En EE.UU. quieren acabar con el 'Start Stop' y en España ya muchos conductores lo desactivan: ahorra un 5% de gasolina a cambio de quitar vida a la batería

A mediados de los 2000 empezó a extenderse el uso del sistema Start&Stop o parada y arranque para reducir el consumo y las emisiones en ciudad, pero provoca efectos perniciosos en el coche.
En la década de los 2000, los coches se empezaron a llenar de sistemas destinados a reducir la contaminación. Filtro de partículas, Start&Stop… más tarde el conocido como AdBlue. Sin embargo, estos dispositivos también tienen su contrapartida y ahora quieren acabar con ellos. Al menos, con el Start Stop en Estados Unidos.
Hay que decir que el Start&Stop es mucho más antiguo de lo que se cree. Ya en los 70 y 80 había coches que lo tenían, pero no se popularizó hasta mediados de los 2000, con la entrada en vigor de la normativa Euro5.
Esta tecnología tiene como finalidad reducir el consumo y, por tanto, las emisiones, sobre todo, en la ciudad. Según algunos estudios, ese ahorro puede ser de un 5% en condiciones de tráfico denso.
La duda que surge es si merece la pena ese ahorro, comparado con los problemas que puede ocasionar en el motor a medio o largo plazo, debido al mayor esfuerzo que supone para el motor de arranque y la batería.
De hecho, los coches con sistema Star Stop utilizan baterías mucho más caras que las de antes, porque necesitan mayor capacidad para soportar el mayor desgaste del motor de arranque.
No olvidemos que el momento de mayor demanda eléctrica en un motor es cuando se arranca y, si este proceso se repite con mucha mayor frecuencia, el estrés al que se someten los componentes es mayor.
El Start&Stop multiplica el desgaste del sistema de arranque y la batería

Los coches con Start&Stop hacen un uso más intensivo del sistema de arranque. Para soportarlo, utilizan baterías con acumuladores reforzados, generalmente, de tipo AGM o EFB, diseñadas para soportar un mayor número de ciclos de carga y descarga. También cuentan con motores de arranque específicos.
Pero, pese a que se utiliza una batería, en teoría, preparada para soportar mayores ciclos de arranque, es inevitable que el desgaste sea mayor. El motivo es muy simple: cada arranque exige un elevado pico de energía y una descarga significativa, seguida de su correspondiente recarga.
En realidad, es como en las baterías convencionales en coches sin sistema de parada y arranque, pero con mayor desgaste por lo que explicamos. Esto se traduce en una menor vida útil.
De media, una batería para un coche con Start Stop suele durar entre tres y cinco años, aunque aquí intervienen factores, como el tipo de conducción, si se circula con mayor frecuencia en ciudad o carretera, etc.
Cuanto más se abuse de una conducción urbana, más intervendrá el sistema y, por tanto, mayor será el desgaste. Y el coste de sustitución de una batería como esta también es mucho mayor, lo que aumenta el gasto de mantenimiento del vehículo.
Mayor eficiencia, pero menor vida útil y mantenimiento más caro

Con todo lo anterior y, teniendo en cuenta que el ahorro de combustible se estima en un 5% si se conduce exclusivamente en ciudad, la pregunta que muchos se hacen es obvia: ¿Merece la pena?
Igual que ocurre con otros sistemas anticontaminación de los coches, el Start Stop responde a una necesidad o, mejor dicho, a una obligación de la Unión Europea de reducir las emisiones de los automóviles, al menos, las cifras oficiales que homologan los fabricantes.
Sin embargo, provoca daños colaterales como los que hemos dicho. En otros casos, como el filtro de partículas, también ha generado fuertes dolores de cabeza en muchos usuarios.
Uno de los ejemplos más ilustrativos es el famoso motor PureTech de PSA (luego Stellantis). Cuando este motor se diseñó entre finales de los 2000 y principios de los 2010, no daba ningún problema con la correa bañada en aceite.

El problema vino más tarde, al incorporar el filtro de partículas como obligaba la Euro6 a los coches de gasolina a partir de 2016. Debido a un fallo de diseño, durante los ciclos de autorregeneración del filtro de partículas (para evitar su obstrucción), se filtraba gasolina por los segmentos hasta el cárter, donde se mezclaba con el aceite.
En el caso del Start Stop, el desgaste es imperceptible, hasta que empiezan a aparecer algunas señales, como que el sistema no se active automáticamente o algunas dificultades al arrancar.
Esto ha llevado a muchos conductores a desactivar el sistema Start&Stop para evitar problemas. El inconveniente es que hay que desconectar el sistema de manera manual cada vez que se utiliza el coche y, en algunos modelos, es tan sencillo como pulsar un botón de la consola, pero en otros hay que hacerlo desde algún menú de la pantalla.
Incluso, en Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA), ha anunciado que quiere eliminar los incentivos que durante más de una década impulsaron su adopción masiva en muchos turismos y todocaminos.
Ya el año pasado, Lee Zeldin, actual administrador de la agencia, dijo en X que estaban estudiando eliminar el Star-Stop: “Tecnología de start/stop: donde tu coche se apaga en cada semáforo en rojo para que las empresas reciban un trofeo por su participación climática. La EPA la aprobó, y todos la detestan, así que la estamos arreglando”.
En resumen, el ahorro en combustible es mínimo y no merece la pena, comparado con los problemas que puede ocasionar, el mayor estrés de los componentes eléctricos y el desgaste acelerado de la batería. Para prolongar la vida útil del vehículo, lo mejor es desconectar el Start Stop.

