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Prueba del Ford Mustang Shelby GT 500. El más potente de la historia

Todos hablan de coches eléctricos, híbridos enchufables y límites de velocidad. La contraparte de esto es el Ford Mustang Shelby GT 500. ¡AUTOBILD ya se ha puesto al volante de este elegante a la par que brutal pony car! No en vano, hablamos de la versión más potente de este modelo hasta la fecha. Bienvenido a la prueba del  Ford Mustang Shelby GT 500.

Empezamos por lo que hay debajo del capó: un potente compresor sopla en un bloque de 5,2 litros y ocho cilindros, que al arrancar cobra vida tan ruidosamente que lo sacude hasta el núcleo. Y no hablo solo del coche. Incluso con los datos de rendimiento de este Ford son para perder la cabeza: 760 CV y 847 Nm de par más, ¡nunca fue un Mustang más potente! Y eso que ya van unas cuantas décadas desde su nacimiento…

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Y nunca se vio más peligroso. Porque incluso si no optas por el kit de carbono opcional, los ojos y la boca de los transeúntes se quedan congelados, y bien abiertos a tu paso. Y no exageramos. Es una situación que se da sí o sí cada vez que sacas a pasear a la calle a este pony: el Ford Mustang, incluso en su forma más pura es un espectáculo maravilloso.

¡A rodar!

El empuje es enorme y, sin embargo, han limitado su velocidad máxima a 290 km/h. Esta medida tiene una explicación: el desarrollo de un GT 500 capaz de mantener con todas las garantías velocidades más altas hubiera sido, simplemente, demasiado costoso. El dinero ahorrado lo han preferido gastar los responsables de Ford en aerodinámica, suspensión y transmisión. Y nosotros alabamos esta decisión, con la que estamos absolutamente de acuerdo.

Prueba del Ford Mustang Shelby GT 500
Ford

Con los botones en el volante de Alcántara, puedes influir en el comportamiento de la dirección. Y no tienes por qué ser demasiado ambicioso en carreteras sinuosas. Incluso el modo Normal, la sensación de control es magnífica, y nadie realmente necesita los modos Sport y Track a menos que te metas en un circuito a batir récords contra el crono, porque los neumáticos de 305 en la parte delantera y 315 detrás encajan y se agarran perfectamente con la superficie de la carretera.

Esto también se aplica al ajuste del amortiguador, ya que el GT500 es una máquina sólida, y aunque prioriza la firmeza y el aplomo, ofrece algunas reservas de confort. Eso sí, este es un aspecto residual en este coche. 

En cuanto a los acabados...

Uno debe hacer la vista gorda al interior, si no quiere que se le minore el entusiasmo: el nivel de los acabados es, en el mejor de los casos, mediocre, y el manejo de los elementos de control es, digamos, correcto. Y los instrumentos ya tienen algunos años, lo que no solo se nota en su diseño, sino también en su funcionamiento. Y es que la pantalla del navegador no es especialmente grande para lo que se estila hoy en día, los gráficos parecen diseñados con desgana, y el aspecto y tacto de los botones y palancas son baratos.  El control del clima recuerda a los años 80. ¿Una concesión nostálgica al Mustang?

Prueba del Ford Mustang Shelby GT 500
Ford

Conclusión

Pero quién molesta eso una vez le das al contacto. Porque vas perfectamente encajado en unos asientos deportivos muy bien contorneados, y este bólido ta hace sentir como si fueras sentado sobre una bala de cañón cada vez que hundes el pie derecho. Un coche concebido para satisfacer a los más fanáticos de los pony cars

Tanto empuje, tanta diversión, tanta lujuria por 72.900 dólares. No es tan caro, porque lo que ofrece es difícilmente mesurable.

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