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La opinión de
Alex Morán

En contra de la reducción de los límites de velocidad

El peor sitio para que te pongan una multa de velocidad

Hay alternativas más seguras.

A raíz del reciente anuncio de la Dirección General de Tráfico de su intención de rebajar a 90 km/h la velocidad máxima en las carreteras convencionales, creo que es necesario poner en duda la eficiencia de una medida tal y decir, abiertamente, que estoy en contra de la reducción de los límites de velocidad.

Son ya muchos años los que la DGT apuesta por esta política y, si bien se han reducido las muertes en carretera (aunque en los últimos años las cifras se hayan estancado), no es ni de lejos la única solución posible, desde luego si la más fácil para la institución, y que además de por la seguridad, también es la que más le conviene con otros fines.

VÍDEO: Restricciones de velocidad por contaminación en M30

En 2011 se hizo efectivo el Real Decreto que rebajaba la velocidad máxima permitida en autovías y autopistas a 110 km/h, cierto es que luego se han restaurado los 120 km/h originales en muchas de estas vías, pero en otras tantas se ha quedado de forma perenne y ya no hay nada que se pueda hacer. Colocar las convencionales a 90 km/h solo es un paso restrictivo más y, por mucho que el Director de la DGT, Gregorio Serrano, hable de la posibilidad de ampliarla si la carretera lo permite, sabemos que no es verdad.

Sus palabras exactas fueron que en muchas ocasiones “no hay coherencia entre la velocidad y el tipo de vía” y que “si el ciudadano ve la vía en buenas condiciones no entiende una velocidad excesivamente baja, y al revés”. Esto podría, teóricamente, dejar hueco a un aumento de la velocidad máxima en las vías que estén en buenas condiciones y cuya morfología (buena visibilidad, rectas, etc) lo permitiera en según qué tramos. Pero, ¿alguien se lo cree? Ya se habló hace unos años de un aumento a 130 km/h que no llegó a cristalizar.

¿A qué velocidad saltan los radares de la DGT?

Y no dudo que a menor velocidad, menos accidentes o, como mínimo, accidentes de menor gravedad. Pero señalar a la velocidad como única culpable es cargarle el muerto en exclusiva al conductor. Cualquiera que coja coche, motor o demás transportes sobre ruedas es más que consciente del deplorable estado del asfalto en todos los sitios, ya sea ciudad, carreteras interurbanas o autopista. Lógicamente con un firme lleno de grietas y socavones es peligroso aumentar la velocidad máxima, pero parece que la solución de arreglarlo ni siquiera se ha planteado.

¿Por qué? Porque conlleva un esfuerzo económico por parte de los organismos y es mucho más barato que entre en vigor un decreto que anuncie una reducción. De hecho, no nos engañemos, también tiene un fin económico beneficioso para el estado. Si, como comentó hace unos días Serrano, la falta de coherencia entre vía y límite de velocidad era una de las principales causas de las infracciones por exceso de velocidad, ¿cuánto no van a aumentar si los usuarios consideran el límite ridículo? Y esto supondrá más multas y, por ende, más recaudación.

En tramos peligrosos es totalmente acertado ser más restringido, pero en autopistas de tres carriles por sentido, con el asfalto en buen estado, no tiene sentido poder circular solo a 120 km/h, mucho menos a 110 o 100. Y para aumentar la seguridad lo primero que se tendría que hacer es reparar los incontables desperfectos que asolan nuestras carreteras para que conducir a las velocidades actuales no sea un peligro.

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