¿Aranceles? ¿Qué aranceles? En Estados Unidos han prohibido los coches chinos directamente

La administración de Joe Biden ha anunciado la prohibición de los coches chinos, pero también del uso de tecnologías que procedan del país asiático.

El auge de los coches chinos es algo que ha metido el miedo en el cuerpo a otras regiones del mundo. En Europa se considera que, dados los subsidios que China da a sus marcas de cero emisiones, se consiguen unos precios muy bajos que se consideran como competencia desleal, lo que ha llevado a establecer aranceles. En Estados Unidos no se han andado con chiquitas y directamente los han prohibido.

Lo primero que se vendrá a la que cabeza es que esto es cosa de Donald Trump, pero nada más lejos de la verdad, es un movimiento llevado a cabo por la administración del todavía presidente, Joe Biden.

Además, los motivos que han llevado a tomar esta decisión tampoco tienen que ver solo con la competencia desleal, que también, si no principalmente con el miedo al espionaje por parte de China. Esto ha llevado a dictar una normativa que no solo prohíbe los coches chinos, si no que también veta el hardware y software de origen chino que se use para comunicaciones o conducción autónoma.

Puede sonar algo exagerado, pero así figura en la nueva ley promulgada.

En el texto se puede leer: “Como se analiza más adelante, la República Popular China y Rusia pueden aprovechar la legislación y los regímenes regulatorios nacionales para obligar a las empresas sujetas a su jurisdicción, incluidos los fabricantes de automóviles y sus proveedores, a cooperar con los servicios de seguridad e inteligencia”.

Por eso se considera que ambas naciones podrían explotar los datos recopilados de manera sencilla algo que “podría permitir a esos adversarios extranjeros filtrar datos confidenciales recopilados por los vehículos conectados y permitir el acceso remoto y la manipulación de los vehículos conectados conducidos por personas estadounidenses”.

Además, hace especialmente hincapié en el país asiático: “Las leyes promulgadas en los últimos años brindan al gobierno de la República Popular China una mayor supervisión y control sobre las empresas con sede en la República Popular China y sus subsidiarias extranjeras, proporcionando una palanca de influencia sobre las operaciones corporativas que exacerba aún más la amenaza que la República Popular China representa para la seguridad nacional de Estados Unidos”.

A pesar de que se haya hecho pública ahora, la normativa no será definitiva hasta el 1 de enero de 2029, aunque la prohibición del software chino se hará efectiva dos años antes, en 2027

Eso sí, también se especifica que el software desplegado antes de que la nueva normativa entre acción no estará prohibido, pero siempre y cuando sea utilizado y mantenido por marcas estadounidenses. Eso significa, por ejemplo, que Ford, General Motors o Tesla podrían aún importar coches fabricados en China.

Sin embargo, esto tiene un alcance mucho mayor de lo que se puede considerar a priori. Hay que pensar, por ejemplo, en marcas europeas que tienen tecnología china en algunos componentes (véase el caso de algunos Mercedes, por ejemplo), o en otras que directamente fabriquen allí sus automóviles (como Polestar).

Esto significará que fabricantes de otros orígenes también verán reducidos los mercados potenciales para sus coches.

En un comunicado, la Casa Blanca ha afirmado lo siguiente: “El sistema de transporte estadounidense es vital para facilitar el comercio, los servicios esenciales y la vida diaria. Esta regla garantiza que nuestra infraestructura crítica no esté expuesta al riesgo de cadenas de suministro controladas por adversarios extranjeros que podrían proporcionar a los malos actores los medios para alterar la infraestructura crítica de Estados Unidos”.

Como es lógico, el movimiento ha tenido consecuencias inmediatas y ha dividido opiniones.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Guo Jiakun, ha declarado en una rueda de prensa que esta prohibición “perturbó la cooperación económica y comercial entre empresas y violó el principio de economía de mercado y competencia leal”, algo a lo que China se opone firmemente. 

Sentenciaba que “instamos a Estados Unidos a que deje de cometer errores al exagerar el concepto de seguridad nacional y a que deje de perseguir a las empresas chinas”.

A nivel de industria, está por ver si las consecuencias serán positivas, puesto que las medidas proteccionistas harán que las marcas estadounidenses aumenten sus ventas, por falta de competencia, pero es precisamente esa falta de rivales lo que puede hacer que las compañías se vuelvan “perezosas” y no se esfuercen tanto para mejorar la calidad de sus vehículos.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España