Reportaje

Coches clásicos

Concours d’ Elegance Pebble Beach 2013: la coronación

Concours d’ Elegance Pebble Beach 2013: la coronación

Hugo Valverde

08/21/2013 - 10:13

Piezas clásicas con cromados deslumbrantes, bajo un cielo gris y opaco. Esto es el Concours d’Elegance de Pebble Beach, donde los ricos de toda la vida exponen sus coches clásicos y los premian. Para visitarlo no hace falta ser rico: basta con ser un fan de los clásicos.

Ha vuelto a suceder: la niebla húmeda se posa en Pebble Beach, y uno se pregunta cómo es posible que tantos millonarios se compren aquí estas mansiones. Pero no es nuestro problema. El responsable de prensa nos dice, optimista, que la luz de la niebla es la idónea para fotografiar los coches, casi como si estuviéramos en un estudio. Aunque en un estudio, reconoce, no habría tanta gente como aquí. Tampoco ayuda que nos citen a las seis de la mañana en los ‘greens’ 17 y 18 del campo de golf de Pebble Beach, el epicentro del automovilismo de élite. Porque a esa hora ya había una multitud, y a las 9, aquello parecía la estación central de Pekín.

A estas horas tempranas aparecen sobre el césped inmaculado los 248 tesoros humedecidos por la niebla, una visión un tanto mística. Allí se reúnen los clásicos más bellos del mundo, que se dan cita en el Concours d’ Elegance de este año. Pero al contrario de lo que uno pudiera pensar a priori, los Duesenberg, Lincoln, Packard, Marmon (¡16 cilindros!), Bentley, Hispano Suiza, Bugatti, etc., no entran en escena con delicadeza. Más bien entran brincando. Esto incluso les da a estas extravagantes y rígidas carrocerías un extraño aire mundano. Sencillamente, brincan porque el piso del campo de golf no es precisamente liso, y la mayoría de estos coches de ensueño llevan ballestas.

Pero uno debe situar su mente en 1935, cuando estas obras de arte de ingeniería entraban en una calle estrecha retumbando, con ricos y nobles al volante, y los mozos y obreros soltaban gritos de exclamación desde la playa. Por ejemplo, cuando aparecía un ejemplar como el que ilustra nuestra foto de apertura: un modelo White Model F Roi de 1906 que genera su propia niebla, ya que está propulsado por vapor.

Pebble Beach es el punto de encuentro de los coches más elitistas que nunca se hayan fabricado. Coches para millonarios, potentados que plantan allí sus carrozas ante el populacho con todo su esplendor. Allí se reúnen las piezas más caras y valiosas, y auténticas rarezas. Y siempre conducidos por millonarios. Conmueve ver a esos titanes de las finanzas, esos empresarios de éxito, acostumbrados a la buena vida y al lujo asiático, sentados ahora en sus enjutos e incómodos habitáculos de sus coches, mientras son valorados bajo lupa por el jurado. Responden balbuceante a preguntas críticas,  ríen nerviosos como un colegial en un examen oral. Y todo esto porque aspiran al valioso premio, a la gran victoria. Lograr el ansiado trofeo del evento más exclusivo de clásicos del mundo, ¡ese es el verdadero poder!

Aquí no cuenta el precio desorbitado de estas piezas, sino el reconocimiento y prestigio que otorga alzarse con el triunfo en este encuentro. La mayoría son triunfadores acostumbrados al éxito. Un evento así no debería emocionarles de esta manera, pero el caso es que todos ellos quieren estar siempre en los primeros puestos, y tienen hambre de reconocimiento. Tal vez esté en los genes de estos líderes tomárselo todo como un reto a superar. Y esto implica un nivel de perfección sublime en la restauración de sus coches, hasta el último tornillo.

Pero no nos salgamos del tema, que lo nuestro no es la psique de esta gente, sino las bellezas sobre ruedas de este encuentro. Este año han sido especialmente celebrados los Lincoln, Simplex (con tracción de cadena), los Porsche y Ferrari y los Packard descapotables. Uno de estos últimos, precisamente, se alzó con la victoria: el Packard 1108 Twelve Dietrich Convertible Victoria.

Históricamente, no es un coche muy significativo (se fabricaron en torno a 35.000 ejemplares), pero esta unidad estaba especialmente bien restaurada. Además, le tocaba el turno a un coche americano, después de que el año pasado se llevara el trofeo un Mercedes 680 S, en 2011 un francés Voisin C25, el año anterior otro galo, un Delage, en 2009 un Horch y en 2008 un Alfa. Pero el Packard se lo ha ganado a pulso, si atendemos a su motor de doce cilindros y a su bellísima carrocería Dietrich con  aletas en forma de gota. Habitualmente, los modelo Twelve se vendían con alguna modificación de fábrica.

Sea como fuere, esta es una auténtica fiesta para los amantes de los clásicos, con mucho champagne, que solo se ve enturbiada por la niebla imperturbable que resta color a este millonario rincón del mundo.     

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Hugo Valverde

Web Mánager

Apasionado de las cuatro ruedas desde que mis padres me subieron al carrito por primera vez.

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