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Hashima, la isla fantasma que compró Mitsubishi

Durante más de un siglo fue uno de los principales motores de la economía japonesa. Hoy Hashima es es una isla fantasma perdida en mitad del océano. Siendo así, ¿por qué Mitsubishi decidió comprarla?

Los orígenes de esta historia nos remontan muchos años atrás. Concretamente a 1885. Por aquél entonces, Mitsubishi decidió buscar carbón en el lecho marino. En aquella época, el carbón era el combustible más utilizado por lo que la compañía que más materia prima tuviera, mayores éxitos alcanzaría.

La compañía japonesa puso en marcha su proyecto. Como fueron pocos los que creyeron en él, consiguió sorprender a muchos al dar a conocer que tras perforar dos túneles verticales de 190 metros había encontrado una veta en el subsuelo. El punto exacto estaba ubicado a cinco kilómetros de una isla deshabitada: Hashima.

De motor de la economía, a isla fantasma

Cinco años después, en 1890, Mitsubishi compraba la isla de Hashima. En este emplazamiento llegó a producir 410.000 toneladas de carbón al año, con lo que se convirtió en uno de los principales impulsores del crecimiento económico de Japón.

Hashima tiene solo 480 metros de largo y 150 metros de ancho. Está ubicada a escasos 20 kilómetros del puerto de Nagasaki lo que hizo fáciles las comunicaciones.

Lo complicado fue protegerla del fuerte oleaje y los tifones de la zona. Los ingenieros de Mitsubishi decidieron rodearla de una muralla tan fuerte como para soportar las condiciones climatológicas más adversas. Una vez asegurada, se construyeron viviendas para que los trabajadores y sus familias pudieran mudarse y comenzar una nueva vida en Hashima.

A pesar de lo reducido de su territorio. Hashima creció de manera exponencial hasta albergar más de 6.000 personas que vivían en más de 150 edificios.Todavía hoy, está considerado como uno de los lugares del mundo con mayor densidad de población: llegaron a vivir 1.390 personas por kilómetro cuadrado.

Siendo tan próspera, ¿qué fue lo que provocó su declive? Fácil: la llegada del petróleo.

Durante las guerras que enfrentaron a China y a Rusia, la demanda de carbón siguió creciendo y, con ella, el esplendor de Hashima. Todo cambió con la llegada del oro negro como sustituto del carbón, cada vez más escaso.

En enero de 1974, Mitsubishi decidió cerrar la mina submarina de carbón de Hashima. Tres meses después, el último habitante abandonó la isla. En 2002, el fabricante donó la isla a Nagasaki que es quien hoy se encarga del mantenimiento de esta fantasma. Poco tienen que hacer, en el que fuera el lugar del mundo con mayor densidad de población no queda nadie. Los edificios de hormigón, eso sí, demuestran que fueron un éxito arquitectónico pues siguen aguantando las embestidas del mar y el viento como el primer día.

 

Foto portada: Wikipedia Commons

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