular) es coger un modelo humilde y convertirlo en una bestia. Un viejo Toyota Starlet de finales de los años 70 con el motor V8 de la Suzuki Hayabusa es uno de los ejemplos más claros de lo segundo que se nos podría ocurrir.

Suena a locura y seguramente lo sea, pero es exactamente el plan que ha llevado a buen puerto el equipo finlandés VHTRacing Engineering. Se trata de una preparación radical y no es de extrañar que sea una de las creaciones más sorprendentes que se pueden encontrar en el panorama automovilístico actual.

El protagonista de esta historia es un Toyota Starlet P60, un modelo que por estos lares no conocemos, pero que es la segunda generación del pequeño utilitario japonés, bastante popular en su mercado doméstico.

Es un coche que originalmente destacaba por su sencillez y tamaño contenido, básicamente las antípodas de cualquier aspiración deportiva seria. Sin embargo, precisamente esa ligereza, sumada al hecho de tener una configuración de propulsión trasera, hicieron que el equipo considerara que era la base perfecta para crear un monstruo, y no uno cualquiera, si no uno diseñado para afrontar competiciones de ‘hillclimb’.

El proyecto es cosa del piloto e ingeniero finlandés Mikko Kataja, que lleva años desarrollando este peculiar Starlet junto a su equipo. El coche ha competido en numerosas pruebas de montaña europeas e incluso ha participado en eventos de tanto renombre como la subida a Pikes Peak o la subida al Mount Washington Auto Road.

Durante años utilizó un motor Toyota 4A-GE profundamente modificado, pero en 2023 el equipo decidió dar un paso mucho más ambicioso, que fue el que terminó de ponerle en el mapa de los más “quemados” del mundillo.

Toyota Starlet motor Suzuki Hayabusa

La solución elegida para reemplazar el bloque original fue desarrollar un motor V8 artesanal tomando como punto de partida la mecánica de la Suzuki Hayabusa, una de las motocicletas más famosas y potentes de la historia.

El propulsor fue construido por Radical Precision Engineering y utiliza la arquitectura básica del cuatro cilindros de la Hayabusa de segunda generación. La idea consiste, esencialmente, en duplicar el número de cilindros mediante dos bancadas y unirlas mediante un cigüeñal plano, creando así un compacto V8 de 2,7 litros.

Aunque conserva las cotas fundamentales del motor original, con un diámetro de 81 milímetros y una carrera de 65 milímetros, prácticamente todo lo demás ha sido optimizado para maximizar el rendimiento. Las culatas proceden de motores de la Hayabusa, pero han sido profundamente renovadas. Los pistones son suministrados por Cosworth y los árboles de levas han sido diseñados específicamente por VHTRacing para este caso.

El resultado es una mecánica extremadamente especial, concebida para girar a regímenes propios de una motocicleta de competición, pero dando vida a un coche que originalmente estaba preparado para acoger motores muchísimo más humildes y relajados.

De todas las cifras que pone sobre la mesa, lo más impresionante es precisamente su capacidad para subir de vueltas. Aunque el anterior motor Toyota alcanzaba las 11.000 rpm, este V8 sigue siendo capaz de girar hasta las 10.000 rpm manteniendo una entrega de potencia sobresaliente.

VHTRacing no ha revelado nunca la cifra exacta de potencia, pero sí ha indicado que el objetivo era superar los 150 CV por litro. Si damos por hecho que lo han conseguido, algo que no nos extrañaría, en un motor de 2,7 litros eso supone alrededor de 405 CV, una cifra más que suficiente para hacer volar a un vehículo tan pequeño y ligero.

No diremos que esto hace que estemos ante un lobo con piel de cordero, porque el Starlet no está de serie y desde fuera se puede ver claramente que es un vehículo de competición, pero a pesar de los añadidos cuesta imaginarse lo que esconde su apartado mecánico.

La silueta del Toyota sigue siendo perfectamente reconocible, pero tiene modificaciones como paragolpes específicos, una toma de aire en el capó, pasos de rueda ensanchados y, sobre todo, un descomunal alerón coronando la zaga.

Se mire por donde se mire, el proyecto es una locura, una que estuvo cerca de desaparecer en 2024. En una carrera, Kataja sufrió un accidente que dejó el coche gravemente dañado. Aunque podría haber sido un momento para abandonarlo, el equipo aprovechó la reconstrucción del vehículo para introducir mejoras: la carrocería recibió nuevos paneles de fibra de carbono, la suspensión fue revisada para reducir la altura al suelo y se ampliaron las vías.

Más información sobre:

Ver sus artículos

Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España