Prueba de larga duración de la LMC Tourer Lift: primeros 10.800 kilómetros

En los primeros compases de nuestra prueba de larga duración de la LMC Tourer Lift H 664 G, ya tenemos una primera conclusión: pocas veces tuvimos tanto espacio de almacenamiento.

No es habitual, pero por nuestras pruebas de los 100.000 kilómetros pasan todo tipo de vehículos, y en este caso hemos querido hacerlo con una autocaravana, como la LMC Tourer Lift. Esta es nuestra experiencia, de momento, antes de alcanzar los 11.000 kilómetros. 

Espacio sinfín

Al guardar bicicletas, la barbacoa, tablas de surf y juguetes de arena, nuestra mirada complacida se posa en la gran sección trasera con puertas de fácil acceso. El habitáculo resulta aún más acogedor: un sinfín de compartimentos de almacenamiento inteligentemente ubicados y armarios sólidos, una distribución del espacio pensada para familias con hasta dos niños, y el gran frigorífico de 135 litros son aptos incluso para viajes más largos.  

Empacamos para tres semanas, pero no pudimos llenar por completo los armarios. Sin embargo, sí alcanzamos el límite de carga útil: 410 kilogramos no son motivo de orgullo, sobre todo teniendo en cuenta la generosa oferta de espacio de almacenamiento, que invita fácilmente a sobrecargar.

Acogedora como una vivienda

Una grata sorpresa, en cambio, son las excelentes camas. La abatible delantera resultó ser un refugio para dormir perfectamente adecuado para dos niños (de seis y ocho años). Sin embargo, un adulto también puede descansar bien allí. 

Más afortunado aún es quien puede instalar su lugar de descanso en la espaciosa cama trasera: de más de dos metros de largo, compite en comodidad y tamaño con la del dormitorio de casa.  

Comportamiento y motor

Tan mullida como los colchones algo blandos es también la suspensión del LMC, pero por suerte, nos recelos respecto a la seguridad en la conducción no se confirmaron. Y pudimos comprobar en una pista cerrada que el vehículo, de más de siete metros de largo, se mantiene estable y seguro incluso en situaciones críticas. La vía trasera, de 1,98 metros de ancho, solo mostró ligeras oscilaciones con fuertes vientos laterales.

El motor turbodiésel de 170 CV, en combinación con la caja automática de convertidor de par de seis velocidades, proporcionó una propulsión contundente. A partir de los 130 km/h, la aceleración se vuelve más lenta, eso si, y entonces también aumentan de manera considerable tanto el nivel de ruido como el consumo. 

En promedio, durante nuestro recorrido por Holanda, Bélgica, Francia e Inglaterra, consumimos 10,4 litros de diésel por cada 100 kilómetros, un buen valor, que con el que incluso el relativamente pequeño depósito de 70 litros permite una autonomía aceptable.

Entre los pocos factores molestos se encuentra la calefacción estacionaria. Por un lado, es estupendo que el sistema no consuma gas, pero por otro, las narices sensibles perciben un ligero olor a diésel.  

Sin embargo, el verdadero bajón llegó al desocupar la autocaravana: nos habría encantado vivir tres semanas más en el LMC.

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