Reportaje

Un Seat Ibiza que vuelve a casa 30 años después

Noelia López

19/10/2014 - 16:22

En 1987 nuestros colegas de AUTO BILD Alemania condujeron un Seat Ibiza desde Barcelona a Hamburgo. Para conmemorar su 30 aniversario, lo traen de vuelta a casa.

La aventura empieza bien. El intermitente izquierdo funciona, el derecho también, aunque en este caso el salpicadero cruje levemente, como si lloriqueara. Aún no hemos dejado Hamburgo detrás y ambos, el Seat Ibiza y yo, guardamos silencio sabiendo que vamos a pasar mucho tiempo juntos, concretamente, los 2.300 kilómetros que nos quedan hasta llegar a Barcelona.

¿Pero por qué haces algo así? Me preguntaba una amiga antes de partir. Y yo se lo expliqué: en 1987, AUTO BILD Alemania realizó el primer test de duración de un Ibiza y un colega redactor lo recogió por aquel entonces en Barcelona y se lo llevó a su casa en Hamburgo. Y yo, que nací ese año, quiero hacer ahora el recorrido inverso con un coche que aglutina la historia de Seat. El primer Seat Ibiza de las cuatro generaciones que ya llevan fabricadas en Martorell. 

Aquel redactor está ahora jubilado, por eso pudo ir a despedirme en la puerta de la redacción. “Te lo pasarás bien con el motor de 1,5 litros, pero el cambio es un follón. Procura siempre meter antes segunda, entonces es cuando la primera entra bien”. 

La verdad es que este Ibiza tiene sus peculiaridades. En lugar de las típicas palancas que salen del volante tiene como dos mandos satélites que se pueden pulsar, deslizar o incluso tirar de ellos. Como en un Citroën de los antiguos, aunque no exactamente. Además lleva –algo poco frecuente en 1984- volante regulable en altura y una quinta marcha para autopista. Me pongo en marcha. Primer objetivo: el centro de investigación y desarrollo de Porsche en Weissach.

Llego a la hora del almuerzo. Muchos miran a mi pequeño Ibiza desde sus Porsche Panamera como si fuera mala hierba. Hasta que se me acerca un diseñador: “¡Guau, un Ibiza! Con su carrocería de Giugiaro es lo más! En aquel tiempo, si tenías uno, eras el rey”. Este hombre sabe muy bien por qué estamos aquí: “¡Ese Ibiza lleva un motor Porsche!”

En realidad, el cuatro cilindros fue un desarrollo expreso para Seat, que a cambio debía pagar a Porsche por la licencia siete marcos alemanes (unos cuatro euros) por cada ejemplar vendido. Tenían un paquete de potencia notable para la época: 85 CV y 116 Nm de par eran capaces de lanzar al Seat Ibiza a 170 km/h, acompañados siempre de un sonido excitante... 

El sol de la siguiente mañana le pilla al Ibiza en mitad de Francia, recorriendo la región a unos disciplinados 130 km/h hasta Bourgogne. Por fin tomo una carretera comarcal que va de pueblo en pueblo. Concretamente a Pontaubert, una villa rehabilitada por la que parece que no pasa el tiempo. 

Le Cousin, un estrecho río susurrante, parece ser lo único que se mueve aquí este mediodía. Desde luego lo prefiero al pueblo turístico de Vézelay. Sobre todo, por esa carretera plagada de curvas que sale de aquí y que por fin me permite jugar con el volante del Ibiza. El cuentarrevoluciones baila por el asfalto mientras un paisaje espectacular va apareciendo ante mis ojos. 

Alcanzo Pouilly-sur-Loire, que se encuentra en la antigua carretera Nacional 7 por la que circulaban los veraneantes que iban de París a la Costa Azul. El restaurante/hotel/gasolinera ‘Relais les 200 Bornes’ prácticamente no ha cambiado desde aquellos tiempos en los años 40 en que paraban aquí hordas de viajeros hambrientos. “¡Por suerte!”, dice Sandrine Dufour, que regenta hoy el local junto a su marido Jean Michel. “Su encanto reside en que se mantiene en su estado original. Tenemos clientes de toda Europa, muchos nostálgicos de la Nacional 7 que vienen con sus coches clásicos”.

El autoservicio domina el local a partir de las 19:00, cuando Jean Michel se pone el gorro de chef. Durante el día ejerce de gasolinero y barman por igual. Hoy debo llegar a Clermont-Ferrand y paso por un puente sobre el río Loira. La última etapa hasta Barcelona es la más dura para el Ibiza. La A75 sube hasta los 1.100 metros sobre el macizo central y el pequeño Seat pierde el aire y la potencia a marchas forzadas. Me encuentro ya por detrás de Perpiñán, donde las cigarras arman su típico escándalo. Quiero pasar la frontera a la altura de Le Perthus; Francia y España comparten aquí la carretera principal, aunque hay un puesto fronterizo. Me meto en un atasco y no porque un agente nostálgico esté pidiendo pasaportes a estas alturas, sino porque en las boutiques de este pueblo cobran menos impuestos. 

Ahora me toca devorar unos cuantos kilómetros más con mi Ibiza hasta mi destino final. En la planta de Martorell me espera un modelo nuevo. Cuando entro, un par de trabajadores dan gritos de alegría ante la aparición de mi modelo antiguo. Es motivo de orgullo para ellos, probablemente todos han tenido uno. Cuando mi Ibiza sénior parece decirme al fin adiós, tengo una sensación un tanto extraña. En parte porque mi castellano es malísimo; pero sobre todo porque siento que me estoy despidiendo de un gran compañero de viaje. Tal vez volveremos a vernos. ¿Dentro de otros 30 años?

Seat Ibiza: 30 años y cuatro generaciones

El Seat Ibiza ha marcado los primeros pasos de muchos conductores. Y sus cuatro generaciones muestran la evolución de un coche enfocado sobre todo a los más jóvenes. La historia del Seat ibiza se remonta a 1984, cuando llega la primera versión del modelo español. Construido sobre la base del Seat Ronda (de ahí que fuera tan amplio en su interior), fue directo al Salón de París, donde tuvo una gran repercusión. ¿Sus rasgos distintivos? Algunos que ya nunca más se repetirían en las sucesivas entregas, como la única escobilla del limpiaparabrisas, las rejillas del capó o la rueda de repuesto localizada justo al lado del motor. La segunda generación del Seat Ibiza, hasta la fecha la de mayor éxito, fue unos 20 cm más larga, y se construyó sobre la plataforma del Polo. Los acabados dieron un notable salto de calidad. Ya con el nuevo logo de la marca aparece, en 2002, la tercera generación, cuya ruptura de estilo es notable y las curvas se imponen a los angulosos remates de los anteriores modelos. Desde 2008, la cuarta generación lleva ya vendidas casi un millón de unidades.

Y ahí van unos cuantos datos curiosos:

- El precio aproximado del Seat Ibiza en 1984 rondaba las 825.000 pesetas (4.950 euros). Hoy equivaldrían a 15.620 euros.

 - Fue coche oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

 - La segunda generación del Ibiza fue el primer modelo de su segmento equipado con un motor TDI de 90 CV.

- El Seat Ibiza fue también el primer modelo de su segmento que incorporó ESP de serie en toda la gama. 

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Noelia López

Redactora de AutoBild.es

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