Reportaje

Centro Control de Tráfico de Tokio: Gran Hermano te vigila

No se trata de la última secuela del famoso ‘reality show’, sino de la función principal del Centro de Control de Tráfico de Tokio, el más puntero e innovador del mundo, que con la recogida y gestión de datos favorece un tráfico seguro y más limpio. AUTOBILD.ES lo ha visitado

La primera vez que estuve en Tokio (2005), tres fueron las cosas que me llamaron la atención: la inmaculada pulcritud de sus calles, sus inodoros de ciencia ficción –con más botones que una nave de la NASA– y la poca contaminación acústica y calidad del aire, pese a sus monumentales atascos en ciertas zonas y horas del día. Esto último hay que agradecérselo, sobre todo, a la milenaria cultura japonesa, donde el respeto juega un papel fundamental, y a la conciencia medioambiental nipona, que nació antes que en ningún otro sitio, concretamente en los años 80 del siglo XX.

 

Por entonces, mientras que en España aún nos estábamos quitando los harapos del pasado y abrazábamos la modernidad con inusitada alegría, en Japón ya habían comenzado a preocuparse por las boinas de polución que se cernían sobre sus cabezas y pasaban factura a sus pulmones. Y es precisamente en aquella época cuando comienzan los primeros estudios de desarrollo de vehículos híbridos y también la creación de un organismo que gestionara el tráfico rodado de Tokio.

 

Para ser más exactos, en realidad, el citado organismo encargado de tan ardua tarea, el Centro de Control de Tráfico Metropolitano de Tokio (CCTMT) fue creado en 1974, lo cual dice mucho del espíritu innovador de Japón. Y es que a grandes males, grandes remedios, y una megaciudad como Tokio, con más de 12 millones de habitantes y un parque móvil de 3,3 millones de vehículos –que no son más por la existencia de numerosas restricciones como, por ejemplo, que para poder poseer un coche, primero hay que contar con una plaza de aparcamiento–, requería de una solución a la altura de las circunstancias.

 

El Centro de Control de Tráfico de Tokio, organismo perteneciente al Departamento de Policía Metropolitana de Tokio, en el que trabajan 19 personas en tres turnos de 24 horas seguidas (esto es trabajar a la nipona) y que cubre 2.800 kilómetros de calles y 800 de carreteras –de un total de 24.391 km de vías con las que cuenta el gran Tokio–, juega uno de los papeles más importantes en lo que los japoneses denominan “establecimiento de una sociedad con un tránsito terrestre respetuoso con el medio ambiente por medio de un tráfico seguro y tranquilo”. Para lograr este ambicioso objetivo, el CCTMT se apoya en tres pilares: 1. Recogida y análisis de información; 2. Transmisión de los datos al público; 3. Gestión del tráfico.

 

 

17.000 detectores de coches y peatones en Tokio

La primera de estas tareas del Centro de Control de Tráfico Metropolitano de Tokio, la toma y el análisis de información del tráfico se obtiene a través de distintas vías: 17.000 detectores y radiobalizas de vehículos y peatones, 14 helicópteros patrulleros, 300 cámaras dedicadas en exclusiva al tráfico rodado –con una resolución tan extraordinaria, que para sí hubiera querido el Gran Hermano de la obra '1984', de George Orwell–, más de 1.100 coches patrulla, 950 motocicletas, 940 puestos de control, 42.100 policías uniformados… y un largo etcétera de generadores de datos, o mejor dicho, observadores/vigilantes del tráfico… y el comportamiento al volante. Este último detalle es ciertamente destacable, pues a pesar de que el respeto forma parte de la idiosincrasia nipona, también es cierto que Japón es un país en el que reina un férreo control policial. Existen infinidad de restricciones y cero tolerancia al volante (100 km/h es la velocidad máxima en autovía y autopista, y allí se respeta).

 

El tercer pilar del Centro de Control de Tráfico Metropolitano de Tokio, y más innovador, es el de la gestión activa del tráfico, de modo que el CCTMT puede ajustar la duración de los semáforos en rojo –o ponerlos en verde antes– para facilitar el flujo de tráfico en intersecciones y vías más congestionadas, indicar los posibles atascos y obstáculos e intercambiar información con los centros de control de tráfico de otras prefecturas cercanas a las de Tokio.

 

El corazón del Centro de Control de Tráfico de Tokio y en donde se plasma toda la información recogida son las tres gigantescas pantallas (imagen de apertura de este reportaje). Instaladas en 2010, y con el apoyo de otros 21 monitores, muestran cómo es el flujo de tráfico en los 2.800 kilómetros de calles y 800 de carreteras del área metropolitana de Tokio, que viene marcado por tres tipos de colores: rojo (cuando la velocidad es de 10 km/h o menos), naranja (20 km/h o menos) y amarilla (30 km/h o menos). En este sentido destaca la imagen del 11-3-2011, cuando un terremoto de 8,9o en la escala Richter devastó el país, y en las pantallas el color dominante era el rojo: todo el centro de Tokio quedó bloqueado.

 

El nivel de vanguardia del Centro de Control de Tráfico Metropolitano de Tokio es de tan alto que desarrolla Sistemas de Gestión de Tráfico Universal (UTMS, en sus siglas en inglés), como el Sistema de Control de Tráfico Integrado (ITCS), que se subdivide en: Sistema de Prioridad de Transporte Público (PTPS; promociona la utilización del transporte público y la puntualidad de los autobuses), Sistemas de Información Móvil Avanzada (AMIS) o el Sistema de Anticipación de Emergencias Rápidas de Vehículos (FAST).

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