¿Qué sucede si el vehículo eléctrico agota toda la batería mientras conduce?

Mejor que no te ocurra.
Los coches eléctricos son, para el público general, un concepto bastante nuevo. La mayoría de los conductores no ha tenido oportunidad de conducir uno, por lo que su comportamiento y peculiaridades generan muchas dudas. Esto, sumado a miedos como los relacionados con la autonomía, hacen que sea habitual hacerse preguntas como: ¿qué sucede si el vehículo eléctrico agota toda la batería mientras conduce?
La respuesta es bastante sencilla: te quedarás “tirado” exactamente igual que ocurriría si te quedases sin gasolina o diésel en un modelo de combustión. Esto implica que, en función de dónde ocurra, es posible que te pongan una multa.
Hay que aclarar que no hay una sanción específica por quedarse sin batería (o sin combustible), pero el Reglamento General de Circulación si que multa dos comportamientos que derivan de este hecho.
El primero es el de estacionar en un lugar indebido, algo que difícilmente se puede evitar al quedarse sin energía, ya que, aunque se lleve el vehículo, por ejemplo, al arcén, ahí no puede estar parado.
El segundo es el de realizar maniobras que puedan poner en peligro al conductor o a otros usuarios de la vía, algo que también suele ocurrir ya que durante unos metros se circulará a una velocidad anormalmente lenta, a lo que se suma que luego habrá que bajarse a empujar el vehículo.
La multa por lo primero es de 200 euros (solo se libran los conductores que hayan sufrido una avería o accidente) y la multa por lo segundo supone otros 200 euros adicionales.
Sin embargo, si te quedas tirado con un coche eléctrico tu situación será peor que si hubiera ocurrido con un modelo térmico. ¿El motivo? El principal es que con este último siempre te queda la opción de ir andando hasta una gasolinera cercana para conseguir combustible, traerlo de vuelta al vehículo y reiniciar la marcha.
Eso con un eléctrico no es posible y la única solución que queda es la de llamar a una grúa para que remolque el coche hasta una estación de recargar. Si tienes suerte, tu seguro podría tener servicios específicos para modelos de cero emisiones y quizá puedan mandarte un vehículo con cargador al que enchufar el tuyo para poder volverá ponerte en movimiento.
En cualquiera de los dos casos, con el coche eléctrico sin batería otro problema es el hecho de que por norma general son bastante más pesados que los coches térmicos, así que el simple hecho de tener que empujarlo para llevarlo a un lugar en el que no moleste va a costarte mucho más esfuerzo.
Además, hay que tener en cuenta que los fabricantes recomiendan que la batería de un EV esté, como ocurre con otros dispositivos electrónicos, siempre entre un 20 y un 80% de su capacidad, puesto que si se sitúa por debajo o por encima de esos márgenes, su degradación será más rápida.
Así, llevar la pila hasta el extremo de vaciarse por completo es algo que va a contribuir a acortar la vida útil de la misma, algo que no es nada conveniente, puesto que es el elemento más caro de un coche eléctrico y no quieres tener que verte en la situación de tener que pagar por su reparación o por su sustitución.
Tenemos, eso sí, buenas noticias para cualquier conductor novato de coche eléctrico. Aunque lo recomendable es no apurar tanto la batería del vehículo, si por los motivos que sea acaba llegando a cero, hay algo de esperanza: la mayoría de los EV suelen todavía algo de carga adicional y no se paran de inmediato.
Cuanto “jugo” les quede es algo que varía en función de los modelos, pero en diversas pruebas se ha comprobado que el rango de acción restante puede ir de los 10 a los 30 kilómetros, así que incluso en el peor de los casos debería ser suficiente como para llevar el vehículo a un lugar donde sea seguro detenerse.
Eso sí, también hay que tener en cuenta que en esta situación el automóvil entrará en un modo de emergencia en el que buscará ahorrar toda la energía posible. Eso significa, por supuesto, reducir muchísimo la velocidad máxima a la que puede circular, pero también prescindir de sistemas de confort como, por ejemplo, el aire acondicionado.
