Prueba

Suzuki Swift Sport Hayabusa

Kike Ruiz

Es la preparación más extrema desde el invento de la rueda: un motor de Superbike bajo el capó de un utilitario. ¡Y AUTO BILD ha tenido la suerte de ponerse a sus mandos! Te presentamos el Suzuki Swift Sport Hayabusa.

140 km/h. El asfalto se acerca a mi izquierda. Tomo la curva, inclino el cuerpo y doblo la rodilla hacia un lado. El protector cruje levemente contra el asfalto. Ya no puedo inclinarme más, ahora solo me queda aguantar la trayectoria y contener las inercias. El Suzuki Swift Hayabusa a la salida de la curva enderezo el volante, piso el pedal derecho y... ¡un momento! Si estábamos hablando de inclinar el cuerpo y apoyar la rodilla... ¿No debería tratarse de una moto? ¿Entonces qué es eso de volante y pedal? Aunque parezca mentira, estoy a los mandos de un coche, o mejor dicho, de un misil tierra-tierra capaz de juntar en un pequeño espacio lo mejor de dos mundos: los coches y las motocicletas de altas prestaciones.

Un vehículo único, nacido de la fantasía del departamento de marketing de Suzuki y creado por un especialista en preparar coches de rallys. El resultado: el artilugio más increíble que nunca ha creado la marca japonesa. Pero empecemos por el principio: el Suzuki Swift es el pequeño utilitario de la marca, con un enfoque bastante deportivo, especialmente en la versión Sport de 136 CV. Por otro lado, la Hayabusa es la moto más potente que ofrecen ahora los japoneses en su gama y una de las más veloces del planeta. Gracias a su motor de cuatro cilindros y 197 CV, es capaz de acelerar hasta los 300 km/h antes de que una Vespa haya recorrido unos pocos metros. Dos vehículos, por tanto, capaces de proporcionar mucha diversión, cada uno en su terreno.

¿Por qué no aunar sus virtudes en uno solo? El departamento de marketing llevaba tiempo expresando ese deseo, tan insistentemente que llegó a oídos del veterano campeón del Mundial de Rallys Niki Schelle, experimentado en preparar el Suzuki Swift para competir: suelda barras estabilizadoras y acopla motores modificados bajo el pequeño capó. La persona perfecta para hacerse cargo del proyecto Swift Hayabusa. Suzuki dijo: “Hazlo. Cuanto antes”. Él rápidamente contestó: “Me pongo con ello”. AUTO BILD añadió: “Nosotros lo probaremos en circuito”.

En el espectacular circuito privado de Bilster Berg nos espera la bestia amarilla. Pero no de la manera en que nos esperamos, no es simplemente sumar 1+1. Shelle ha optado por tomar un camino más complejo: ha añadido un gran turbo al motor de cuatro cilindros de la Hayabusa, ha trasladado la tracción a las ruedas traseras, ha aligerado el peso y ha multiplicado la seguridad con una jaula específica. El resultado: 330 CV, apenas 900 kilos de peso en vacío, motor central, propulsión trasera.

A tope de vueltas

No se me ocurre nada más atractivo. La fuerza se obtiene, como corresponde a un motor de competición, a 7.000 vueltas. A este giro, un Porsche 911 está a punto de perder el resuello de tanto aullar. ¡El Swift puede seguir bramando hasta las 12.000 revoluciones! Un mando en el volante sirve para insertar la siguiente marcha. El interminable recorrido del duro pedal de embrague actúa sobre la milimétrica área de inserción del motor de moto. Solo arrancar ya es toda una orgía acústica, aunque se puede convertir en silencio rápidamente, ya que se cala muy fácilmente. Al final, empieza a andar con un empuje endiablado, acompañado de un rugido atronador.

El motor gira con furia apoyado en la tremenda fuerza del turbo y antes de llegar a la primera curva ya he alcanzado la temperatura óptima. Yo maximizo la concentración: aquí dentro la sensación térmica alcanza los 70 grados ¡por lo menos! Es necesario porque no me apoyo en ningún asistente de frenada y porque el cambio de marchas requiere una total coordinación de mi dedo índice derecho y mi pie izquierdo: la cortísima multiplicación exige cambiar de marcha a cada segundo.

La contrapartida de esta configuración: la velocidad máxima es de “solo” 190 km/h. Da igual, porque aquí dentro se perciben como 300 km/h. Por fin tomo el viraje, pero lo hago desde dentro del coche. No me hace falta sacar el cuerpo y apoyar la rodilla. Eso es solo para la foto. El paso por curva es una barbaridad, la precisa dirección y la ausencia de inercias permite una agilidad inusitada. En definitiva, lo mejor de dos mundos: la agilidad y explosividad de una super moto y la estabilidad y seguridad de las cuatro ruedas. Un coche que difícilmente podré olvidar.

Imagen de perfil de Kike Ruiz

Redactor de AUTO BILD