Las ITV lo tienen claro: estos son los defectos más comunes en invierno y sus soluciones

Las bajas temperaturas afectan a muchos elementos del coche: parabrisas, neumáticos, frenos, motor, sistema de suspensión y batería, Hay que cuidarlos.

Llevar el coche a punto es algo que hay que hacer durante todo el año, pero son en las épocas de temperaturas más extremas donde hay que hacer especial hincapié. El calor del verano es malo, pero el frío del invierno puede provocar muchos fallos. ¿Cuáles son los más habituales? Las ITV lo tienen claro.

AECA-ITV ha elaborado una lista con los que son los defectos más comunes que se encuentran en los vehículos en la temporada invernal, algunos conocidos de sobra y otros a los que no se les suele prestar la atención que debe, pero todos ellos igual de importantes si se quiere circular con seguridad y evitar averías innecesarias.

El primero de ellos pertenece al segundo grupo: todo lo relacionado con la visibilidad. El invierno es la época del año en la que hay menos horas de luz, lo que, sumado a la presencia de circunstancias climáticas adversas como la lluvia, la nieve o la niebla, hacen que ver en la carretera sea más complicado de lo habitual.

Es por eso que hay que poner especial cuidado a todo lo relativo a ello. El ejemplo principal es el del parabrisas, que con las bajas temperaturas se puede congelar, lo que dificulta de sobremanera la visibilidad. 

Para solventar este problema lo mejor es optar por el parabrisas calefectable, en caso de tenerlo. Si no, hay soluciones caseras como echar alcohol puro o poner la calefacción enfocando al cristal, para que el hielo se derrita. 

Una vez esté algo más flojo, rascar con una rasqueta o con una tarjeta es una buena opción, pero nunca hay que echar agua caliente, pues el choque de temperaturas puede hacer que el cristal rompa.

Relacionado con esto está el hecho de comprobar que todas las luces funcionan como deben, tanto para ver como para ser visto.

La batería es uno de los elementos que peor lo pasan con las bajas temperaturas, puesto que pierden parte de su potencia cuando el termómetro se acerca a los 0 grados o incluso se queda por debajo de estos. 

En el caso de los coches eléctricos el problema es mayor, puesto que afecta directamente a la autonomía de la que disfrutan. 

Algo que se repite por activa y por pasiva es la importancia de que los neumáticos estén siempre en buenas condiciones, pues son los únicos que ponen en contacto el coche con el asfalto y juegan un papel clave en la seguridad.

Con lluvia y heladas es necesario que tengan la presión adecuada y suficiente dibujo (no menos de 3 mm) para proporcionar suficiente agarre y tracción. Si hay nieve, es posible que haya que poner cadenas o directamente montar los neumáticos de invierno.

Otro aspecto clave son los frenos. Teniendo en cuenta que el pavimento está normalmente o mojado o a baja temperatura, las distancias de frenado son mayores, lo que aumenta la posibilidad de accidente.

Una manera de evitarlo es circular con mayor precaución, pero también ser consciente de que si las temperaturas son muy bajas, al iniciar la marcha, los frenos no responderán como deben y será solo al tiempo, cuando estén calientes, cuando podrán rendir a sus máximas prestaciones. 

El corazón del coche, el motor, también sufre con el frío. Es de sobra conocido que si las temperaturas son bajas, hay que tratarlo con gentileza, dejándolo arrancado al ralentí un poco para que coja calor antes de emprender la marcha y, una vez en movimiento, circular de manera suave hasta que esté en su punto.

Esto es importante porque hay que dar tiempo a que el aceite se caliente y lubrique como es debido todos los componentes sobre los que tiene que actuar.

Es algo que depende del tipo de aceite, si es 20W, aumentará su viscosidad cuando la temperatura baje de los -10ºC/-15ºC y perderá parte de sus propiedades, pero los 10W no se ven afectados por la bajada de las temperaturas.

Por último, un elemento al que no se le suele prestar mucha atención: el sistema de suspensión. Si los amortiguadores están mal estado se compromete la estabilidad del vehículo, su respuesta en curvas, aumenta el riesgo de patinar y de ‘aquaplaning’, y también es posible que los neumáticos se desgasten más y de manera irregular.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España