Las gasolineras de toda la vida, en peligro por un problema que nadie quiere o puede atajar

Las gasolineras de combustibles fósiles tienen los días contados, la culpa la tiene llegada masiva de los coches eléctricos a las carreteras. La revolución se producirá en el 40%.
La Unión Europea no da un paso atrás en sus políticas medioambientales, los países están obligados a aumentar su flota de coches eléctricos de cara a 2035. Los expertos han advertido ahora de un problema inesperado.
Cuando el número de coches eléctricos supere el 40 % de adopción: las gasolineras van a empezar a cerrar en masa. Esto tendrá consecuencias para todos los conductores con motores de combustión.
El 40% de coches eléctricos marcará un punto de inflexión
Las primeras consecuencias serán una escasez de repuestos cuando se alcance el 40% de implantación de coches eléctricos. La situación va a seguir empeorando conforme aumente este porcentaje.
Los conductores se enfrentarán a problemas habituales como averías cada vez más costosas, en algunas ocasiones incluso no serán rentables. Los propietarios de un modelo con motor de combustión se enfrentarán a un mayor tiempo de espera en los talleres, otro de los efectos colaterales.
Las gasolineras tradicionales también se verán forzadas a cerrar para dar paso a una enorme infraestructura de carga para coches eléctricos, los pilares de la movilidad con combustibles fósiles empezarán a colapsar.
Noruega y China son un ejemplo de ello con una implantación de modelos electrificados de hasta el 95% para el primer país. El gigante asiático supera el 50% y empieza a sufrir los efectos.
Las gasolineras tradicionales cerrarán en masa, también los talleres
El número de gasolineras se irá reduciendo progresivamente conforme la flota de automóviles se acerque a ese 40% de coche eléctricos. Cuando se supere ese porcentaje crítico, la caída será en picado.
Las compañías empezarán a perder volumen de clientes, pronto tendrán unos ingresos tan bajos que serán incompatibles con su actividad. El cierre de miles de gasolineras en todo el país sería inevitable, ni siquiera se van a librar aquellas que ofrecen combustible low cost.
Noruega ha demostrado que, a partir de cierto punto, los cambios se aceleran por sí solos. El país escandinavo vio cómo desaparecían primero las pequeñas gasolineras independientes, especialmente en áreas urbanas donde el coche eléctrico empezaba a ganar fuerza.
Poco después empezarán a cerrar las cadenas más influyentes del país. Estas compañías como Cepsa o Repsol en el caso de España acabarán con las gasolineras menos rentables, tienen capital para convertirlos en centros de carga eléctrica.
Otras compañías internacionales como Shell y TotalEnergies se están adelantando a los cambios. Los gigantes de la industria petrolera están expandiendo su red de cargadores rápidos en Europa y Asia.
Los talleres tampoco se libran de la consecuencia de la llegada masiva de los coches eléctricos. Estos vehículos no necesitan cambios de aceite, ni bujías, ni filtros de aire, no tienen escape, correa de distribución ni embrague. ¿El resultado? Los expertos apuntan que tendrán hasta un 70% menos de mantenimiento respecto a los de combustión.

