Prueba Mercedes EQE SUV 350: quizá no sea la mejor opción

Luces y sombras.

Una marca de la que hay poco que decir. Mercedes se asocia a lujo, comodidad y calidad. Y en este contexto, creo que la electrificación le sienta de maravilla a los de Stuttgart. Espera, antes de enrollar esta revista y tirarla por la ventana, déjame que me explique: la suavidad innata de estos motores le pega mucho. 

Puede que pienses que un Mercedes EQE SUV con un V6 bajo el capó sería tremendo. Yo también, pero tengo claro que los eléctricos han llegado para quedarse, al menos en Europa, por lo que más nos vale acostumbrarnos.

Al comenzar el test tengo la sensación de que es apabullante. La pantalla central es enorme y me permite elegir entre dos diseños, a cada cual más atractivo. La definición es espectacular y la lógica de manejo es eso, lógica, lo que no se puede decir de otros coches. 

Además, se puede controlar con la voz (creo que es uno de los mejores sistemas que existen y dejarás alucinado al vecino cuando se lo enseñes), pero hay veces que hablar con una máquina no es precisamente lo que necesitas.

En marcha disfruto de una calidad de rodadura elevada. ¿89.500 euros de calidad de rodadura? Creo que no. La conducción está muy bien, y la estabilidad lineal está fuera de toda duda. También el confort dentro del habitáculo a pesar de montar llantas de 22 pulgadas, aunque que la suspensión es algo dura.

También tiene los típicos modos de conducción que podrías esperar en un eléctrico. El Eco lo descartarás porque convierte el tacto del acelerador en algo pastoso y poco sensible. Si pones el modo Sport todo es más i mediato, pero la dirección me parece artificialmente dura. Al final, un modo individual será tu mejor aliado.

Una vez en marcha, en ciudad es impecable y silencioso. Tiene buena visibilidad y no se mueve mal entre semáforos. En autopista el muro de aire que hay que romper es siempre tu enemigo, pero como ruedas en un silencio casi absoluto no sientes que las baterías de 89 kWh estén sufriendo para alimentar a los 292 CV encargados de desplazar sus casi 2,6 toneladas y 4,86 metros de chapa.

Donde lo pasa peor este SUV eléctrico es en zonas con curvas (también lo puedes extrapolar a zonas de rotondas), donde el elevado peso quiere cobrarse su peaje y tiende a expulsarte de la línea ideal. La electrónica y un chasis muy bien puesto a punto lo impiden.

En este apartado, lo único que le podría echar en cara es un tacto muy artificial del pedal del freno. Al final te acostumbras, pero no te invita a disfrutar de su conducción sobre raíles ni de la aceleración tan instantánea de sus dos motores. 

Conclusión

Quizá me esperaba una experiencia "más Mercedes": mayor suavidad, mayor confort de marcha. Y si tienes en cuenta que si te descuidas puedes gastarte 20.000 euros en extras que otros coches de 30.000 euros llevan de serie, quizá no es la mejor opción...

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