Nadia, camionera española: "Hace años trabajaba en tres farmacias para pagarme el carné de camión"

Nadia, camionera, cuenta su historia en el transporte
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Descubrimos la historia de Nadia, la camionera que tuvo que hacer uso del pluriempleo para costearse su vida actual.

Nadia se gana hoy la vida al volante de un tráiler, pero alcanzar la cabina de un vehículo pesado exigió años de pluriempleo, sacrificios económicos y superar complicadas pruebas formativas. Antes de ponerse a los mandos de un camión articulado, la conductora española tuvo que encadenar turnos en tres farmacias a la vez para poder costearse los permisos de conducción y transformar su vocación en una realidad laboral.

Antes de orientar definitivamente su carrera profesional hacia el transporte de mercancías, Nadia desempeñó diversas ocupaciones en sectores muy alejados del motor y de la logística pesada. Durante sus primeros años dentro del mercado laboral acumuló experiencia en la hostelería ejerciendo de camarera, trabajó como empleada en varios supermercados y asumió responsabilidades continuadas en tareas administrativas de oficina.

Posteriormente, decidió encaminar su formación reglada hacia el ámbito de la salud y cursó estudios de Farmacia, disciplina académica que le permitió incorporarse activamente al sector farmacéutico. Durante este periodo compaginó la atención a los usuarios con la adquisición de competencias sanitarias, desempeñando labores cotidianas de dispensación, gestión técnica de medicamentos y apoyo en mostrador en diversas oficinas farmacéuticas.

La emergencia sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus supuso un punto de inflexión determinante en su estabilidad laboral y en su bienestar personal. Durante los meses más críticos de la crisis global, el trabajo continuado en primera línea dentro de las farmacias generó una intensa sobrecarga asistencial, acompañada de una elevada exigencia emocional frente a la incertidumbre ciudadana.

Esa etapa de máxima presión desembocó en un profundo agotamiento físico y psicológico que la llevó a replantearse de manera inmediata sus metas laborales a largo plazo. En medio de ese desgaste profesional, Nadia identificó la necesidad de buscar una ocupación diferente que le permitiese disponer de mayor autonomía cotidiana, trabajar en solitario y gestionar su jornada de forma más independiente sobre el asfalto.

El interés hacia los vehículos pesados y de gran tonelaje siempre había formado parte de sus aficiones personales desde una edad temprana. Frente a la disyuntiva de continuar en un entorno profesional agotador o dar el salto definitivo hacia su verdadera vocación, decidió que era el instante adecuado para afrontar el desafío de sacarse las licencias de conducción profesional de camiones articulados.

El principal obstáculo inicial radicaba en el elevado coste financiero asociado a la formación reglada, las tasas de examen y las clases prácticas en autoescuela para el transporte de carga. Para costear íntegramente la inversión económica que exigían los permisos de conducir, tomó la determinación de multiplicar su jornada laboral, llegando a trabajar de forma simultánea en tres farmacias diferentes para reunir todos los recursos monetarios necesarios.

El proceso de obtención del Certificado de Aptitud Profesional no estuvo exento de complicaciones académicas y requirió de una notable perseverancia. A lo largo de la preparación obligatoria para conductores profesionales de mercancías, Nadia suspendió en dos ocasiones la prueba oficial del CAP, enfrentándose a un temario riguroso que evalúa tanto la normativa vial como las condiciones de seguridad en carretera.

La parte relativa a la mecánica pesada del vehículo constituyó el bloque más difícil durante su preparación teórica y técnica. Para superar estas materias específicas sobre el funcionamiento de motores, transmisiones y componentes mecánicos de vehículos de gran tonelaje, recurrió a la ayuda directa de su hermano, quien le prestó asistencia explicativa mientras ella continuaba encadenando turnos laborales en despachos farmacéuticos para abonar los costes formativos.

Tras superar con éxito las pruebas y obtener finalmente la documentación reglamentaria para conducir un tráiler, Nadia constató que la consecución de las licencias no garantizaba una entrada sencilla ni inmediata en las empresas logísticas. Aunque existía la percepción inicial de que finalizar los cursos supondría el término definitivo de las dificultades, encontrar una primera oportunidad laboral resultó una tarea ardua y exigente debido a la habitual demanda de experiencia previa en carretera.

El testimonio de esta conductora documenta la realidad de los profesionales que acceden al sector del transporte terrestre mediante el sacrificio personal y el esfuerzo económico continuado. Su evolución desde las oficinas de farmacia hasta las rutas de transporte refleja los desafíos reales que afrontan quienes deciden transformar su vocación en una carrera laboral estable al volante de un tráiler de gran capacidad.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España