Comparativa

Duelo de diversión al volante: nuevo Mazda MX-5 vs BMW Z4

Versiones comparadas:

Luis Meyer

11/10/2015 - 08:00

El Mazda MX-5 nació hace más de 20 años con un solo objetivo: ser una máquina de conducción pura. Su última generación potencia este concepto, y de qué manera. Lo enfrentamos a todo un BMW Z4. ¿Podrá el bávaro seguirle el ritmo?

¿Cómo se puede comparar un coche que lleva 26 años en el mercado y es un segmento en sí mismo? Hablamos, efectivamente, del Mazda MX-5, en su última generación y en su versión tope de gama. Cada centímetro cuadrado de este roadster están concebido para la diversión máxima al volante. El BMW Z4 quiere hacerse con su porción de tarta en esta categoría desde 2009, y lo cierto es que lo logra –lo de la diversión máxima-, sin dejar de lado el refinamiento de la marca y mucha usabilidad en el día a día. Los enfrentamos para comprobar cuál te hará disfrutar más. Duelo de diversión al volante: nuevo Mazda MX-5 vs BMW Z4.

Duelo de diversión al volante: Mazda MX-5, más MX-5 que nunca

Por un lado tenemos el MX-5 más potente, de 160 CV, y lo cierto es que el Z4 básico de 158 CV hubiera sido un perfecto rival. Pero la marca no ha podido cedérnoslo a fecha de esta prueba, de modo que le vamos a poner las cosas un poquito más difíciles al japonés, y lo enfrentamos al 20i de 184 CV, con extras como el chasis adaptativo. De entrada, ya tenemos punto para el Mazda: cuesta mucho menos (ver ficha técnica más abajo). 

Y eso que el japonés no desmerece en absoluto en refinamiento: es el tope de gama, de modo que lleva de serie tapicería de cuero, climatizador automático, equipo de audio Bose, asistente de carril y navegador. Elementos por lo que el en el BMW hay que pagar un extra. Y el asistente de carril ni siquiera está disponible en el bávaro. 

Pero en este Mazda todo esto es superfluo: es un coche hecho para conducirlo. Antes de arrancar abrimos la capota: basta con tirar de una palanca y luego del techo de lona hacia atrás, todo desde dentro del coche. Así de fácil. Cogemos aire, arrancamos, empezamos a rodar, aceleramos, embragamos, cambiamos, giramos, frenamos. Estas acciones tan rutinarias en el resto de los coches, en el MX-5 se convierten en toda una experiencia. Solo pesa 1.070 kilos, de modo que los 160 CV dan mucho, pero que mucho de sí. Basta con modular levemente el gas para deslizar y colocar las ruedas traseras en cada curva. Todo muy controlado, todo muy fácil. 

Y es que el ESP permite pequeños ‘drifts’ con mucha seguridad, antes de entrar en acción. El dos litros atmosférico ronronea feliz ahí delante, las marchas insertan casi solas, la palanca tiene un tacto delicioso y se maneja con total precisión. La comunicativa dirección ayuda a esta coreografía perfecta, y da la impresión de que el coche ya ha tomado la curva casi antes de que te lo plantees. 

Este coche se siente como una prolongación de tus extremidades sobre la carretera. Un deportivo puro, preciso, ligero, fácil de conducir. Un devorador de curvas que te invita a disfrutar una y otra vez por puertos de montaña, y elegirlos antes que las autovías. Ese es el espíritu del MX-5.

Duelo de diversión al volante: el BMW Z4 es otra historia

Nos subimos al Z4 y, claro, es otro mundo. Asientos extremadamente cómodos con el mullido perfecto y todo tipo de regulaciones, acabados refinados, un techo plegable duro, cuatro ventanillas laterales. Incluso te da la impresión de ir en una berlina de lujo, antes que en un biplaza. 

Pulsamos el botón de arranque y el cuatro cilindros nos deleita con un sonido cautivador, que entra con el volumen justo en el bien aislado interior de este BMW. Pisamos el embrague, metemos primera: ok, la respuesta sonora no es tan rabiosa como en el Mazda.

Pisamos el acelerador: 270 Nm empujan desde la 1.250 vueltas, y lo cierto es que este BMW acelera con un empuje abrumador ya desde la zona baja del cuentavueltas. Pero eso no quiere decir que vamos a ver al Mazda cada vez más pequeño por el retrovisor: aparte de las recuperaciones de 80 a 120 km/h en sexta y la velocidad máxima, en el resto de los resultados de prestaciones el japonés se muestra algo más vitalista. Y es que su clara ventaja de peso se hace notar: el BMW le saca 428 kilos y 32 centímetros de largo. 

Ok, con su mayor batalla, no es difícil adivinar por qué este BMW filtra de forma más eficaz y fluida las irregularidades. Y más aún con el chasis adaptativo de nuestra unidad de pruebas. En modo Confort, no es diferencia apenas de una berlina ‘premium’. En incluso en el programa Sport las suspensiones son algo más suaves que en el Mazda y su chasis deportivo de serie. Pero confort es lo último que busca un comprador del MX-5.

Y esto no supone en absoluto que el japonés sea incómodo: su conjunto de muelles y amortiguadores son capaces de superar con dignidad los terrenos bacheados, para que los riñones de su conductor no sufran. No hay que ser un masoquista para amar a este roadster.

Y es que, si bien es cierto que el BMW es capaz de maridar de forma más equilibrada deportividad y confort, en el Mazda la balanza cae claramente a favor de las sensaciones al volante. Ofrece lo mínimo que se le puede pedir a un coche civilizado de hoy en día, y el máximo de deportividad y diversión al volante. 

Si nos atenemos a las frías puntuaciones de nuestro test, hay una ligera ventaja a favor del BMW. Tiene más espacio, mejores asientos, es más silencioso y más confortable sobre asfalto irregular. Y es que, precisamente, en el capítulo de confort obtiene una ventaja tan abrumadora, que ni siquiera el Mazda puede aguantar el tipo, aun ganando en los apartados de motor y dinámica de conducción. Ni teniendo una diferencia de precio de más de 15.500 euros. 

Pero claro, como bien decía el titular, esta prueba va de diversión al volante: y en este apartado, el Mazda arrasa. Hay pocos deportivos por menos de 60.000 euros capaces de llegar a su nivel cuando se trata de disfrutar por un puerto de montaña.

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