Reportaje

Los coches mula, en busca de la droga

Raúl Salinas

14/08/2013 - 11:12

Mucho se habla estos días de los coches mula con los que los contrabandistas introducen drogas en nuestro país. Gibraltar, hoy en día, es un punto estratégico clave para las personas que intentan 'pasar' tabaco a España. La Policía nos muestra los vehículos con los que intentan engañarles. "Cuando un Ford Fiesta vale el triple que un Ferrari..."

Normalmente, los coches mula cargan entre uno y dos kilos de mercancía que, cuando se trata de cocaína, se venden a razón de 30.000 euros el kilo. Estos datos proceden del Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas GOIT de la Policía Nacional. Ingenieros, mecánicos, electricistas, pintores, soldadores... –todos son policías, pero deben tener otra titulación– capaces de ver si un coche ha sido manipulado con solo mirarlo.

“Los narcotraficantes esconden la droga donde menos te lo esperas”, comenta Pacheco, uno de los responsables del grupo. Por eso ya de poco sirven los perros que se despistan con granos de café, una papelina de cocaína intencionadamente olvidada en el cenicero o exceso de ambientador. En los coches mula lo que hay que buscar son soldaduras, cables o marcas en la pintura. “Para nosotros lo importante es el modelo. Si vemos un Audi, sabemos cómo es su sistema eléctrico y dónde tiene los huecos”, matiza. Los huecos de los que habla Pacheco son los escondites donde se oculta la mercancía. En su argot se conocen como caletas. Y, a día de hoy, es posible encontrarlas casi en cualquier sitio. “Recuerdo un camión que llevaba 40 kilos de heroína escondidos en los calderines de los frenos. Tardamos tres días en localizarlos, porque no nos podíamos creer que hubieran sacado el líquido para ocultar la mercancía”, rememora Juan Antonio, responsable del servicio de aplicaciones técnicas.

El GOIT se activa ante la llamada de cualquier otra unidad de la Policía Nacional. “Cuando en un registro o una intervención tenemos que romper o buscar cosas ocultas, recurrimos a ellos”, explica José Antonio, jefe de la Sección de Cocaína de la Brigada Central de Estupefacientes. “Nosotros podemos mirar por encima, pero no tenemos ni sus conocimientos ni su material”, matiza. El trabajo del GOIT es similar al de la Policía Científica. Acordonan la zona y trabajan con tranquilidad relativa, siguiendo un protocolo que comienza con una inspección visual de los coches mula y una primera incursión en el lugar de la detención. Siempre de atrás hacia delante y montando y desmontando por tramos –maletero, asientos traseros, delanteros, salpicadero, motor y bajos, por este orden–. Si no encuentran nada, pero hay indicios más que suficientes que hagan sospechar que se trata de un coche mula, lo trasladan al taller. A partir de aquí comienza la cuenta atrás: 72 horas para encontrar la merca o tendrán que devolver el coche. “Tratamos de romper lo menos posible, por si hay que devolverlo”, cuentan los tres responsables de operaciones.

Los ‘narcos’ prefieren coches ‘normales'

Los narcos no conducen coches de película –al menos no los buscavidas, que hacen los portes por menos de 1.000 euros–. Cualquier turismo es un buen coche mula en manos de los químicos o los cocineros –los que preparan la droga–. Entonces, ¿qué pone en alerta a la Policía? A veces los delata la casualidad –demasiado olor a ambientador o un conductor muy atento con su coche–. Otras, son horas y días de investigación. Cabe destacar que muchos traficantes dan a la mercancía nombres femeninos. Ana, por ejemplo, es un kilo –por ser la primera letra del abecedario–; Beatriz vale dos kilos; Clara equivale a tres... Así que si un viajero –conductor– afirma que va a dar una vuelta con Esther, es, efectivamente, que va a hacer una entrega de cinco kilos de mercancía.

Con 'niebla' desde Alemania

Este Ford Mondeo entró en España desde Alemania como cualquier otro coche. No sabemos qué o quién dio la voz de alerta, pero cuando entró en el taller del GOIT, los mecánicos fueron directos al paragolpes delantero.

Al retirarlo vieron algo extraño en los huecos que, de haber decidido montarlos en fábrica, debían albergar los faros antiniebla. Al desmontarlos, la policía encontró dos paquetes de cocaína –uno en cada hueco–.

Cuando un coche, como en este caso, tiene ‘caleta’, pasa a disposición judicial –si no, se devuelve al dueño–. Finalizado el proceso, se adjudica al Estado, que o lo subasta o lo cede al cuerpo de Policía para que pase a formar parte de su flota. En este caso, son los miembros del GOIT los que se encargan de ponerlo a punto y ‘transformarlo’.

Kangoo con doble fondo

 Las furgonetas –Renault Kangoo, VW Caddy...– suelen llevar un doble fondo en el maletero. La Policía lo sabe y los narcos ‘saben que la Policía lo sabe’. Por eso, lo difícil está en encontrar el punto que activa el doble fondo.

En este caso, por ejemplo, se trataba de un complejo sistema eléctrico colocado en la puerta lateral que activaba el elevador del doble fondo al pasar la batería de un teléfono móvil sobre un lector escondido en la parte superior. Otra Kangoo escondía 15 kilos –cada kilo ocupa menos de tres dedos de alto y es más corto que un folio– en un doble fondo similar al de la foto.

Para acceder a la mercancía, con la puerta abierta, había que poner en marcha el intermitente izquierdo y, a la vez, pulsar un botón escondido en los cierres superiores del portón trasero.

El equipaje, en el maletero

No se puede negar que estos traficantes obedecieron a la norma de cada cosa en su sitio. Pues si tienes algo que transportar, ¿dónde lo debes llevar? En el maletero.

Lo que pasa es que ellos lo escondieron algo más de lo habitual. Abrieron una ‘caleta’ en el marco de la boca del maletero que quedaba perfectamente cubierta por la tapicería. Para llegar a su contenido crearon un sistema eléctrico que se alimentaba del cableado de los grupos ópticos traseros.

Con el fin de encontrarlo sin hacer mucho destrozo, los miembros del GOIT utilizaron un equipo de videoendoscopia, similar al que se emplea para pruebas médicas.

Un Seat con muchas trampas

Este Seat llegó al taller del GOIT como parte de la investigación de un asesinato. En el maletero había un trozo de acero que parecía estar destinado a trabajar como ganzúa. Pero, ¿para qué? Resulta que al insertarla en la ranura del lector de CD hacía saltar todo el equipo de música.

De esta forma, dejaba acceso libre al ‘airbag’ del acompañante, donde habían escondido una pistola. El mismo ‘artilugio’ activaba una ‘caleta’ escondida en un doble fondo que los dueños habían creado en el hueco de la rueda de repuesto, en el maletero.

En el momento de la intervención, estaba vacía. Al desmontar la guantera, encontraron un tercer hueco ilegal.

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