El reto de los huevos al que se enfrentó el Citroën 2CV original, desafío superado

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La historia del Citroën 2CV cuenta que la marca lo diseñó para que pudiera circular por un campo recién arado con un cesto de huevos sin que ninguno de ellos se rompiera por el camino.
El Citroën 2CV es uno de los modelos más importantes de la historia de la firma de los dos chevrones. Con más de 5 millones de unidades comercializadas en el mundo entero, el 2CV fue uno de esos modelos que democratizaron el coche, convirtiéndose en el automóvil del pueblo francés. Para conseguirlo, Citroën diseñó un vehículo sencillo, ágil y práctico, tanto que debía ser capaz de superar un reto con un cesto de huevos que muy pocos modelos serían capaces de completar.
La historia de la cesta de huevos es una de las mejores formas de entender qué quería conseguir Citroën con el 2CV. El origen del modelo se encuentra en el proyecto T.P.V., siglas de ‘Très Petite Voiture’ o ‘Toute Petite Voiture’, un automóvil que Pierre-Jules Boulanger, entonces máximo responsable de la compañía, comenzó a definir durante la segunda mitad de la década de 1930 cómo debía ser el coche que usaría la población rural francesa.
El origen del mito del cesto de huevos y el Citroën 2CV

Entre los requisitos fijados por Citroën para el desarrollo del proyecto TPV figura que el 2CV debía contar con un interior con cuatro plazas, capacidad para transportar 50 kilos de carga, tracción delantera, un consumo máximo de 3 litros a los 100 kilómetros y ser lo suficientemente sencillo como para que pudiera conducirlo una persona sin experiencia.
A esta lista se añadió una condición todavía más peculiar, requisito que acabaría convirtiéndose en uno de los más famosos de la historia del Citroën 2CV. El coche tenía que ser capaz de atravesar un campo recién arado transportando una cesta de huevos sin que ninguno de ellos se rompiera por el camino.
El porqué de esta decisión radica en el hecho de que el 2CV era un vehículo pensado para el pueblo francés. Esto significaba que tenía que ser pequeño, práctico y económico, además de ágil y cómodo tanto en la ciudad como en las carreteras de la época, sin olvidarnos del ámbito rural, donde la mayor parte de la población de Francia vivía en la época.
Por ese motivo, Citroën equipó al 2CV con una suspensión diseñada para absorber las irregularidades del terreno y mantener estable la carga, incluso circulando fuera del asfalto. Aquí es precisamente donde nace el reto del cesto de huevos, un mito que en Top Gear pusieron a prueba hace ya más de 8 años.
Top Gear completó el desafío en 2018
El programa de la BBC, que entonces estaba presentado por Chris Harris, Matt LeBlanc y Rory Reid. Para este desafío, Harris y LeBlanc viajaron hacia una zona rural del Reino Unido con un Citroën 2CV de las primeras series.
El objetivo, además de probar el coche y darlo a conocer a todos aquellos que no tuvieron la oportunidad de verlo por la calle, era comprobar si el requisito impuesto por Citroën en el desarrollo del 2CV realmente se cumplía y, sobre todo, si era posible superarlo a pesar de las dificultades que entrañaba.
Esto no impidió a los ya ex presentadores de Top Gear subirse al 2CV con un enorme cesto lleno de huevos y conducir hacia un campo. Y el pequeño utilitario francés no solo circuló fuera del asfalto que sin quedar atascado a pesar de contar con una potencia de solo 12 CV cortesía de un motor A53 bóxer bicilíndrico de 425 cc, sino que la suspensión logró absorber todas las irregularidades impidiendo que los huevos se rompieran.
Evidentemente, el objetivo del programa británico nunca ha sido ofrecer pruebas de coches de gran valor y criterio, por lo que el caos no tardó en llegar. El cesto se llenó hasta rebosar con huevos, por lo que los movimientos bruscos con el volante a gran velocidad acabaron por desestabilizar la montaña y los primeros huevos cayeron del cesto. El resto del vídeo es una guerra entre Chris Harris y Matt LeBlanc intentando romper todos los huevos antes de terminar la prueba.
No obstante, resulta llamativo el hecho de que los ingenieros de Citroën fueran capaces de desarrollar un vehículo con una configuración de suspensión capaz de superar una prueba tan complicada.
Porque no debemos olvidarnos de que el 2CV se desarrolló a finales de la década de 1930. De hecho, su presentación estaba programada para el Salón del Automóvil de París de 1939, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial impidió que el evento se celebrara y el debut del pequeño coche del pueblo francés se retrasó hasta 1948.
El Citroën 2CV permaneció finalmente en activo hasta 1990, cuando la última unidad salió de la línea de montaje tras haber ensamblado 5.114.969 unidades. Ahora, Citroën va a traer de vuelta el 2CV convertido en un coche eléctrico asequible y, esta vez sí, será en el Salón del Automóvil de París 2026 donde se dará oficialmente a conocer.
