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McLaren MP4/1, el mensajero del futuro

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La tecnología del carbono aportó ingentes mejoras en rendimiento y seguridad a la Fórmula 1. El McLaren MP4/1, hace ya un cuarto de siglo, abrió el camino hacia una nueva era

El McLaren MP4/1 fue el coche que introdujo a la Fórmula 1 en la era espacial. Cuando en la gélida mañana del 6 de marzo de 1981, McLaren presentó su nuevo monoplaza en el circuito de Silverstone a un expectante grupo de periodistas, un viento de cambio comenzó a soplar con fuerza. A simple vista, ese coche, el McLaren MP4/1, parecía convencional. Pero bajo su carrocería roja y blanca se ocultaba el primer monocasco construido enteramente en fibra de carbono: una revolución que cambiaría para siempre la concepción de los monoplazas de carreras y llevaría el concepto de seguridad de los pilotos a un estadio nunca antes soñado.

Aquella mañana no sólo nacía una nueva era en el diseño. También se materializaba la refundación de un equipo antaño glorioso pero que, tras el título logrado por James Hunt en 1976, había entrado en una espiral de decadente mediocridad que alcanzó su cénit en 1980: 11 miserables puntos en el campeonato y la frustración de comprobar cómo el modelo M30 se revelaba aún peor que el ya desastroso M29 que había comenzado la temporada. McLaren pedía socorro a gritos.

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Ron Dennis no siempre viajó en jet privado ni presidió el imperio multimillonario que es hoy McLaren. De hecho, sus comienzos fueron de lo más humilde: con tan sólo 18 años, fue mecánico del futuro campeón Jochen Rindt en la escudería Cooper (donde, además de manejar herramientas, no era extraño verle sirviendo el té o fregando los suelos). De allí pasó a Brabham, donde conoció a Neil Trundle. Juntos, en 1972, crearon Rondel Racing, equipo que compitió en Fórmula 2 como paso previo a la máxima categoría. Llegaron a encargar la construcción de un monoplaza, pero la retirada de un patrocinador dio al traste con el plan.

Dennis y sus diferentes proyectos siguieron compitiendo en Fórmula 2 y Fórmula 3, pero la Fórmula 1 seguía siendo su meta. Las piezas encajaron en 1980. Phillip Morris, patrocinador de McLaren, se estaba cansando de la falta de resultados. Casualmente, la tabaquera financiaba también al Project 4 de Dennis, que cazó la oportunidad al vuelo: con el proyecto del McLaren MP4/1 (obra del sudafricano John Barnard) en las manos, propuso la fusión de ambas estructuras, sin medias tintas. “Les dije que seguir patrocinando a McLaren era perder el tiempo. Pero también sabía que tenían mucho invertido allí, así que la única solución era crear una joint venture”.

El plan salió adelante, y en septiembre de ese año nacía McLaren International. Pero aún quedaba lo más difícil: construir el coche. Dennis recuerda así aquellos primeros días: “Fue un riesgo calculado. Yo había procurado la financiación, y John Barnard aportaba su conocimiento y su prestigio. La idea de usar el carbono como estructura principal de un monoplaza era enteramente suya, fue él quien supo apreciar las posibilidades de un material que era tres veces más resistente que todo lo que existía entonces, pero lo cierto es que ninguno sabíamos cómo íbamos a poder construir el coche”.

Y es que ninguna compañía en el viejo continente disponía de los medios y la tecnología necesaria. Así, Dennis y Barnard tuvieron que recurrir a Hercules, empresa dedicada a la industria aeroespacial y militar con sede en Salt Lake City (EE.UU.)

Mientras que para fabricar un monocasco de aluminio eran necesarias hasta cincuenta piezas, el del McLaren MP4/1 estaba compuesto por sólo cinco. El secreto de su enorme resistencia residía en su capacidad de absorber las fuerzas producidas en un impacto: al contrario que el aluminio, el carbono no se retorcía ni se deformaba, ya que las cargas se disipaban longitudinalmente por las fibras, y la relación rigidez/peso era mucho mayor.

No faltaron voces escépticas y agoreras que pusieron en duda la resistencia del chasis. Pero a lo largo de la temporada se demostró lo contrario. Gracias, sobre todo, a Andrea de Cesaris, que puso a prueba la solidez del conjunto con sus múltiples salidas de pista. Aún hoy a Ron Dennis se le tuerce el gesto si se le menciona al italiano, con buen motivo: “Nos preocupaban mucho las posibles reparaciones, porque no teníamos conocimientos previos de cómo reparar el carbono; aunque, mirando hacia atrás, lo cierto es que aquel chasis demostró ser sólido como un tanque”.

Bien lo sabe John Watson, que pocas semanas después de lograr en Silverstone la primera victoria del coche, salió ileso de un tremendo accidente en Monza. “Gracias a Dios, el diseño demostró ser a prueba de balas. Barnard y su equipo tuvieron una visión increíble: sabían perfectamente qué iban a obtener de los nuevos materiales”, comenta el ex piloto británico.

En sus tres años en activo, el McLaren MP4/1 se impuso en seis grandes premios, y su corazón de carbono siguió siendo la base del MP4/2 que, con su motor turbo TAG-Porsche, protagonizó la primera edad de oro de la refundada escudería. Pero su relevancia va mucho más allá de los éxitos deportivos: en poco tiempo, todos los equipos siguieron el camino marcado por McLaren para fabricar sus coches. Y lo principal: contribuyó a salvar muchas vidas. En palabras de Ron Dennis, “detrás de las enormes mejoras en las medidas de seguridad de las que disfrutan hoy los pilotos, está la labor de pionero de John Barnard”.

Una dinastía de triunfadores

MP4/1B. La primera evolución del coche muestra su potencial en 1982, último año de los coches con efecto suelo, marcado por las muertes de Villeneuve y Paletti y el gravísimo accidente de Pironi. Lauda (en la imagen) y Watson ganan dos carreras cada uno, pero Rosberg (Williams) es más regular y se lleva el título con sólo un triunfo. Watson es tercero, a cinco puntos. La misma diferencia separa a McLaren del título de constructotes, que se lleva Ferrari.

MP4/1C. 1983: comienza la era de los coches con fondo plano. Watson (foto) y Lauda hacen doblete en Long Beach tras partir ¡22º y 23º! Es un espejismo: en el apogeo del turbo, McLaren todavía usa el Cosworth atmosférico a la espera del TAG-Porsche, que sólo llegará a finales de la temporada. Barnard sigue innovando: para mejorar el flujo de aire en el tren trasero, crea la carrocería en forma de “botella de coca-cola”, todavía presente hoy en todo tipo de monoplazas.

MP4/2. El primer McLaren turbo (cuyo monocasco es, en esencia, el mismo de su antecesor) marca la pauta en sus tres temporadas en activo: en 1984, Prost (foto) gana siete carreras, pero pierde el mundial por medio punto frente a Lauda, que se impone en cinco. El francés se resarce cumplidamente con títulos consecutivos en 1985 y 1986, y aún ganará tres carreras en 1987 con el MP4/3, último descendiente directo del “primogénito”.

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