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Conducir tras un ictus: cuándo y cómo se puede hacer

Conducir tras un ictus: cuándo y cómo se puede hacer

Es la primera causa de discapacidad grave, física e intelectual, y de dependencia en los adultos españoles. A esto hay que añadir que se ha convertido en el segundo motivo de muerte en España y en el primero para las mujeres. El ictus es un problema de salud más frecuente e importante de lo que se piensa y aún genera muchas dudas: ¿cuándo y cómo se puede conducir tras sufrir un ictus?

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Antes de entrar de lleno en los que nos dice el Reglamento General de Circulación, es necesario hacer un repaso. Un ictus es una enfermedad que afecta a los vasos sanguíneos que suministran la sangre al cerebro y hay dos tipos:

  • Ictus hemorrágico o hemorragias cerebrales: se producen cuando un vaso sanguíneo se rompe.
  • Ictus isquémico o infartos cerebrales: ocurren cuando una arteria se obstruye por la presencia de un coágulo de sangre.
Conducir tras un ictus: cuándo y cómo se puede hacer

En España, cada año, el ictus afecta a unas 120.000 personas: 80.000 fallecen o presentan alguna discapacidad. Hoy en día y tras haber sufrido esta enfermedad, más de 300.000 españoles tiene alguna limitación en su capacidad funcional. Y es que el daño cerebral adquirido puede ser irreparable y dejar secuelas graves que repercuten en su calidad de vida. Y, efectivamente, conducir entra dentro de ese día a día de los afectados.

Conducir tras un ictus: qué dice la ley

Un ictus supone un riesgo vial por las consecuencias que puede ocasionar a la hora de circular al volante de un coche: hemiplejia, alteraciones del campo visual, mala orientación espacial, lentitud de reflejos, dificultades de atención, dificultad para leer o interpretar signos y deterioro intelectual. Además, existe el riesgo de que los efectos secundarios de la terapia farmacológica afecten a esa conducción y la posibilidad de sufrir un nuevo ictus mientras circulan.

Conducir tras un ictus: cuándo y cómo se puede hacer

Para una persona que ha sufrido un ictus, conducir es una tarea complicada porque afecta a aspectos cognitivos,  motores y perceptivos. Volver a ponerse al volante dependerá mucho de las secuelas. En este sentido, la normativa española regula las capacidades psicofísicas necesarias para conducir vehículos tras sufrir accidentes isquémicos transitorios o recurrentes:

  • Ataque isquémico transitorio: el Reglamento General de Conductores prohíbe conducir vehículos hasta que, al menos, pasen seis meses sin manifestaciones neurológicas. Eso sí, dependiendo de cómo sean estas secuelas y con un con informe del neurólogo, en algunos casos se podrá conducir turismos. 
  • Ataque isquémico recurrente: no se permite conducir vehículos.
Conducir tras un ictus: cuándo y cómo se puede hacer

Pasar el reconocimiento de nuevo

Después de haber sufrido un ictus, el conductor tiene que volver a pasar el reconocimiento médico al que el resto de usuarios se enfrenta cuando se saca por primera vez el carnet o cuando lo renueva.

Hay que tener en cuenta que, en estos casos, los permisos no tendrán la misma vigencia que los ordinarios porque se trata de un caso extraordinario. Además, podrán estar acompañados de algunas limitaciones para facilitar al paciente la conducción como, por ejemplo, la prohibición de circular por autopistas o permitirle únicamente conducir hasta su trabajo.

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Por último, si un conductor no está de acuerdo con los resultados del informe del centro médico, puede solicitar una revisión complementaria a una instancia superior. Para ello, tendrá que acudir a la Jefatura Provincial de Tráfico para pedir que su caso sea revisado por la Consejería de Sanidad de su comunidad autónoma. Ésta podrá, junto a Tráfico, realizar un examen de conducción real para comprobar si se le han prescrito las adaptaciones idóneas para su caso o si conduce correctamente.

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