Si vas a echar gasolina a una gasolinera low cost, esto es lo que deberías saber

En España ya hay más de 2.000 gasolineras low cost que venden combustible barato, por lo que antes de repostar conviene saberlo todo acerca de estas estaciones de servicio.
Las gasolineras low cost se han convertido en una valiosa solución para repostar combustible más económico. Cada vez es más habitual encontrarlas en polígonos industriales, junto a supermercados o en las afueras de las ciudades, ofreciendo precios que, en muchas ocasiones, son varios céntimos por litro más bajos que los de las grandes petroleras. Este ahorro ha hecho que muchos conductores se pregunten si realmente merece la pena repostar en ellas o si, por el contrario, ese menor precio implica renunciar a la calidad del combustible. Resolvemos todas las dudas que puedas tener acerca de estas estaciones de servicio.
Aunque no existe un registro oficial, los datos del sector indican que las gasolineras low cost representan aproximadamente una quinta parte de toda la red nacional. España cuenta con más de 12.600 estaciones de servicio y el 44% pertenecen a operadores independientes de las grandes petroleras. Dentro de ese grupo se encuentran unas 2.400 gasolineras consideradas low cost, una cifra que continúa creciendo año tras año debido a la demanda de combustible barato.
Combustible barato, pero con la calidad exigida por ley
Lo primero que debes saber acerca de estas estaciones de servicio es por qué pueden vender el combustible más barato. La explicación no está en el producto, sino en el modelo de negocio. Las gasolineras low cost reducen considerablemente sus costes de funcionamiento recurriendo a soluciones como estaciones de autoservicio en las que tan solo puedes repostar carburante.
Muchas de estas gasolineras son estaciones automáticas o parcialmente desatendidas, cuentan con menos empleados, prescinden de servicios como cafetería, tienda o túnel de lavado y suelen estar ubicadas en terrenos con un coste inferior al de las estaciones situadas en el centro de las ciudades o junto a las principales vías de comunicación.
A todo ello se suma que muchas cadenas trabajan con márgenes comerciales más reducidos. Su estrategia consiste en vender un gran volumen de combustible obteniendo un beneficio menor por cada litro suministrado. Esa combinación de menores costes y mayor volumen de ventas es la que permite ofrecer precios más competitivos sin necesidad de reducir la calidad de la gasolina o el diésel.
Y este es uno de los grandes mitos que conviene desmontar. La gasolina o el gasóleo que venden estas estaciones deben cumplir exactamente las mismas especificaciones técnicas que cualquier otra gasolinera de España. La legislación establece unos requisitos muy estrictos sobre la composición de los carburantes y ninguna estación puede comercializar un producto que no los cumpla.
La diferencia está en los aditivos del carburante
La diferencia entre la gasolina low cost y la que venden las grandes petroleras en sus estaciones de servicio suele estar en los aditivos. El combustible base puede incluso proceder de la misma infraestructura logística que abastece a distintos operadores, pero cada empresa añade su propio paquete de aditivos.
Algunas grandes marcas incorporan detergentes, inhibidores de corrosión o mejoradores destinados a mantener más limpios los inyectores o reducir determinados depósitos en el motor. Esos aditivos constituyen uno de sus principales argumentos comerciales, aunque el combustible base siga cumpliendo los mismos estándares legales.
De hecho, diferentes análisis realizados por organizaciones independientes como la OCU no han encontrado diferencias de calidad que justifiquen por sí solas la diferencia de precio entre una estación low cost y otra convencional. En condiciones normales de utilización, un coche moderno puede funcionar perfectamente utilizando carburante procedente de cualquiera de ellas.
¿Es perjudicial echar gasolina en una low cost?
También es frecuente escuchar que estas estaciones pasan menos controles o que el combustible se supervisa con menor rigor. Nada más lejos de la realidad. Las gasolineras low cost están sometidas exactamente a las mismas inspecciones que cualquier otra estación de servicio.
Los organismos competentes verifican que los carburantes cumplen las especificaciones físico-químicas exigidas por la normativa, además de controlar el correcto funcionamiento de los surtidores, la trazabilidad del producto y el cumplimiento de todas las obligaciones técnicas y administrativas.
En caso de detectarse un combustible que no cumple con el estándar exigido por ley, las autoridades pueden inmovilizarlo e imponer importantes sanciones al operador responsable, independientemente de que se trate de una gran petrolera o de una cadena low cost.
Una pregunta frecuente ante los que dudan de los combustibles low cost es si es mejor repostar en una de estas gasolineras en una convencional. La respuesta depende más del estado de la estación que del logotipo que aparezca en el surtidor. Una instalación bien mantenida, con un elevado volumen de ventas que garantice una renovación frecuente del combustible y que cumpla todas las exigencias legales ofrecerá un carburante válido para cualquier vehículo.
Las estaciones de las grandes marcas pueden aportar el valor añadido de sus paquetes exclusivos de aditivos, especialmente en sus carburantes premium, pero eso no significa que el combustible de una low cost sea perjudicial para el motor. De hecho, no existe evidencia técnica que demuestre que repostar habitualmente en una estación low cost provoque averías o reduzca la vida útil del vehículo cuando el combustible cumple las especificaciones exigidas por la normativa.
