Álex Palou puede ser uno de los mejores pilotos españoles de la historia sin correr en Fórmula 1: ¿espina clavada o el acierto de su carrera?

Los pasos y decisiones que ha tomado Álex Palou en su carrera deportiva, a pesar de sus duros inicios, le han llevado a ganar cuatro títulos de la Indycar Series y las 500 Millas de Indianápolis. No ha corrido en la F1, pero eso no evitará que sea considerado uno de los mejores pilotos españoles de la historia.

Hace muchos años, quien firma estas líneas tuvo la oportunidad de entrevistar a un joven Álex Palou: era 2013. Aún estaba cerrando su etapa en el karting y empezaba a soñar con dar el salto a los monoplazas. Había probado un Fórmula Renault 2.0 del equipo de Adrián Vallés, pero el presupuesto no cuadraba para afrontar la temporada completa.

Cuando le pregunté por su futuro, me respondió con una convicción: lo único que quería era vivir del automovilismo, sin importar la categoría. "Me dan igual los monoplazas, los turismos o los camiones…". Era un talento en ciernes, que llegó a ganar la Beca de Jóvenes Promesas del Santander (¿por qué no se recupera esta iniciativa?) y en quien el añorado Adrián Campos supo ver cualidades de Fernando Alonso y Antonio García.

Gracias a Campos, Palou dio el ansiado salto a los monoplazas y comenzó a escalar peldaños: primero en la Euroformula Open (antigua F3 española), luego en la GP3 —donde pasó dos años sin demasiada fortuna— y después en la Fórmula 3 japonesa, a la que llegó con un objetivo muy claro: mantener siempre un volante entre las manos, incluso con recursos limitados. 

Allí brilló, acabando tercero en el campeonato. Siguieron la World Series, la Fórmula 2, la Super Formula… y finalmente la IndyCar, el mayor certamen estadounidense de monoplazas, donde todos los coches son iguales y las diferencias las marcan las manos del piloto, el equipo y el motor.

Apadrinado por su mentor en Japón, debutó en 2020 con Dale Coyne Racing, dejando tan buenas sensaciones —incluido un podio— que un año después fue fichado por Chip Ganassi Racing, el equipo de referencia en la IndyCar.

Nunca ningún piloto español había llegado tan alto en la IndyCar. En su segundo año, con tres victorias y un título, Palou superó los registros de sus predecesores, Oriol Servià y Fermín Vélez, y también los tres intentos de Fernando Alonso en las 500 Millas. Y lo mejor es que aquello solo fue el principio: al campeonato de 2021 le siguieron los de 2023, 2024 y ahora el de 2025.

Este último es especialmente relevante, no solo porque lo haya asegurado con dos citas aún por disputar —y con ocho victorias en el año hasta la fecha—, sino porque también se ha convertido en el primer español en conquistar las 500 Millas de Indianápolis, una de las pruebas más prestigiosas del automovilismo mundial. Era el gran triunfo que le faltaba, y lo ha logrado con estilo.

Palou parece no tener techo. Con sus cuatro coronas ha igualado al escocés Dario Franchitti en el segundo puesto histórico de la IndyCar. Solo le supera su compañero de equipo, Scott Dixon, con seis títulos. Con el neozelandés en la recta final de su carrera —lleva en la Indy desde 2001— y Palou apenas completando un lustro en la categoría, pocos dudan de que este récord caerá más pronto que tarde.

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Pero la Fórmula 1 no está entre los planes... (al menos, de momento) y no es necesario

¿Puede un piloto de monoplazas ser considerado uno de los mejores de la historia sin haber pasado por la Fórmula 1? Absolutamente sí. El talento está ahí, independientemente de la categoría; y la IndyCar, desde luego, no es un escalón menor, de hecho la igualdad es mayor que en F1. Palou no lo tuvo fácil para llegar hasta allí: hubo etapas, como sus años en GP3, en las que su futuro era incierto.

Álex ha derribado barreras recorriendo caminos prácticamente inexplorados: se fue a Japón y aceptó el reto de debutar en la IndyCar con un equipo lejos de la lucha por victorias. La adaptación fue sobresaliente, y alguien con la autoridad de Chip Ganassi supo detectar su potencial desde el primer momento. Desde entonces, todo ha ido sobre ruedas, sin importar que compitiera en circuitos desconocidos, en rapidísimos óvalos, o que tuviera al lado a un gigante como Scott Dixon, seis veces campeón.

Palou llegó a pensar en la Fórmula 1 cuando firmó con McLaren para 2023, un acuerdo que le permitió subirse a un monoplaza de F1 en varias pruebas, incluidos unos entrenamientos libres en el GP de Estados Unidos, donde dejó una excelente impresión. Sin embargo, decidió romper su acuerdo y seguir con Ganassi Racing al ver que no tendría opciones reales de ser titular: McLaren ya había renovado a Norris y Piastri a largo plazo; Palou acertó, una vez más, al no obsesionarse con la F1. La ruptura terminó en los tribunales.

Más allá de esa polémica, hoy las puertas de la F1 no parecen abiertas… pero tampoco cerradas. Su salto a la categoría reina del automovilismo sería una gran historia, sin duda, sobre todo con la F1 bajo control de una compañía estadounidense y en pleno auge en ese país. Pero eso no tiene por qué ser también positivo para él.

Palou, asentado en Estados Unidos con su mujer e hija, no va a dejar al mejor equipo de la IndyCar y a sus opciones de seguir construyendo su leyenda para enrolarse en una escudería de, quizás, media tabla. Por pensar en una opción, por ejemplo, está la americana Cadillac, que debutará en la F1 en 2026 y con quienes ya corrió en Le Mans y Daytona. Pero son debutantes. Otra cosa sería que llamara a su puerta un Red Bull en busca de un segundo piloto de garantías, o un Aston Martin con motor Honda, el mismo que lleva Palou en la IndyCar. 

Aun así, el paso sería arriesgado: sabemos que en la F1 imperan dominios en distintas eras técnicas, y en 2026 se pone un nuevo reglamento en marcha. El anterior lo empezó dominando Red Bull, el anterior Mercedes, el anterior también Red Bull, mucho antes fue Ferrari quien lo hizo... Nadie sabe qué cartas tiene hasta que arranque la temporada 2026. 

Mientras tanto, no hay espina clavada que valga: mejor ganar en América que pelear por unos pocos puntos en la F1 o tirar por la borda una carrera brillante. Aunque, si se presentara una oportunidad con posibilidades de éxito, habría que sentarse a valorarla. Palou se ha ganado el derecho a decidir, especialmente por tener los pies en el suelo y no dejarse llevar por la obsesión de la F1.

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