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Reportaje

Motor

Nacional G, otra marca española que quedó en el sueño de los justos

Nacional G, otra marca española que no prosperó

¿Conoces 'Nacional G'? Fue otra marca española que quedó en el sueño de los justos y que pudo haberlo cambiado todo... incluso haber borrado del mapa a Seat. Y aunque te parezca exagerado, quizás no lo sea tanto. 

70 años de Seat

El frente de Zaragoza, en la Guerra Civil española, unió los destinos del jefe de talleres del concesionario Chrysler de la capital aragonesa, Martín Gómez Martínez, y del ingeniero mecánico Natalio Horcajo García, que hacía allí el Servicio Militar. Ambos pasaron a disposición del Ejército, como todo el parque móvil, para cubrir las necesidades que la contienda iba exigiendo.

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Así, mientras se dedicaban al cuidado y mantenimiento de los vehículos que se iban requisando y utilizando, ambos empezaron a imaginar las necesidades de movilidad y transporte que harían falta en España en cuanto terminara la lucha. Y de hecho, ya entonces intuyeron que todo pasaría por un automóvil económico de producir, de comprar y de mantener. Gómez llegó a construir un chasis con motor Sachs de moto, para que terminara de desarrollar su amigo: motor bicilíndrico de dos tiempos refrigerado por agua o por aire, según se tratara de la versión más deportiva o la sedán, respectivamente. 

75 años de camiones Pegaso

Y lo cierto es que no iban para nada desencaminados, dado que en los años 40, las tendencias en toda Europa irían por ahí: utilitarios asequibles y resistentes para una nueva manera de moverse en un mundo de posguerra. Pero mucho antes de que el bando ganador pusiera en práctica la llamada 'autarquía', en la que ENASA (y su marca comercial, Pegaso) se ocuparan de los camiones en 1946 y SEAT de los turismos desde 1950 -aunque las primeras unidades empezaran a ensamblarse tres años más tarde-, estos dos visionarios tenían tan avanzado el proyecto, que decidieron contárselo a las autoridades militares.

Objetivo: 5.000 coches anuales 

La sorpresa de ambos fue mayúscula cuando, en vez de paralizarles la idea o de arrebatársela para ponerla en práctica convenientemente alejada de ellos, la nueva aventura, llamada Nacional G, también ilusionó al Régimen y, además de que Franco otorgara una subvención de 250.000 pesetas, se formó una sociedad para su explotación presidida por el mismísimo general Moscardó.

Nacional G, otra marca española que no prosperó

El objetivo para la época no era nada despreciable: montar toda una fábrica en torno a los prototipos construidos, con el objetivo de producir un total de 5.000 vehículos al año. Según diversas fuentes, el 'catálogo' inicial de la Nacional G constaba de tres carrocerías diferentes para tres tipos de conductores bien distintas. A saber: tipo furgoneta, con fines comerciales; tipo utilitario, pero mayores proporciones que los microcoches que iban a aflorar pronto a lo largo y ancho del Viejo Continente; tipo descapotable, para un uso de recreo, más 'sport'. 

Por dentro, el mencionado motor de dos cilindros, delantero longitudinal, de 660 cc, 22 CV, asociado a un cambio de tres velocidades que transmitía toda la fuerza motriz al eje delantero y un peso total del del conjunto de entre 700 y 750 kg.

Problemas de patentes... o esa fue la versión oficial

Pero si el apoyo estatal había sido algo inesperado para las impulsores del proyecto, más lo fue que los problemas no vinieran 'de arriba' en una época tan revuelta desde el punto de vista político, económico y social... sino del exterior: la marca alemana DKW (que acabaría integrada en Audi) demandó por plagio a la casi recién nacida Nacional G, dado que las cotas del motor eran muy similares.

De nada serviría que los inspectores del Industria determinaran que no había copia alguna, especialmente, en el caso de los bloques españoles refrigerados por aire -los de DKW tenían este sistema por agua-, porque fue este mismo ministerio el que también acabó ordenando que el proyecto no siguiera adelante y que incluso se destruyeran los prototipos. 

Hoy, a falta de más información al respecto, no tenemos muy claro por qué esta prometedora empresa que fue Nacional G acabó como otra marca española que quedó en el sueño de los justos, pero todo hace suponer que, debido a las dificultades del momento y a sus tendencias germanófilas, el Gobierno franquista no estaba muy interesado en mantener disputas internacionales con sus aliados. Y quién sabe si cuestiones como estas acabarían años después por contemplar otras iniciativas o, directamente, mirar definitivamente a Italia para crear las futura Sociedad Española de Automóviles de Turismo (SEAT) para producir bajo licencia modelos de FIAT, la otra gran 'amiga' durante la II Guerra Mundial y después de la misma... 

 

Fuentes: Asociación Española de Profesionales de Automoción (ASEPA), 'El Automóvil en España', ed. Susaeta, AUTO BILD.  

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