En Estados Unidos los eléctricos tiemblan ante Donald Trump, pero las marcas siguen adelante. Y surge un grave problema que afecta a los proveedores

La situación del vehículo eléctrico en Estados Unidos es delicada, especialmente tras la llegada a la presidencia de Donald Trump. Las marcas continuarán con sus planes de electrificación, pero empiezan a surgir problemas que afectan directamente a su relación con los proveedores.
No es ningún secreto que Donald Trump ha hecho girar parte de su campaña electoral para llegar de nuevo a la Casa Blanca alrededor de su oposición a la implantación del coche eléctrico. Sorprende que este haya sido uno de sus mensajes cuando el propio Elon Musk fue uno de sus principales valedores para convertirlo otra vez en presidente de Estados Unidos.
Una vez al frente del país, no son pocas las voces que muestran su preocupación acerca del futuro del sector del vehículo eléctrico en América. A esto se une también el nerviosismo que parece instaurarse en la industria del automóvil, especialmente entre aquellos fabricantes extranjeros que no tienen su sede en el país.
Ante todo esto se abre ahora un nuevo escenario que comprende un punto de tensión emergente dispuesto a provocar demandas y litigios. Se trata de la relación de los fabricantes de coches con los proveedores de componentes y tecnología, unos acuerdos que casi todas las empresas automotrices tienen con otras compañías que suministran todo tipo de piezas y servicios.
Ford y Rivian ya tienen problemas con los proveedores
De hecho, ya se están dando casos de relaciones rotas entre fabricantes y proveedores debido a la delicada situación del mercado de vehículos eléctricos en Estados Unidos tras la llegada a la presidencia de Donald Trump. Hablamos de Ford y Rivian, que están teniendo problemas después de tomar la decisión de fabricar internamente los componentes de sus coches eléctricos.
Esto habría llevado a ambas empresas a tener disputas con los proveedores que hasta ahora suministraban estos componentes a los dos fabricantes. La decisión de fabricarlos internamente y no recurrir a terceras partes se debería a una cuestión de ahorro de costes ante las previsiones de que se registre una caída en los volúmenes de ventas de este tipo de coches en Estados Unidos.
Para los proveedores, esto supone un duro revés que afecta directamente sus negocios. Lo normal sería solventar estos inconvenientes a puerta cerrada, pero de no haber acuerdo, el caso podría llegar a los tribunales, donde la justicia se encargaría de aclararlo y dictar sentencia.
Y toda esta situación, como decía más arriba, viene provocada por la administración Trump, quien ya es sabido que tomará medidas para eliminar los incentivos fiscales para la compra de vehículos eléctricos.
Esta decisión ha despertado a grandes organismos, como la Alianza para la Innovación Automotriz, que se encargó de enviar una carta al presidente electo Donald Trump el pasado 12 de noviembre en la que informaban de que los fabricantes de coches se enfrentan a una competencia desleal “de vehículos eléctricos fuertemente subsidiados y tecnológicas exportadas desde China”.
La carta también pidió a Trump más ayudas para lidiar con “las regulaciones federales y estatales sobre emisiones (particularmente en California y otros estados afiliados) que no están en sintonía con las realidades actuales del mercado automotriz y aumentan los costes para los consumidores”.
Lo que está claro es que la situación del mercado del automóvil en Estados Unidos es delicada tras la llegada a la presidencia de Donald Trump. Queda por ver qué deparará el futuro, y las políticas de la nueva administración, para los fabricantes de coches occidentales en uno de los mercados más importantes del mundo y un momento crucial como es la transición hacia la movilidad eléctrica.

