Prueba

Prueba: Rolls Royce Wraith, ¡majestuoso!

Raúl Salinas

Hay coches que, tras conducirlos, te transforman en otra persona. El espectacular Rolls Royce Wraith es uno de ellos. He viajado hasta las costas de Cerdeña para probar esta máquina de lujo.

El dicho castellano aunque la mona se vista de seda, mona se queda resume perfectamente mi estado tras haber conducido uno de los AUTOMÓVILES (en mayúsculas) por excelencia. Y es que a lo largo de dos días he podido probar y disfrutar del espectacular Rolls-Royce Wraith en el ‘Summer Studio’ (escaparate de la marca en el que no se venden coches) en el exclusivo Porto Cervo de Cerdeña (Italia). Pero eso no me convierte en miembro de tan selecto club, aunque voy hacer bueno otro dicho: que me quiten lo bailao, porque conducir un Wraith es toda una experiencia.

Comienza en el mismo instante en el que entro en él, un precioso ejemplar pintado en un deslumbrante color blanco Arctic. Los asientos del Rolls-Royce Wraith recogen a la perfección y encontrar la posición ideal es un juego de niños. Pulso el botón de arranque y un impresionante y envolvente bramido llega en las proporciones justas al habitáculo. Coloco la palanca del cambio automático en ‘D’... y ¡arranca el espectáculo!

Los primeros metros circulo literalmente acongojado, porque la salida del aparcamiento es minúscula y este Rolls-Royce Wraith es enorme. Solo pensar en hacerle un restyling involuntario a este aparato de casi 300.000 euros me produce pavor. Llega el momento álgido: un stop en pendiente con una incorporación a una carretera de doble sentido. Piso el acelerador y... ¡Madre mía cómo acelera este Rolls! Simplemente brutal. Inicio mi recorrido ya en carretera abierta y con la  confianza 'in crescendo', porque este coche te lo permite. Parece mentira con qué soltura se mueven sus 2,3 toneladas de peso.

Ayuda del cielo

Las reviradas carreteras de Cerdeña son el complemento ideal para el Wraith: apenas hay oscilaciones de la carrocería en los cambios de apoyo y negociar una curva es lo más impresionante de este coche. Y es que el Satellite Aided Transmission (Transmisión Asistida por Satélite) prepara a la transmisión y el tren de rodaje para encarar cada curva y salir de la misma con total seguridad, al reducir de marcha y ajustar la suspensión. ¡El Rolls-Royce Wraith es una alfombra mágica que te transmite todo lo que ocurre bajo las ruedas!

Lo malo es que las carreteras de esta isla son muy divertidas, pero están infestadas de coches. ¿Problemas? Ninguno. Encuentro un tramo para adelantar, doy un pisotón al acelerador y la sensación de fuerza se desata. Francesco, el fotógrafo, exclama ante tal demostración de potencia: “¡Es como un Ferrari!”. “Es mejor”, le respondo. “El Wraith vale para todos los días”.

Mi ruta de 35 km se acerca a su fin. De frente, una rotonda. Entro alegre, pero el Wraith ni se inmuta. Tengo que aparcar. Vuelve la congoja, pero la función ojo de halcón de este Rolls me facilita la maniobra. Paro el motor y suspiro: ¡quién fuera rico...!

Imagen de perfil de Raul Salinas