En los coches eléctricos, no es solo la potencia de carga, sino el tiempo que se mantenga

Una persona recargando la batería de su PHEV

Durante el proceso de carga de la batería de un coche eléctrico, no solo importa la potencia máxima, sino también el tiempo que el sistema es capaz de mantenerla.

Existe cierto debate alrededor del proceso de carga de la batería en los coches eléctricos. Hay quienes argumentan que es el principal talón de Aquiles de esta tecnología, junto a la autonomía, y también quienes aseguran que es una cuestión de planificación y una correcta gestión. Sin embargo, pocos hablan de lo verdaderamente importante: no se trata de potencia de carga, sino del tiempo que la mantiene.

La recarga de una batería es un trámite que puede llevar desde unos pocos minutos hasta varias horas, e incluso supera el día de duración en los coches que tienen baterías de gran capacidad energética y se conectan a enchufes domésticos.

La carga de la batería no es estable durante todo el proceso

Los fabricantes de coches llevan tiempo trabajando para que esos tiempos sean lo más cortos posibles. Para ello, han diseñado sistemas que permiten carga rápida en corriente continua, que es el tipo de recarga que asegura alcanzar el 80% del nivel de batería en 20 o 30 minutos, dependiendo del modelo.

Más allá de ese 80% ya es otra cuestión. Lo mismo ocurre cuando el nivel de la batería se encuentra por debajo del 20%. Podemos definir estos intervalos (0-20% y 80-100%) como los que más tiempo consumen en el proceso de recarga. Y la razón no es otra que el hecho de que la carga no tiene la misma potencia durante todo el proceso.

Esto es algo claramente notorio, especialmente cuando se quiere completar la carga al 100%. Se puede comprobar que el cargador ofrece la máxima potencia admitida por el vehículo, pero al pasar de ese 80%, la potencia se reduce drásticamente, lo que incrementa el tiempo necesario para llegar a llenar la batería por completo.

Son varias las razones que justifican este efecto. Uno tiene que ver con la reducción de la potencia de carga con el objetivo de reducir el estrés al que están sometidas las celdas de la batería, al igual que el calor generado durante la carga rápida.

Al mismo tiempo, los sistemas del coche se protegen para evitar que el ánodo se sature y deposite litio metálico, un fenómeno que reduce la capacidad de la batería y puede causar cortocircuitos. De este modo se protege la batería frente a la degradación, al mismo tiempo que una potencia de carga más baja ayuda a nivelar el voltaje a medida que se aproxima el final de la recarga.

No solo es importante la potencia de carga, también lo es la curva

Ahora bien, en los últimos años habrás oído hablar en más de una ocasión de potencias de carga en corriente continua cada vez mayores. Ya hay coches que admiten hasta 350 kW de potencia, lo que significa que pueden cargar su batería en cuestión de minutos, o añadir una gran dosis de autonomía en muy poco tiempo, lo que lo hace perfecto en paradas breves durante un viaje por carretera.

Estos son avances importantes para la tecnología del vehículo eléctrico, pero no todo es de color de rosa. El proceso de carga experimenta una curva, como ya hemos explicado unos párrafos más arriba. Tanto el comienzo como el final de la capacidad de la batería, la carga se ralentiza, alcanzando su pico máximo en el 60% restante que hay entre el 20% y el 80% del nivel de batería.

La clave en todo esto es que el sistema de carga de la batería del vehículo enchufable sea lo suficientemente eficiente como para mantener el máximo de la potencia de recarga admitida durante ese 60%. Y esto es algo de lo que no todos los coches del mercado presumen.

De hecho, muchos son los modelos que se ven seriamente afectados cuando se trata de estabilidad en la potencia de carga. Hay vehículos que solo alcanzan su máxima potencia en momentos puntuales, mientras que el resto del tiempo los kW a los que se está cargando son inferiores a los que teóricamente admite.

Por lo tanto, una curva de carga muy pronunciada significa que la carga rápida no es eficiente, ya que solo alcanza su máxima potencia en un momento determinado. Por el contrario, una curva mucho más estable, casi plana, significa que es capaz de mantener esa potencia de carga durante más tiempo. Y lo ideal aquí es que la potencia no solo sea estable, sino que sea al máximo admitido por el coche.

Este es un factor que solo debería preocuparte cuando hagas uso de cargadores rápidos. Durante la carga doméstica, donde la potencia es muy inferior, es fácil que el sistema admita el máximo suministrado por la red durante casi todo el proceso de carga de la batería del coche.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España