Reportaje

El ocaso 
de Detroit

El ocaso 
de Detroit

Pablo Lucas Medina

02/05/2011 - 11:31

Si una imagen vale más que mil palabras, Detroit es la viva estampa de la crisis que padece la industria del automóvil estadounidense. AUTOBILD.ES pudo comprobarlo.

Cuando le comenté a unos amigos con los que habíamos quedado para cenar en Nueva York que la ruta por Estados Unidos (véase AUTO BILD número 200), incluía una visita a la ciudad de los coches, las reacciones adversas no se hicieron esperar: “¿Pero estáis locos? Detroit es muy peligroso. No se os ha perdido nada allí.” Y aun así, con esas credenciales, nos echamos a la carretera con la firme idea de visitar Detroit. “No creo que sea para tanto. Al fin y al cabo es la sede de las llamadas Big Three (Las tres grandes; Chrysler, Ford y General Motors)”, me dije.

El impresionante Renaissance Centre, donde se ubica la sede mundial de General Motors.

Sin embargo, incluso a unos 30 kilómetros de alcanzar Detroit, por la autopista interestatal 75, ciertos síntomas confirmaban los peores augurios. Y es que a diferencia de lo sufrido a la entrada de otras grandes urbes estadounidenses, donde los accesos a la ciudad siempre están fuertemente congestionados, en Detroit apenas había tráfico. Y eso que eran las 11.00 h de un día laborable.

Vista aérea de Detroit

A las puertas de la ciudad, cuando ya se distinguían los rascacielos, unas obras obligaban a desviarse por las vías de servicio y allí los augurios pasaron a ser verdades como puños. Por precaución, eché el cierre del coche. Más vale prevenir. Ante mí se presentaba una imagen bastante decadente. Es cierto que el día tampoco acompañaba, con un cielo encapotado, aunque temperatura agradable, pero no encontrar casi ni un alma por la avenida Michigan (para hacerse una idea, como el paseo de la Castellana de Madrid, al entrar por la A-1) e hileras de edificios abandonados o cerrados con el cartel For lease (Se alquila) me causó mala impresión. Una sensación que se terminó de confirmar una vez en el mismo downtown (centro urbano) de Detroit, mientras bajaba Washington Boulevard. Aquello era lo más parecido a la impactante escena de la Gran Vía madrileña en la película Abre los ojos. Detroit, una ciudad fantasma. 

Todo suena a motor en Detroit: el Casino MotorCity

La ciudad más antigua del medio oeste

Tras recorrer un par de calles sin que mi vacilación al volante supusiera bocinazo alguno (no había apenas coches), bajamos hasta la avenida Jefferson para recalar en uno de los puntos más turísticos de la ciudad: el Hart Plaza, el parque donde se alza la estatua del explorador francés Antoine de Lamothe Cadillac, quien en 1701, y al mando de una expedición de 200 campesinos y nativos americanos, desembarcó en ese mismo punto y estableció un fuerte y un centro de comercio de pieles al que llamó Cité d’Etroit (Ciudad del Estrecho, en francés), por los 43 kilómetros de agua que separan esta urbe del lago Erie y de Canadá.

Estatua de Antoine de Lamothe Cadillac, fundador de Detroit, en el Hart Plaza

¿Te imaginas la plaza de Colón, en Madrid –o cualquier otra Plaza Mayor de una localidad española–, o Trafalgar Square, en Londres, sin un alma? Así estaba el Hart Plaza, solitario, tanto que incluso daba canguelo estar ahí. Máxime cuando a lo lejos surgió de la nada un enorme bigardo de raza negra emulando a Rocky Balboa, casi enfrente justamente de donde se encuentra el monumento al mítico boxeador Joe Louis, más conocido como el bombardero de Detroit.

Monumento en homenaje al boxeador Joe Louis

Resulta sorprendente esta soledad en un lugar tan emblemático y junto al imponente Renaissance Centre, donde se ubica la sede mundial de General Motors, un tótem visible a decenas de kilómetros, y muy cerca del circuito urbano que acogió el GP de Detroit de Fórmula 1 desde 1982 hasta 1991.

Sin atascos ni ruidos en el casco urbano: la céntrica avenida Woodward y el resto de las adyacentes presentaban este aspecto

Crece el desempleo y desciende la población

Nadie diría que en donde hoy se ve soledad y abandono en 1913 se escribió uno de los capítulos más importantes en la historia del automóvil: la invención de la producción en cadena por parte de Henry Ford. Este hito, junto al estratégico emplazamiento de esta urbe, propició el surgimiento de otras marcas, como Cadillac, Chevrolet, Dodge u Oldsmobile, lo que convirtió a Detroit en la Motortown, la Ciudad del Motor.

Escultura del Espíritu de Detroit

De ser el símbolo del sueño americano, Detroit parece estar viviendo una suerte de pesadilla. Con una tasa de desempleo que supera el 21% y una pérdida de población del 4,1 por ciento (unas 40.000 personas) con respecto al año 2000, según datos del Metropolitan Statistical Area, la Motortown ya no es la ciudad bulliciosa y dinámica de antaño.

Años dorados: estampa de los años 20, en la confluencia de la avenida Michigan y la calle Griswold. Nada queda de ese bullicio.

Atrás quedan los años dorados, en los que más de la mitad de la producción mundial de coches provenía de Detroit. Y es que, a pesar de los brotes verdes –el Plan CARS [Plan Renove de EEUU] impulsado por el presidente Obama ha permitido que las ventas de coches hayan subido en agosto por primera vez en los últimos 21 meses, con un aumento del 1% respecto al mismo mes de 2008–, parece que la situación no va a mejorar a medio plazo.

A los pies del Renaissance Centre se halla el túnel que conecta la orilla canadiense con la estadounidense. En la entrada a Detroit hay un enorme cartel que reza: Bienvenidos a Michigan. Tierra de grandes lagos y grandes momentos. A veces, el destino tiene un pésimo sentido del humor... 

The Heidelberg Project: El automóvil como símbolo artístico de protesta

En una ciudad en la que las calles, los hospitales, los estadios e incluso un sello musical (la discográfica MoTown, de la que salieron Aretha Franklin y Stevie Wonder, entre otros) llevan nombres relacionados directa o indirectamente con el automóvil, es lógico que el coche sea también vía de expresión artística. Buena prueba de ello es The Heidelberg Project, una especie de protesta artística contra el deterioro de cierta parte de la ciudad de Detroit tras los disturbios raciales de 1961. Creado por Tyree Guyton y su abuelo Sam Mackey, The Heidelberg Project (sito en la calle del mismo nombre) es un entorno al aire libre en el que la chatarra resultante de  la batalla campal se ha convertido en arte.

Fotos: AUTO BILD España, Heidelberg Project Archives, Wikimedia Commons, fabricante

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