Un grave accidente provocó que el tren eléctrico que alcanzaba 450 km/h y por el que la suma de inversión ascendió a 1.250.000.000 € quedara abandonado

Alemania diseñó el tren de levitación magnética Transrapid, pero un accidente ha cambiado para siempre el futuro de uno de sus proyectos más ambiciosos.
El Transrapid no tenía competidor unas décadas atrás, un tren eléctrico mediante levitación magnética que alcanzaba 450 km/h con soltura. Este modelo era rápido, pero también extremadamente silencioso y con un aspecto futurista.
El secreto para conseguir este récord de velocidad moverse sin contacto físico con la vía. El Transrapid se presentó en Múnich en el año 1971, era todo un adelantado para su época, pero un accidente lo cambió todo.
Un tren de 1.250 millones de euros
Alemania había tardado décadas en diseñar su tren de levitación magnética con un presupuesto de 1.250 millones de euros de dinero público. Transrapid era una de las grandes apuestas del país sin ruedas ni rozamiento, solo un motor eléctrico para impulsar y frenar el convoy.
La inversión era enorme, pero Alemania nunca consiguió transformarlo en una línea comercial propia. Este tren de levitación magnética operó en Emsland, al noroeste de Alemania, con longitud de 31,8 kilómetros.
El Transrapid llegó a realizar viajes de hasta 450 km/h, una cifra que prácticamente ningún tren europeo consigue a día de hoy. El proyecto se convirtió durante años en el símbolo de la ingeniería industrial alemana.
El sistema Transrapid permitía operar a una velocidad máxima de hasta 550 km/h. Alemania prometía recortar tiempos de viaje con unos gastos de mantenimiento extremadamente bajos al no existir contacto entre ruedas y raíles.
No todo eran aspectos positivos. El Transrapid necesita una infraestructura propia con una inversión enorme en raíles, suministro eléctrico y sistemas de control. Este punto disparaba el gasto, era mucho más que comprar nuevos trenes de levitación magnética.
Un accidente acabó con el Transrapid

El furor inicial pronto desapareció, los ingenieros no encontraban forma de justificar esa inversión millonaria. La primera línea pretendía conectar la estación central de Múnich y su aeropuerto con un presupuesto de 550 millones de euros, excesivo para muchos.
El futuro del Transrapid cambió radicalmente el 22 de septiembre de 2006. Uno de los trenes de la pista de Emsland chocó con un vehículo de mantenimiento y murieron 23 personas.
La tragedia marcó un antes y un después en el proyecto, Alemania dejó de ver el Transrapid como un motivo de orgullo nacional. Además, el accidente dañó la infraestructura volviendo a tener que realizar una inversión en reparaciones.
Emsland siguió operando unos años más hasta que la línea se cerró en 2011. La licencia terminó y con ella se puso fin a la etapa del Transrapid, pero el proyecto no murió del todo.
China ha conseguido que esta tecnología deje de sonar a ciencia ficción. La ciudad de Shanghái comenzó a construir su primera línea de maglev el 1 de marzo de 2001 y empezó a operar poco más de un año después como línea habitual.
Shanghái llegó a operar a una velocidad máxima de 431 km/h, aunque desde 2021 lo hace a 300 km/h. China copió la mejor ingeniería alemana para crear la primera línea de alta velocidad maglev del mundo.


