El sistema start/stop de los coches podría tener los días contados

Viene de serie en todos los coches modernos, pero Trump y el gobierno estadounidense han movido ficha para dejarlo fuera de juego.
El sistema start/stop, esa tecnología que apaga automáticamente el motor cuando el coche se detiene en un semáforo y lo vuelve a encender al levantar el pie del freno, por su naturaleza misma siempre ha generado controversia. Hay quienes están a favor, otros consideran que perjudica la vida útil del coche… y en esta tesitura ha sido Estados Unidos la que ha entrado como un elefante en una cacharrería para ponerle final.
La Agencia de Protección Ambiental, la Environmental Protection Agency (EPA), ha anunciado un giro regulatorio que amenaza con eliminar los incentivos que durante más de una década impulsaron su adopción masiva en turismos y SUV de prácticamente todas las marcas.
El detonante ha sido la decisión de la actual administración de revisar y derogar la llamada “Declaración de Peligro” aprobada en 2009 durante el mandato de Barack Obama, un marco legal que permitía a la EPA regular las emisiones de gases de efecto invernadero de los vehículos nuevos.
Es más, en el paquete de cambios anunciado, el organismo también elimina los denominados “créditos fuera de ciclo”, que son mecanismos que permitían a los fabricantes contabilizar reducciones adicionales de emisiones gracias a tecnologías que no siempre se reflejaban plenamente en las pruebas de laboratorio. Entre ellas, el sistema start/stop, que ha sido el que tenía la diana más grande pintada en la espalda.
El administrador de la EPA, Lee Zeldin, ha celebrado el movimiento de manera pública. En su anuncio oficial en la red social ‘X’, anteriormente conocida como Twitter, citó una publicación que él mismo realizó en mayo del año pasado en la que afirmaba: “Tecnología de start/stop: donde tu coche se apaga en cada semáforo en rojo para que las empresas reciban un trofeo por su participación climática. La EPA la aprobó, y todos la detestan, así que la estamos arreglando”.
En una respuesta citando esa misma publicación, Zeldin expuso: “Como parte de la derogación de hoy de la Declaración de Peligro de la EPA de Obama de 2009, la EPA de Trump también está TERMINANDO con todos los créditos fuera de ciclo, incluyendo... la función de arranque y parada casi universalmente ODIADA en los vehículos”.
El movimiento está alineado con la política ambiental de la administración de Donald Trump y refleja una visión crítica hacia una medida regulatoria que, según el ejecutivo actual, solo sirvió para encarecer los vehículos sin aportar beneficios proporcionales para los consumidores.
El sistema start/stop, introducido de forma masiva en la década pasada, fue concebido para reducir el consumo de combustible y las emisiones en entornos urbanos, donde los periodos al ralentí representan una parte significativa del uso del vehículo.
Desde el punto de vista técnico, la lógica es sencilla: al detenerse el vehículo, el motor se apaga automáticamente y evita quemar combustible innecesariamente. Cuando el conductor suelta el freno o pisa el embrague, el motor vuelve a arrancar inmediatamente. Esto, según datos de la propia industria, puede suponer un ahorro de combustible de entre un 3 % y un 8 % en conducción urbana, dependiendo del modelo y del tráfico.
Sin embargo, a pesar de sus teóricas ventajas, la aceptación entre los conductores ha sido desigual. Las críticas que se hacen al sistema son variadas: la vibración al reanudar la marcha, la sensación de respuesta menos inmediata y, sobre todo, algo que apoyan muchos mecánicos, el desgaste potencial de componentes como el motor de arranque y la batería. Esto último es lo que genera más controversia, aunque los fabricantes insisten en que es algo que no ocurre.
La mayoría de los vehículos incorporan un botón para desactivar manualmente el sistema, aunque vuelve a activarse automáticamente al reiniciar el coche, lo que hace que sea algo tedioso.
El movimiento del gobierno de Trump, con la eliminación de los créditos regulatorios, no implica una prohibición directa del start/stop, pero sí supone una reducción considerable del incentivo para que las marcas lo mantengan en sus coches.
Sin la posibilidad de sumar décimas de rebaja de emisiones y de consumo en las pruebas de eficiencia gracias a estos sistemas, deja de servirles para presumir de coches más limpios o que gasten menos, así que los fabricantes podrían optar por simplificar sus gamas y recortar costes, especialmente en un mercado como el estadounidense y en modelos de combustión tradicional que no dispongan de tecnología híbrida.
A pesar de ello, el impacto real de esta medida no depende tanto del gobierno como sí de la estrategia de cada fabricante a nivel global. Muchas marcas desarrollan sus plataformas para múltiples mercados, incluidos la Unión Europea y Asia, donde las exigencias ambientales siguen siendo más elevadas. Es por eso que modificar sus coches eliminando el start/stop solo para Estados Unidos podría ser algo que no les salga muy a cuenta a nivel económico.

