La pescadilla que se muerde la cola en España e impide que se desarrolle el coche eléctrico

2025 va a ser un año complicado.

2035 será el año en el que no puedan venderse en Europa más coches con motor de combustión. No hay que irse tan lejos: en 2025 la nueva normativa de emisiones europea obligará a que las marcas vendan muchos más coches eléctricos que actualmente para cumplir con los límites de emisiones.

Sin embargo, pese a que ese es el marco legal en el que los jugadores (los fabricantes) van a tener que realizar sus jugadas, lo que el tablero de juego dice es todo lo contrario: aunque haya diferencias entre países, en términos generales los mercados europeos no quieren coches eléctricos. El caso de España es uno de los más significativos.

Según los datos de ANFAC hasta octubre, última fecha de la que se tiene información, el pasado mes se vendieron 5.504 coches eléctricos, lo que supuso una caída del 10,9% respecto al mismo mes el año pasado. 

Es una nota negativa dentro de un acumulado del año que es ligerísimamente positivo: en los 10 primeros meses del año se han matriculado 49.401 ejemplares, un 1,2% más que en el mismo periodo del año anterior, lo que supone una cuota de mercado del 4,94%. 

Aunque sea un guarismo mejor que en 2023, no es un porcentaje suficiente como para que se alcancen los objetivos de coches eléctricos en el mercado, especialmente si tenemos en cuenta que, aunque la industria está vendiendo más vehículos en España este ejercicio que en el pasado, tampoco son unas cifras demasiado boyantes.

En lo que llevamos de año, el acumulado es de 828.462 nuevas matriculaciones, una mejora del 4,9% respecto a 2023, pero cifra que todavía está muy lejos de cifras prepandemia: es un 22% inferior a lo registrado en 2019.

La conclusión en este punto es clara: no se venden suficientes coches nuevos como para renovar el parque automovilístico, así que el impacto de matriculaciones de cero emisiones no pasa de testimonial.

Establecida esta base, pasemos a la segunda: el mercado de coches usados sigue creciendo de manera considerable. Entre enero y septiembre de 2024 se llevaron a cabo 1.512.947 transacciones de este tipo, es decir, un 8,2% más que en el mismo periodo de 2023. 

Haciendo unos cálculos sencillos, básicamente se venden algo más de dos coches de segunda mano por cada automóvil nuevo que sale de un concesionario, un ritmo que también dificulta de manera considerable que se rejuvenezca el parque automovilístico.

Además, esto hace que el problema de los eléctricos vaya a más: del mercado de usados, suponen una pequeñísima parte de la oferta, por lo que es entendible que también impliquen una mínima porción de las transacciones de este tipo, rondando apenas el 1%.

En resumidas cuentas, la presencia de EV es mucho menor de lo que se deseaba para este punto. Europa sigue apretando para que se apueste por ellos y a partir de 2025 las marcas van a tener un problema importante que, de manera indirecta, va a acabar repercutiendo, como suele ocurrir, en los compradores.

El problema en 2025

En menos de un mes y medio entrará en vigor en Europa la normativa CAFE (Clean Air for Europe), que será muy restrictiva en materia de emisiones y amenaza con aplicar multas millonarias a los fabricantes.

Actualmente el límite de emisiones de CO2 es de 115,1 g/km para cada coche vendido, pero desde el 1 de enero se reducirá considerablemente hasta los 93,6 g/km. 

La buena noticia es que no implica que cada automóvil que venda una marca tiene que cumplirlo, se trata de una cifra media para la gama, por lo que un modelo se puede pasar si otro lo compensa.

Y a las marcas les interesa cumplir con esa limitación, puesto que las multas a las que se enfrentan son considerables: 95 euros por cada gramo de más y coche vendido, lo que se puede traducir en millones de euros en sanciones.

La mala noticia es que para conseguir llegar al límite hay que tener gamas en las que la electrificación sea importante, siendo necesaria la presencia de coches eléctricos que, con sus cero emisiones, recorten notablemente la media.

Para que salgan las cuentas, simplemente, hay que vender bastantes eléctricos más y muchos coches de combustión menos. Algo que va en contra de la tendencia del mercado. Sin embargo, como es el único camino posible, la manera de conseguirlo va a ser perjudicial para los compradores.

La solución: forzar la situación

Si es algo que no ocurre de manera orgánica en el mercado, pero las marcas necesitan que suceda para no registrar millones en multas, lo que van a hacer éstas es (relativamente) sencillo: vender menos coches de combustión, para que la proporción de los eléctricos sea mayor y que así salgan las cuentas.

La idea es sencilla sobre el papel, pero es la manera de hacerlo realidad lo que va a ser perjudicial para los compradores: los coches térmicos van a subir de precio, así reducirán sus ventas y quien sabe si al tener tarifas más parejas con los cero emisiones hay parte de los potenciales compradores que se anima a dar el salto.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España