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Opinión: Badenes, ¿solución o problemón?

El verdadero efecto nocivo de los badenes

Son parte del paisaje habitual de nuestras carreteras pero, tras tantos años, sigue rondando la duda de si son la solución adecuada.

Vas por una carretera urbana o por una que de acceso a un pueblo o ciudad, vas a la velocidad que debes pero te distraes un momento mirando las indicaciones de la próxima rotonda y no lo ves: un badén de altura considerable contra el que roza irremediablemente el paragolpes delantero y que provoca una sensible sacudida a todo el coche, mención especial para lo que sufre la suspensión. A todos nos ha pasado alguna vez y en esa situación ha sido imposible pensar “malditos badenes, ojalá los quitarán todos”. Y nosotros nos preguntamos: los badenes, ¿hacen más bien que mal? ¿No existen otras soluciones menos molestas que cumplan su cometido?

VÍDEO: El Porsche 911 Carrera no volverá rozar en los badenes

Su objetivo está claro: reducir la velocidad de los vehículos que circulan por la calzada. Como fin en sí mismo está bien, hay determinadas zonas en las que es peligroso circular a velocidades excesivas y hay que buscar alguna manera de hacer que los conductores respeten los límites. El problema, sin embargo, es que su ejecución es muy agresiva, tanto para los coches como, incluso más, para las motocicletas.

El hecho de tratarse de un resalto contra el que el vehículo impacta, aunque sea a bajas velocidades, hace que sufran tanto el neumático como, sobre todo, las suspensiones, que deben digerir una irregularidad anómala en el asfalto. Cierto es que esto depende del tipo de badén, ya que un reductor de velocidad es pequeño mientras que uno de lomo de asno o un paso de peatón son más contundentes, pero en todos los casos afecta a los componentes mecánicos. Además, en la mayoría de las ocasiones, para sobrepasarlos sin causar ningún desperfecto hay que ir a una velocidad realmente baja, por lo que al mínimo despiste se pueden hasta dañar los bajos.

Y eso siempre y cuando no sean los que provoquen nuevos accidentes. En ocasiones, aunque sea peligroso circular, por ejemplo, a 70 km/h por una carretera, es más seguro a que alguien tome un badén en la misma zona 50 km/h, lo que puede causar que el coche salga despedido o se vaya directamente fuera de la calzada.

También hay que tener en cuenta que muchas veces la instalación de los badenes no cumple con la normativa. No es extraño encontrar resaltos situados entre sí a menos de 50 metros (cuando la distancia tiene que ir de estos hasta los 200 metros) y pasos elevados de peatones que no tienen ni la longitud que deben (4 metros de principio a fin) y cuyas rampas de acceso, cruciales para no castigar paragolpes ni bajos, no tienen el tamaño adecuado (de 1 metro a 30 km/h hasta los 2,5 a 50 km/h).

Podemos concluir que sí, pueden ser necesarios, pero que a día de hoy aportan casi más contras que pros (y ni hemos mencionado el impacto que tienen para vehículos de emergencias en situación de urgencia). El problema añadido es que no parece haber alternativas viables. La más destacada, los badenes inteligentes, podría parecer buena, pero no lo es. Se trata de un dispositivo mecánico que está oculto y solo se levanta cuando alguien llega a una velocidad elevada. ¿Os imagináis la cantidad de frenadas en el último momento y pérdidas de control que podría provocar eso?

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