El BOE lo confirma: adiós a los arcenes y a los ciclistas circulando por él

Incluido en el BOE en octubre de este año, la modificación del reglamento de carreteras permite eliminar los arcenes y sustituirlos por carriles bici segregados.

La normativa vial en España atraviesa una época de cambio, con la llegada de nuevas señales de tráfico o las balizas V16 conectadas de la DGT. El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha aprobado una modificación del reglamento de carreteras que permite la reducción o eliminación de arcenes en determinados tramos de la red estatal

Esa decisión tiene consecuencias directas para los ciclistas, que en muchas vías ya no habrá arcén disponible, de modo que los usuarios de bicicletas pierden su espacio tradicional a favor de la construcción de carriles bici segregados.

Adiós a los arcenes, hola a los carriles bici segregados

La reforma, incluida en el nuevo reglamento, autoriza que, en carreteras estatales con tráfico reducido, o con una intensidad media diaria baja, los arcenes preexistentes puedan suprimirse para dar paso a carriles bici adyacentes.

Para ello, las administraciones deben justificar la medida con un informe técnico que garantice que la seguridad vial no se verá comprometida, y que la vía seguirá cumpliendo sus funciones esenciales, como mantenimiento, evacuación o tráfico de emergencia.

El objetivo es el de fomentar la movilidad sostenible, priorizar el transporte activo (la bicicleta) y adaptar la infraestructura a los nuevos patrones de desplazamiento. Pero en la práctica, la norma supone un cambio radical, ya que donde antes había un arcén transitable, ahora podría haber solo un carril bici segregado, o incluso nada, dependiendo del tramo.

Para muchas personas que usaban la bicicleta en carretera, el cambio supone un golpe duro. Tradicionalmente, los ciclistas que circulaban por vías estatales o convencionales tomaban el arcén como espacio de seguridad.

Ahora, si la vía es elegida para eliminar el arcén, los ciclistas tendrán que usar el nuevo carril bici segregado o compartir la calzada con otros vehículos cuando ese carril no llegue a existir o esté interrumpido. Eso plantea dudas serias sobre su seguridad. Las carreteras con pocos vehículos suelen tener arcenes estrechos o inexistentes, y muchas no están preparadas para soportar tráfico motorizado con bicicletas como usuarios compartidos.

Medida para la integración segura de los ciclistas en carretera

Las autoridades defienden que la medida busca priorizar la bicicleta como medio de transporte sostenible, reduciendo emisiones y promoviendo un modelo de movilidad más amigable con el medio ambiente. Los nuevos carriles bici segregados ofrecen un entorno más ordenado y, en teoría, más seguro que un arcén.

Además, al formalizar estos cambios en el reglamento, se establece un marco normativo más claro en el que la bicicleta deja de ser un usuario marginal de la carretera y pasa a ser considerada parte esencial del sistema de movilidad, con su propia infraestructura cuando las condiciones lo permiten.

No obstante, la medida ha generado preocupación entre muchos usuarios habituales de la bicicleta, sobre todo aquellos que usan las carreteras convencionales. Para ellos, la desaparición del arcén significa perder la franja de seguridad más inmediata. Si el carril bici no llega o no se mantiene bien, se quedarán sin alternativa.

Asimismo, preocupa la posible interpretación restrictiva de la norma. Si en un tramo se elimina el arcén y se abre un carril bici segregado, el ciclista podría verse obligado a usar ese carril. Eso reduciría drásticamente la libertad de movimiento, especialmente en rutas largas, que crucen varios tramos o cuando circulen a ritmos altos.

La modificación se aplica a carreteras de la red estatal, especialmente aquellas con baja intensidad media diaria (IMD). Es decir, tramos rurales, secundarios o de escaso tráfico.

Este cambio en la normativa no es anecdótico, representa una apuesta del Gobierno por redefinir el espacio de las carreteras. La prioridad ya no recae exclusivamente en los vehículos a motor, sino que busca integrar la bicicleta como parte clave de la movilidad, siempre que las condiciones lo permitan.

Eso significa que los arcenes, utilizados por los automovilistas como espacio extra para emergencias, averías o rebasamientos, puede ser reemplazado por infraestructuras pensadas para ciclistas. Un giro que puede mejorar la seguridad vial si se planifica bien, pero que también depende de la voluntad política, el presupuesto y la ejecución real en el territorio.

La norma está en vigor desde su publicación en el BOE en octubre de 2025. Las administraciones tienen vía libre para eliminar arcenes y construir carriles bici allí donde consideren adecuado.

Para los ciclistas habituales, la transición plantea retos importantes. Y para los conductores de vehículos a motor, también cambios, ya que la carretera pierde ese espacio extra tradicional que supuso durante décadas.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España