No, en 1974 no existía un motor de coche que funcionaba con agua

En 1974, un mecánico francés inventó un motor de coche que funcionaba con agua, aunque, en realidad no era así: utilizaba una mezcla de agua y alcohol.
En 2019, empezó a circular por las redes sociales un vídeo de un coche cuyo motor funcionaba con agua y no contaminaba, creado en 1974 por un mecánico francés. Pero no, no hubo un motor que funcionaba con agua.
Según Agence France Press, en dicho vídeo, grabado en la ciudad francesa de Ruan, aparecía un Citroën DS que, supuestamente, funcionaba con agua: “Este coche puede circular a velocidades de hasta 113 km/h con agua”, decía una voz en off en inglés.
La energía para impulsar el coche la proporciona el hidrógeno que, “como cualquier escolar sabe, contiene el agua en una proporción de dos partes por una de oxígeno, una fórmula que describió Julio Verne hace más de 100 años. Así que, ¿a qué hemos estado esperando?”, continúa la locución.
Y añade que el motor de agua del coche “también puede alimentar un generador y proporcionar luz y calor. Además, no contamina. El automóvil ya ha circulado más de mil millas y sus creadores dicen que el proyecto es práctico y que es una propuesta comercial. El combustible, de hecho, está en el grifo”.
No, en 1974 no hubo un motor de coche que funcionaba con agua
Pero ¿qué hay de verdad en esto? La realidad es que el agua no puede generar potencia para a un motor para impulsar un coche, como han explicado varios expertos en energía para el transporte a AFP.
El supuesto motor de agua fue creado en 1974 por un mecánico francés, Jean Chambrin, y su socio, Jack Jojon. Ambos bautizaron el nuevo sistema como ‘motor de agua Chambrin’.
Sin embargo, el motor de agua Chambrin no podía funcionar únicamente con agua. En realidad, era un motor de gasolina al que se le introducía alcohol como combustible, el equivalente a un coche que funciona con E85, un combustible a base de gasolina y etanol y que puede verse en Europa.
No existe un motor cuya potencia sea generada únicamente por agua. Físicamente, es imposible la existencia de un motor de agua, porque el agua no es un alcohol, no es inflamable y, por tanto, no puede extraer energía de ella.
La crisis del petróleo de 1973

Hay que tener en cuenta el contexto de la época en la que se inventó este motor de agua. Un año antes, en 1973, estalló la crisis del petróleo como consecuencia de la Guerra de Yom Kippur, que enfrentó a Israel con Siria y Egipto.
La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) prohibió la exportación de crudo a los países que habían apoyado a Israel en esa guerra, es decir, los países occidentales, lo cual provocó una subida exponencial del precio del barril y de la gasolina y la caída del crecimiento económico de esos países.
A partir de aquel momento, se hizo imperiosa la necesidad de reducir el consumo de combustibles fósiles y la industria del automóvil centró todos sus esfuerzos en producir coches con consumos más ajustados. En este contexto, ¿a quién no le gustaría un motor de coche que funcione con agua?
Sin verificación científica

Sin embargo, la eficacia del prototipo nunca fue verificada ni validada de manera científica. El propio Chambrin explicó cómo realizaba las demostraciones a los visitantes que querían conocer el proyecto: usaba una mezcla de agua y alcohol.
“Para el arranque y la subida de temperatura, este motor gira durante tres o cuatro minutos alimentado por alcohol puro. Una vez alcanza la temperatura y la velocidad requeridas, Chambrin corta el alcohol y pasa a la mezcla”, dice la ficha trabajo de Chambrin que conserva el servicio documental francés Gaumont Pathé, al que pudo acceder AFP el pasado mes de noviembre.
Según Bertrand-Olivier Ducreux, ingeniero de movilidad en la Agencia de la Transición Ecológica francesa, ADEME, este motor es lo que se conoce como motor doping con agua o motor Pantone y que aparecen cuando se producen situaciones de crisis económicas, especialmente, cuando aumenta el precio de la gasolina, como ocurrió en 1973.
Además, en el caso de que funcionase un motor de esta características, no tendría ninguna ventaja en términos de rendimiento ni consumo, según ha podido comprobar ADEME en numerosas pruebas.
Ducreux afirma que el motor de agua no es creíble desde el punto de vista de la física: “Se puede romper una molécula de agua aportándole calor para separar el hidrógeno y el oxígeno que la conforman. Pero esta operación exige temperaturas muy elevadas, superiores a 2.700 grados. No son las temperaturas que aparecen en la petición de la patente”.
Aunque se separasen el hidrógeno y el oxígeno, cómo harían ambos elementos químicos para arden dentro del cilindro y generar potencia. “Una patente no es la prueba de que un sistema esté validado. Una patente quiere decir que la idea pertenece a quien la registró, pero no valida lo que hay en ella”, concluye el ingeniero.