Prueba

Mazda CX-5 2.2 D 2WD Style, ¿lo dejas escapar?

David López

23/10/2012 - 11:45

El nuevo Mazda CX-5 2.2 D compite contra el Nissan Qashqai, VW Tiguan y el Kia Sportage. Ellos son los reyes de los SUV medios esta temporada pero, el japonés, quiere hacerse valer con su interesante producto.

En el Mazda CX-5 2.2 D, como todos los coches de Mazda, he encontrado un toque muy dinámico. Ellos lo llaman Zoom- Zoom y me dí cuenta hace muchos años cuando probé el primer Mazda6, el genuino Mazda MX-5 y coches como el SUV CX-7: me encantó (y eso que es un modelo más enfocado al mercado americano). Ahora, me toca subirme al nuevo CX-5. Voy a ir al grano, lo que más me ha gustado de este coche es su motor. Se trata de un bloque diésel de 2,2 litros con 150 CV que ofrece un rendimiento bueno en cualquier régimen del tacómetro. ¿Su secreto? Los dos turbocompresores que utiliza. Al contrario que sus rivales, en Mazda piensan que es mejor usar un par de turbos: uno pequeño a bajas vueltas que necesita menos inercia para mover sus aspas y otro más grande que actúa solo en los regímenes más altos. Además, en la zona media del cuentavueltas los dos turbos trabajan a la vez. ¿Qué consigue con esta solución? Sobre todo un empuje espectacular a bajas revoluciones y 380 Nm de par máximo constantes entre 1.800 a 2.600 rpm. Gracias a ello, el Mazda CX-5 se permite el lujo de bajar de los 11 segundos en la recuperación del 80 a 120 km/h en sexta velocidad (simula el adelantamiento a un vehículo lento) y deja clavado a la mayoría de sus rivales. Este motor todavía tiene guardados otros ases en la manga.

El principal es lo poco que consume. Por supuesto, los 4,6 l/100 km oficiales que anuncia Mazda me parecen una promesa difícil de cumplir. Puede que haciendo una conducción muy eficiente, sin usar el aire acondicionado y con unas condiciones climáticas óptimas se pudiera conseguir ese dato. No obstante, durante mi ruta de pruebas habitual ha gastado 6,2 litros de media, que es una cifra muy buena para una carrocería tan voluminosa como la de este coche. Es más, si te animas a circular más deprisa, comprobarás que es muy complicado que el consumo del Mazda CX-5 2.2 D se dispare hasta más allá de los 7,4 l/100 km.

Por cierto, el sistema Start-Stop ayuda en estas lides, pero su funcionamiento no es el mejor del mercado. Resulta demasiado lento al arrancar de nuevo el motor y me ha dejado vendido en alguna que otra glorieta. Un notable en comportamiento. Donde no tengo ni una sola crítica es en dinamismo. Los ingenieros de Mazda saben poner muy bien a punto sus chasis y con el nuevo CX-5 me lo han vuelto a demostrar.

¿Y el habitáculo? Sin duda resulta amplio, está bien resuelto ergonómicamente y las plazas traseras presumen de más espacio que sus rivales. Por ello, puede darse el lujo de ofrecer más hueco para las piernas a los pasajeros que un Hyundai ix35 o un Nissan Qasqhai. De su carrocería lo único que no me gusta son sus retrovisores: son tan grandes que quedan muy expuestos a golpes. Otra ´pega´, por precio no entra dentro del Plan PIVE.

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