Fue el país pionero en implantar las ZBE, pero ahora Francia se echa para atrás. La razón no es la contaminación

En Francia han votado abolir las Zonas de Bajas Emisiones (allí llamadas Zones á Faibles Émissions) y el motivo para ello es la discriminación social.
Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) son algo común en España, donde se supone que todos los municipios con más de 50.000 habitantes deben tener una. Sin embargo, nuestro país no fue pionero en su implantación, es algo que corresponde a Francia… que ahora ha decidido eliminarlas.
Cabría pensar que el motivo para llevar a cabo un movimiento tan drástico tendría que ver con la contaminación, pero no: la razón por la que se van a eliminar es porque crean un cisma social, puesto que se considera que afectan de manera mucho más negativa a las personas con pocos recursos que no se pueden permitir adquirir coches más limpios.
Se implantó en 2019 (bastante antes que en España) y en 2021 se amplió para que cubriera más terreno. Como en otros países, su objetivo era reducir la contaminación, que provocaba enfermedades respiratorias y 40.000 muertes al año, según los datos del Ministerio de Salud de Francia.
Sin embargo, tras unos años activas, se había creado una comisión especial para examinar el proyecto de ley sobre la “simplificación de la vida económica” y, tras la votación, el resultado fue la abolición de las ZBE, que en Francia reciben el nombre de Zones á Faibles Émissions, por lo que se identifican como ZFE.
En este tipo de votación mediante escrutinio público, cada diputado es llamado para pronunciarse en voz alta respecto a lo que se está votando.
En esta ocasión el resultado fue de 26 votos a favor, 11 en contra y 9 abstenciones; pese a los intentos de Marc Ferracci, Ministro de Industria y Energía, de convencer a los diputados para que retirasen sus enmiendas.
Según recoge el medio LCP Asasembleé Nationale, quiso apuntar que “un cierto número de experimentos, sobre todo en el extranjero, han demostrado que las ZFE tienen un efecto [...] sobre la reducción de las emisiones”, aludiendo a que en otros países, como por ejemplo España, también se ha adoptado este tipo de medidas.
De hecho, la ministra de Transición Ecológica, Agnès Pannier-Runacher, también quiso apoyar ese enfoque en un comunicado oficial en el que señaló que “en las dos aglomeraciones urbanas en las que están en vigor las ZFE, es decir, Lyon y París, la concentración de dióxido de nitrógeno se ha reducido en más de un tercio”.
Sin embargo, la división de opiniones estaba servida.
Sandrine Nosbé, de La France Insoumise, se abstuvo, como ocurrió con otros diputados de izquierda, pero recalcó el problema que ven en estas Zonas de Bajas Emisiones: “Las ZFE se desarrollaron sin que se desarrollaran alternativas eficaces al coche privado”.
Es algo que se ha considerado como clasista en la sociedad francesa y es que se percibe que son medidas que perjudican principalmente a las personas de clase baja.
Es algo que también se comenta a menudo en nuestro país. Y es que, por norma general, quien tiene un coche muy antiguo y contaminante, no lo tiene porque quiera, si no porque no le queda otra. En esa circunstancia, obligarles a cambiar de automóvil o dejarles sin movilidad privada se antoja como algo injusto.
De manera paralela, aquellos que tienen unos ingresos mayores y una situación económica más boyante, no tienen problema para adquirir vehículos más ecológicos, ya sean con etiqueta ECO o CERO de la Dirección General de Tráfico (DGT), puesto que son los más caros que se venden (en promedio) en la actualidad.
Volviendo al caso de Francia, durante la votación fueron los portavoces de los partidos de derechas los que fueron más vocales respecto a la situación.
Ian Boucard, de Derecha Republicana, admitía que tenían “un objetivo loable, pero las ZFE agravan las desigualdades sociales al penalizar a los hogares con bajos ingresos [...] obligados a elegir entre costes adicionales importantes para comprar un nuevo vehículo limpio o renunciar a viajar”.
Pierre Meurin, de Agrupación Nacional, apuntó en la misma dirección: “[Las ZFE] son inútiles para mejorar la calidad del aire y crean una fuerte herida social, un separatismo territorial”.
Sin embargo, todo esto dista mucho de haber terminado y es que en la actualidad, aunque la mayoría de los parlamentarios están de acuerdo en que las ZFE no funcionan como deben, no tienen claro qué es lo que debe ocurrir con ellas.
Hay quienes abogan porque se produzca una eliminación completa de las mismas, algo que implicaría entrar en conflicto con la legislación medioambiental existente en la Unión Europea, mientras que otros se conforman con que se retrase su implantación cinco años allí donde por volumen de población haya que instaurarlas.
