Un conductor intenta eludir el pago de un peaje pasando al lado de un coche camuflado de los Mossos

Los agentes catalanes se encontraban supervisando la zona cuando fueron testigos de una infracción de tráfico en el pago de peajes.
La astucia en la carretera, cuando se encamina a evitar responsabilidades legales o económicas, suele terminar en un desenlace amargo para quien la practica. El escenario de uno de los sucesos más comentados en el ámbito de la seguridad vial catalana ha sido la autopista C-16, a la altura de Castellbell i el Vilar.
En este punto, un conductor protagonizó una escena que parece extraída de una comedia de errores, al intentar aplicar la técnica conocida como el "trenecito" para ahorrarse el coste del peaje. Sin embargo, su error de cálculo fue monumental: el vehículo al que decidió pegarse para burlar la barrera era, en realidad, un coche camuflado de los Mossos d'Esquadra.
La maniobra del "trenecito" es una práctica tan peligrosa como recurrente en las autopistas de peaje. Consiste en circular a una distancia extremadamente reducida del vehículo precedente, casi pegado a su parachoques, con el objetivo de aprovechar la apertura de la barrera activada por el pago del primer coche.
El infractor acelera al mismo ritmo para que los sensores del sistema no tengan tiempo de detectar el paso de dos vehículos distintos y la barrera no descienda entre ambos. En esta ocasión, el conductor de un turismo oscuro decidió que ese era el momento ideal para ahorrarse unos euros en una de las vías con las tarifas más elevadas de la red viaria catalana.
El vídeo de la secuencia, que se ha vuelto viral en redes sociales tras ser difundido por las propias autoridades, muestra con total claridad la secuencia de los hechos. El coche camuflado de los Mossos d'Esquadra, un vehículo de color blanco que no presentaba rotulación oficial alguna, se disponía a cruzar el telepeaje de forma reglamentaria.
Justo detrás, el infractor inició su aproximación de riesgo, eliminando cualquier distancia de seguridad y situándose en el ángulo muerto de los agentes. En el preciso instante en que la barrera se elevó para dejar pasar al coche policial, el turismo blanco aceleró, manteniéndose pegado a la zaga del primer vehículo para superar el control de pago de forma fraudulenta.

Lo que el conductor no esperaba es que, apenas unos metros después de rebasar el pórtico del peaje, el coche gris que le precedía activara de inmediato los dispositivos luminosos azules ocultos tras la luna trasera.
La sorpresa debió de ser absoluta para el infractor al descubrir que su "guía" para el impago era una unidad de paisano de la policía autonómica. Los agentes detuvieron el vehículo de inmediato en un lateral de la vía para proceder a la identificación del conductor y a la correspondiente notificación de las sanciones, dejando una imagen que sirve de advertencia para el resto de usuarios de la vía.
Las consecuencias legales de este acto de picaresca son considerables y superan con creces el ahorro pretendido. De acuerdo con el Reglamento General de Circulación, el impago de un peaje constituye una infracción administrativa que suele conllevar una multa económica de 200 euros.
No obstante, en este caso particular, la gravedad de la situación aumenta exponencialmente debido a la forma en que se ejecutó la maniobra. Al circular a una distancia tan mínima del vehículo de los Mossos, el conductor puso en riesgo la seguridad vial, lo que facultó a los agentes para denunciarlo por conducción negligente o, dependiendo de la interpretación de la gravedad y la intención, incluso temeraria.
Este incidente no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una tendencia que las autoridades llevan tiempo vigilando de cerca. La autopista C-16, que conecta Barcelona con el interior de Cataluña y el Pirineo, es una zona de especial vigilancia debido al alto volumen de tráfico y a la recurrencia de este tipo de fraudes en sus peajes.
Los Mossos d'Esquadra han reforzado el uso de vehículos camuflados precisamente para detectar este tipo de infracciones que, a menudo, pasan desapercibidas para las cámaras fijas o para los patrulleros rotulados que los conductores evitan al reconocerlos a distancia.

La difusión de este suceso busca concienciar sobre los peligros de estas prácticas. No se trata únicamente de un perjuicio económico para la empresa concesionaria de la autopista, sino de una maniobra que compromete la integridad física de los conductores.
Un frenazo inesperado del vehículo delantero ante cualquier incidencia técnica en la barrera habría provocado una colisión inevitable por alcance, dada la nula distancia de seguridad mantenida por el infractor. Al final del día, el conductor de la C-16 aprendió de la forma más dura que el camino corto y el intento de engaño pueden salir mucho más caros que el peaje más costoso de la red viaria.

