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La opinión de
Vicente Cano

La pregunta de los martes: por qué el COVID-19 puede frenar el coche eléctrico

La pregunta de los martes: por qué el COVID-19 puede frenar el coche eléctrico

¿Puede el COVID-19 frenar el coche eléctrico? La pregunta de este martes tiene miga porque muchos son los factores que influirán en si esto acaba produciéndose o no. Especialmente en España, que a todas luces va a ser uno de los países de la UE donde el impacto económico del coronavirus va a notarse con mayor profundidad. 

Desde la aparición de la pandemia, como ha pasado con el resto de los tipos de coches, el COVID-19 ya ha frenado el coche eléctrico. En concreto, según los datos de AEDIVE, el confinamiento hizo que entre el 15 de marzo y el 1 de mayo se matricularan 4.250 unidades menos de coches a pilas y calculan que, si este año se esperaba la matriculación de 60.000 unidades den toda España, ahora como mucho se llegará a 28.000 vehículos. 

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Sin embargo, la pregunta de este martes es más a largo plazo, porque el COVID-19 puede frenar el coche eléctrico al estar los usuarios mucho menos inclinados a gastar más dinero en sus nuevos vehículos por efecto de la crisis. Con el paro rozando el 20%, esta nueva incógnita ya era señalada hace unos días por el CEO de Hyundai España, Polo Satrústegui durante una entrevista con AUTOBILD.ES 

Al menos, los resultados de un estudio de la consultora IPSOS parecen refrendar que el COVID-19 tendrá un impacto en la venta de coches eléctricos, pero también de combustión. Llevado a cabo en 11 países (China y EEUU incluidos) y en el mes de abril, los usuarios españoles figuraban a la cola en su intención de compra de un coche nuevo, todo lo contrario que por ejemplo en China, donde esta alcanzaba al 72% de los encuestados (el 66% dijeron que lo harían en los próximos seis meses). 

Por el contrario, el automóvil privado sí parece que será uno de los vencedores del coronavirus, ya que en las regiones más afectadas por la pandemia, donde hay un 66% de personas (antes eran el 34%) que manifiestan confiar más en un coche particular de cara a sus desplazamientos que en el transporte público. Pero ¿será este un coche eléctrico? 

Coche privado, patín y bicicleta

Este martes, la DGT ha iniciado una campaña de fomento del uso de la bicicleta como respuesta a los nuevos retos de la movilidad post-COVID. A Tráfico no le queda otro remedio que intentar llevar a más usuarios a adoptar la bicicleta, lo mismo que a las ciudades, que están montando carriles bici a marchas forzadas. 

El motivo es que el vehículo privado será la alternativa escogida por muchos ciudadanos en función de factores como la distancia al puesto de trabajo. La evidencia es que la flexibilidad del coche lo hará la opción preferente para la mayoría de quienes abandonen el transporte público. Si será o no el coche eléctrico un perjudicado del COVID-19, todo dependerá de la economía. 

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En España, la recuperación económica no se consolidará hasta 2023 aunque 2021 será un año en el que se prevé un crecimiento del PIB de más del 6%. Es previsible que las compras de automóviles reduzcan su precio medio debido a la incertidumbre, pero eso solo va a suceder en unos países como el nuestro. 

Por otro lado, la consolidación del teletrabajo como respuesta al problema sanitario no augura que la gente que en el futuro solo tenga que acudir unos días a la oficina esté dispuesta a gastar más dinero en un coche para estos desplazamientos. Así, el mayor precio de compra del coche eléctrico lo convierte en un candidato a daño colateral del coronavirus. Al menos, en el corto y medio plazo. 

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