El consejero delegado de Mercedes-Benz avisa: proteger la industria con el "Made in Europe" puede encarecer aún más los costes

Elígenos como tu fuente preferida en Google.
Asegura que las medidas proteccionistas de la UE pueden acabar generando el efecto contrario al que se está buscando.
Europa está viviendo un punto de inflexión con la industria automovilística, donde las decisiones políticas y la estrategia industrial se cruzan con la producción globalizada, una compleja realidad. En el marco del Diálogo Global de Berlín 2026, celebrado entre el 20 y el 22 de octubre, Ola Källenius, consejero delegado de Mercedes-Benz Group AG y actual presidente de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), ha lanzado una clara advertencia sobre los riesgos que entraña el proteccionismo impulsado por las instituciones comunitarias.
A juicio del máximo directivo de la firma de la estrella, implantar normativas destinadas a primar los vehículos bajo la etiqueta "Made in Europe" no solo distorsionará el funcionamiento de los suministros globales, sino que acabará provocando una mayor presión financiera sobre la fabricación y, en última instancia, sobre el precio final que abona el comprador. Es decir, que el resultado puede terminar siendo perjudicial para el consumidor final.
La cadena de suministro internacional y su delicado equilibrio
La fabricación de automóviles actual dista mucho de las dinámicas de ensamblaje locales de décadas pasadas. Un coche moderno se compone de miles de componentes de alta tecnología producidos en varios continentes, una configuración logística desarrollada durante años para maximizar la eficiencia y mantener bajo control los costes. Imponer restricciones geográficas o aplicar requisitos rígidos para impulsar el desarrollo local plantea un dilema estructural, porque aunque las medidas pretendan blindar la industria frente a tensiones geopolíticas, la consecuencia inmediata reside en una elevación directa de la factura de fabricación.
Källenius enfatiza que la arquitectura industrial de la automoción depende mucho de la interconexión. Forzar una localización artificial de componentes reduce la flexibilidad operativa de los constructores europeos. La capacidad de seleccionar proveedores competitivos en todo el mundo ha sido uno de los factores que sostienen la inversión, en especial en la transición hacia la movilidad eléctrica y el desarrollo de plataformas de apoyo como los cargadores.

El debate se intensifica tras los recientes movimientos en Bruselas, orientados a crear un marco legal que favorezca la producción dentro de los límites comunitarios. Este conjunto de normas busca garantizar la igualdad de condiciones competitivas para grandes consorcios industriales como el Grupo Volkswagen o Renault ante el despliegue de competidores externos. No obstante, las implicaciones de esta estrategia generan bastante inquietud entre los analistas del sector.
Establecer barreras o un trato preferencial intracomunitario amenaza con lesionar las relaciones comerciales con países aliados clave. Socios estratégicos como Japón o Corea del Sur, cuyos constructores e industria auxiliar están muy integrados en la dinámica del mercado europeo, podrían verse perjudicados por un marco de competencia desigual. El presidente de la patronal europea subraya que la defensa legítima de los constructores continentales frente a importaciones que se beneficien de subvenciones desleales no debe derivar en un esquema rígido que condicione la procedencia de cada pieza del vehículo.
Europa ante el peligro de un aislamiento con impacto en la competitividad y en el mercado
El máximo responsable de Mercedes-Benz insiste en que el viejo continente no debe articularse como una isla comercial que dé la espalda a los flujos económicos mundiales. Mercados e industrias como Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur o la India son vitales tanto para la importación de tecnología avanzada y materias primas críticas como para la exportación de vehículos de alta gama ensamblados en plantas europeas.

La vuelta al proteccionismo plantea un contraste severo con décadas de apertura global que permitieron a Europa convertirse en los líderes tecnológicos del automóvil. Para contrarrestar esta tendencia, Källenius insta a las autoridades comunitarias a acelerar y diversificar los acuerdos de comercio internacional. Establecer alianzas estratégicas con regiones en desarrollo, como el histórico acuerdo con el bloque de Sudamérica o la profundización de los lazos comerciales con la India, se perfila como la vía más sólida para asegurar el suministro de componentes sin encarecer la estructura de coste de los vehículos.
El dilema que vive la automoción europea requiere un análisis objetivo de las prioridades. Intentar blindar la producción local mediante imposiciones administrativas corre el peligro de mermar la competitividad de los propios fabricantes que pretende proteger. En un momento en que la transición hacia el coche eléctrico exige un esfuerzo de reducción de costes para democratizar el acceso a las nuevas tecnologías de propulsión, el aumento de la carga regulatoria sobre la cadena de valor puede ralentizar la adopción de estas alternativas.
El sector aboga por un enfoque aperturista equilibrado, que combine la vigilancia efectiva frente al comercio desleal con la libertad operativa para mantener cadenas de suministro globales y eficientes. La evolución de estos debates en Bruselas determinará si el marco facilita el salto tecnológico de la industria o si, por el contrario, se convierte en un lastre que condicione la posición de los fabricantes europeos en el escenario global.