Prueba

Alfa Romeo 4C: te toca la fibra

Kike Ruiz

El Alfa 4C es justo lo que te imaginas: un deportivo fabricado por y para conductores de verdad. No hay concesiones a nada que no sea transmitir sensaciones puras al volante

Alfa Romeo estaba en deuda con los más puristas de la marca y ha sabido cómo resarcirse de sus pecados. ¡Alfistas, el Alfa 4C es pura autenticidad, historia de la marca teletransportada a 2014! Lo diré de otra forma: deportivos hay muchos, y bastante más potentes que éste, pero ninguno sabe transmitir con tanta fidelidad lo que significa la palabra deportividad.

Por eso, este Alfa 4C no se ve invadido de tecnología, ni tiene motores eléctricos en sus tripas, ni Start-Stop, ni regeneración de la frenada, ni nada que no tenga que ver única y exclusivamente con la conducción. No hay lujos en su interior, ni un maletero decente para una escapada de fin de semana. Tampoco sus suspensiones te van a tratar con excesiva comodidad.

Y olvídate si crees que este biplaza es un rival directo de un Porsche Cayman, porque no lo es. En realidad pertenece a un mundo muy diferente. Por eso su monocasco está fabricado en fibra de carbono, la suspensión delantera es de doble triángulo (como en competición) y no lleva dirección asistida.


Pero vayamos al grano. Giro la llave y un cuatro cilindros sobrealimentado despierta justo detrás de mí. Con 241 CV te estarás preguntando si son suficientes. Voy a comprobarlo. Elijo el modo Race del sistema DNA, piso el freno con el pie izquierdo y acelero con el derecho. En ese momento, bajo una marcha con la leva izquierda y el motor sube de vueltas hasta su parte más alta. El sonido en el habitáculo es ensordecedor... Suelto el freno y el Alfa 4C sale parapetado hacia adelante con una sacudida instantánea.

El ruido del turbo es muy alto y no precisamente bonito. Tal es su intensidad que dudo que puedas hablar con tu acompañante sin gritar. De todas formas, no creo que con la adrenalina borboteando por sus venas tenga mucho qué decir: en 4,6 segundos ya estás rodando a 100 km/h y el Alfa 4C (Jorge Lorenzo también ha probado un Alfa 4C)  sigue subiendo de velocidad con una facilidad pasmosa. Una vez más, se demuestra que para lograr unas prestaciones de infarto no hay que sobrepotenciar los motores, sino reducir los kilos.

Hundo el pie en el freno y afronto el primer giro. El morro obedece milimétricamente a una dirección tan precisa como rápida. No hay inercias con las que pelear. El 4C vira plano y los límites de adherencia de su tren delantero llegan a tus manos con mucha claridad. Solo ha sido una curva, pero el 4C ya me ha demostrado que cumple con lo que se espera de él.

Acelero a la salida como un demonio. Esperaba más trabajo al volante, pero la zaga ni se inmuta: nada de sobreviraje. La tracción es increíble. ¿Pegas? Las hay. El cambio de doble embrague parece no querer mimetizarse con la deportividad del resto del coche. Se me antoja algo lento, un pequeño detalle que podré perdonar, porque este purasangre me va a regalar una mañana llena de ese tipo de sensaciones que ya no hacen.

Por cierto, te dejo con el vídeo de la espectacular versión descapotable: el Alfa Romeo 4C Spider 2015:


Imagen de perfil de Kike Ruiz

Redactor de AUTO BILD

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